The Residence Mauritius. Isla Mauricio

Enfrentado a un océano turquesa capaz de curar el estrés más intratable, The Residence asegura una buena dosis de cosquillas en el alma de cualquier viajero que se acerque hasta Belle Mare. Esta joya colonial, engarzada en la mejor playa de Mauricio, nos abre sus puertas para que, al menos por esta noche, podamos soñar con el Paraíso.

Una de las recompensas que lleva implícita cualquier viaje a Isla Mauricio es la cara que pone tu jefe cuando le dices dónde piensas pasar los próximos siete días. Como decía aquel anuncio, es algo que no tiene precio. No así el viaje mismo, que por supuesto lleva aparejado un buen desembolso de euros, aunque tampoco resulta tan abultado si lo comparamos con lo que suele costar, de media, una semanita en cualquier hotel de ensueño de otros destinos similares como Seychelles o Maldivas. Además, si el destino final es un hotel como The Residence, les aseguro que darán por muy bien empleados los mortadelos que dejen de brillar en su cuenta corriente como consecuencia de haberse dado este caprichazo.

Mauricio es conocida en los mentideros turísticos como “la sonrisa del Índico”, un sobrenombre que se le atribuye por el carácter afable y acogedor de sus habitantes, y que se manifiesta de forma aún más patente con los visitantes extranjeros. De hecho, no se extrañen lo más mínimo si en cualquier playa se encuentran de repente rodeados por jóvenes locales interesadísimos en saber cómo se llama, de dónde es, cuánto tiempo se quedará en la isla y qué piensa hacer al día siguiente. Es sólo el preludio de una invitación en toda regla para tomar un té de vainilla en la casa familiar, o para darle un tour gratuito por los mejores rincones de Mauricio.Pero, a pesar de que el carácter abierto de estos isleños es una absoluta certeza y de que Mauricio es un destino perfecto para hacer un sinfín de excursiones, si uno tiene pensado alojarse en este magnífico hotel lo mejor es planificar pocas salidas al exterior.

Un recibimiento de lujo: The Residence Mauritius. Isla Mauricio

Dice mucho a favor de este hotel el hecho de que, con tan sólo 11 años de vida, se haya convertido en una de las joyas del panorama hotelero mundial, aunque desde dentro resulta fácil comprender el por qué de ese éxito fulminante. La sensación de estar realmente de vacaciones llega antes incluso de cruzar la entrada. Apenas te has bajado del taxi, y ya te esperan en la escalera de madera que da acceso al hotel con una toalla fresca y perfumada con lima, un delicioso zumo de frutas y, por supuesto, con la mejory más sincera de las sonrisas. Y no es palabrería barata. Créanme, esa amabilidad sincera se percibe sin trazas de hipocresía lo mismo en el director del hotel que en el más novato de los camareros.

Ya mientras uno hace el check in, la brisa suave del Índico –que se divisa a escasos cien metros de la recepción– ayuda a que la bienvenida sea completa. Después de descansar un rato en el espectacular lobby del hotel –un inmenso espacio abierto decorado con maderas talladas, plantas y cómodos sofás– un miembro del staff te acompaña hasta tu habitación, no sin antes haberse cerciorado de que no prefieres realizar un breve recorrido por las instalaciones para que puedas sacarle todo el partido al hotel desde el primer minuto. Una vez en el cuarto, las explicaciones derigor –cómo funciona todo, dónde tienes información sobre los servicios disponibles, dónde se ubican los restaurantes, el spa, el gimnasio, la sala de Internet, etc.–, siempre con modales propios de una educación casi británica, pero a la vez empapada de esa calidez incontrolable con la que nacen los habitantes de la isla. Apenas cinco minutos después –salvo que uno requiera más tiempo para hacerse con la habitación–, otra sonrisa como una tajada de melón y todo está listo para empezar a disfrutar de tu estancia.

El hechizo del Índico

La pequeña población de Belle Mare, en la costa este de Mauricio, alberga la que para muchos es la mejor playa de la isla. Casi un kilómetro de finísima arena blanca, arrastrada hasta aquí por las olas durante siglos desde el arrecife, que sólo encuentra límites en los palmerales por un lado y en las aguas turquesa del Índico por el otro. Y es precisamente en el corazón de esa playa donde se ubican las instalaciones de The Residence. Así no resulta extraño que al poco de haber desembarcado en el hotel se encuentre uno ya, y casi sin darse cuenta, enfundándose el bañador y dando un paseo hasta el mar. Una preciosa laguna cuyas aguas, protegidas de los embates del océano por un alargado arrecife de coral, resultan tranquilas y perfectas para nadar o bucear.

O si lo prefieren, disfrutarlas mediante un inolvidable paseo a pie bajo el mar, al más puro estilo “20.000 leguas de viaje submarino” –escafandra incluida–, que se puede contratar en la misma playa y que permite admirar sin necesidad de tener título alguno la colorida vida submarina. La espectacular playa del hotel es una de las pocas que en la isla cuentan con una enorme extensión de arena en perfectas condiciones.

Tanto es así que, los domingos, son muchos los habitantes de las poblaciones cercanas que llegan hasta aquí vestidos como si vinieran de una boda, sólo para pasear descalzos por la arena y remojarse los pies. Entonces los omnipresentes colores blanco y azul del entorno se adornan con los vivos saris que llevan las mujeres, y un espectáculo inesperado se desata ante tus ojos. El resto de los días la playa permanece ocupada casi exclusivamente por los huéspedes del hotel, que se debaten entre las terribles disyuntivas propias de las vacaciones. ¿Bañarse en el mar turquesa y cristalino o leer tranquilamente bajo la sombrilla? ¿Hacerle arrumacos a la pareja o pedir un cóctel al camarero? ¿Bucear o hacer sudokus? ¿Un ratito de parasailing para disfrutar de la vista desde el cielo o mejor contratamos una excursión a una islita desierta con picnic en la playa incluido? Las opciones son casi interminables, pero no se preocupen. Aquí hay tiempo par a todo, y no es necesario advertirles que no tengan prisa por nada. Les advierto, eso sí, que la playa y el Índico tienen un poder de atracción casi gravitatorio, hasta el punto de que no será hasta el segundo o tercer día de su estancia cuando se den cuenta de que también tienen a su alcance una piscina maravillosa. Y tres restaurantes, dos bares, un gimnasio, una coqueta galería comercial, un spa maravilloso y, por supuesto, toda una isla por descubrir si les apetece.

Sabores del mundo

La gastronomía es también un punto fuerte del hotel. En su restaurante principal, The Dinning Room, los días comienzan con un espectacular bufé de frutas tropicales, quesos, embutidos, cereales, yogures, zumos, y por supuesto platos preparados al momento por cocineros locales. Desde una tortilla con ingredientes elegidos a la carta hasta gofres y crépes recién hechos, según el día. Todo acompañado siempre, claro está, por un exquisito café o por el típico té de vainilla de la isla –si lo toman con el azúcar de caña local, les sabrá mucho más rico–. A mediodía las opciones pasan por The Verandah –ubicado junto a la piscina y con estupendas vistas al mar–, The Gourmet Kiosque –para los que quieran tomar algo dulce un poco más tarde, a partir de las 15 h– y The Plantation.

Es en este último donde la experiencia gastronómica saca la mejor nota. A la hora de la cena, este coqueto restaurante abierto al mar se viste de gala para ofrecer suntuosos bufés temáticos y un exquisito menú a la carta. Mención especial merecen los mariscos y pescados, de una calidad y variedad excepcionales, y las parrillas que te permiten degustar tus alimentos preferidos- langostinos, cangrejo, pescado, carne…– recién sacados de las brasas. El bufé recoge a lo largo de la semana recetas de las cocinas árabe, china, mediterránea, india, japonesa, francesa y –claro está– criolla, y las cenas se amenizan algunos días con pequeños espectáculos de música y baile en directo –hay uno con raíces africanas que es estupendo–. El servicio es excelente en cualquier restaurante y a cualquier hora del día, así que lo mejor es probarlo todo un poquito. Y siempre queda la opción de pedir la cena en tu habitación, donde se puede degustar en la fresca terraza exterior, junto a los jardines.

The Sanctuary

El nombre no puede estar mejor elegido. El Santuario es un espacio de seiscientos metros cuadrados en el que se deparan los mejores cuidados para el cuerpo y el espíritu. Más allá de los masajes y tratamientos habituales –reflexología, drenaje linfático, envolturas, masajes exfoliantes, etc.–, The Sanctuary ofrece una amplia variedad de actividades saludables como Thai Chi, Pilates, Yoga, meditación o el Serenity Walk, un paseo guiado a orillas del mar que incluye gimnasia respiratoria, estiramientos y ejercicios tonificantes. Pero sin lugar a duda las grandes estrellas de este templo de la salud son el método Ytsara y los exclusivos tratamientos de La Prairie.

Ytsara, que significa “libertad” en tailandés, unifica los beneficios de la aromaterapia y los conocimientos etno-biológicos en un método holístico de salud y belleza inspirado en las virtudes terapéuticas de ancestrales técnicas y remedios asiáticos. Dicho así parece algo muy complejo, pero créanme: después de recibir cualquiera de los dos masajes Ytsara que ofrece The Sanctuary,

Akhasa y Samunprai, uno piensa, hablando en plata, “que vivan los conocimientos etno-biológicos, Tailandia y la aromaterapia”.Por otro lado, la firma suiza La Prairie tiene en The Residence uno de sus spas ubicados en lujosos hoteles de todo el mundo.

The Art of Beauty está especializado en tratamientos para aliviar el estrés, y sus técnicas y productos exclusivos –uno de los más exóticos es el masaje de cuerpo y cara a base de caviar– funcionan quizás mejor en este entorno que, ya de por sí, potencia la relajación y minimiza el estrés hasta acabar con sus síntomas más leves. Pero si a pesar de ello aún sienten algún coletazo de tensión o ansiedad, pueden recurrir a los programas específicos de varios días de duración diseñados por los profesionales de The Sanctuary.

Pensados para ofrecer un tratamiento más prolongado en el tiempo son capaces de desterrar de nuestro ser hasta los vestigios más persistentes de preocupación o intranquilidad.

Niños sí, gracias

Cada vez son más los hoteles de lujo que crean espacios y actividades especialmente diseñados para los más peques, de modo que los papis puedan llevarse a sus hijos de vacaciones pero, al mismo tiempo, disfrutar de merecidos momentos de intimidad y de calma.

The Residence no es una excepción, y continuando su tradición colonial ha creado su propio club infantil, The Planter’s Kid´s Club, en un entorno de 400 m2 cerca del mar que recuerda a las antiguas plantaciones de caña de azúcar. Personal especializado se ocupa de chicos de entre tres y doce años, proponiéndoles multitud de actividades formativas y recreativas –además de excursiones, deportes y todas las comidas del día, adaptadas a las diferentes edades– que los mantienen entretenidos durante la jornada.

Y volver, volver, volver…

Después de haber pasado unos días en este refugio selecto y delicioso, cualquier tiempo futuro será mucho peor, pero la experiencia que proporciona este hotel tiene efectos que se prolongan en el tiempo. Bastará con mirar algunas fotografías para volver a volar de nuevo, aunque sólo sea con la imaginación, hasta esta preciosa costa oriental de Mauricio. Y durante algunos meses, eso bastará para volver a sentir las caricias de la brisa del Índico, para volver a aquellas aguas de orfebre en las que el tiempo adquiere una dimensión diferente, o para olvidarse del ruido cotidiano. Y ya saben. Cuando el recuerdo no dé más de sí y sus efectos empiecen a flaquear, sólo tienen que coger un avión y prepararse para recibir, una vez más, la sonrisa más amplia y sincera del Índico.

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