Bvlgari Bali. De aquí a la eternidad

Si ya de por sí Bali es una isla de ensueño, el exquisito refugio que Bulgari ha levantado en la península de Bukit es capaz de enloquecer al más soñador. No se me ocurre mejor manera de rozar la eternidad en la isla de los dioses que disfrutar de un lujo sin límites, en un marco perfecto y estando abanderado por el amor, porque el Bulgari Bali está pensado para mimar a sus huéspedes de dos en dos.

Está de moda. Y no me refiero sólo al Bulgari Resort Bali, sino a esa costumbre que de un tiempo acá está llevando a consagradas firmas de moda a saciar su creatividad en otros mundos como el de la hostelería. Salvatore Ferragamo en sus cuatro hoteles de Florencia, Donatella Versace en Australia y próximamente Armani en Dubai –tiene catorce hoteles en proyecto–, han llevado su arte más allá de la alta costura para deleite del que adora el diseño, los viajes y el buen vivir. Y, por supuesto, no podríamos obviar a la centenaria joyería greco-italiana Bulgari que protagoniza nuestro reportaje. A diferencia del entorno urbano por el que optó Ferragamo, de la especie de Cancún a la australiana que sirve de base al moderno rococó del Palazzo Versace, o del Burj Dubai futurista donde el rey de la elegancia italiana presentará su versión de alojamiento, la carrera hotelera de la firma Bulgari se distingue por buscar localizaciones únicas y, por tanto, exclusivas. Si ya inauguró su trayecto en el mundillo con un oasis de tranquilidad inmerso en la sofisticada Montenapoleone milanesa –que desde 2004, no ha hecho sino recibir elogios y despedir a clientes satisfechos–, desde 2006 lo hace desde lo alto de un acantilado, combinando su sexto sentido para el lujo con el arrollador encanto de la isla de Bali.

 

DELICIOSA BALI

 

La firma italiana reinterpreta ahora su conocida palabra joya en un magnífico resort ubicado en uno de los extremos de la península de Bukit, con 160 metros de piedra bajo su suelo y un horizonte de quitar el hipo. La península que sirvió de coto de caza a las familias reales balinesas, es actualmente enclave de exquisitos refugios turísticos que comparten su privilegiado entorno con el Pura Luhur Ulutawu, uno de los templos más venerados de Indonesia, excavado en la misma piedra del acantilado y con más de 1.000 años de antigüedad. Desde allí se disfruta una de las experiencias mágicas del destino cuando, en días claros, la puesta de sol dibuja a más de 60 km el horizonte de Java, impregnándolo de tonos dorados. Algo que sólo se puede comparar a la sensación que hace vibrar a los amantes del surf sobre una de las increíbles olas que rompen en esta costa, y que muchos consagrados profesionales aprovechan para preparar sus competiciones.

 

Los portugueses intentaron rozar este paraíso en el siglo XVI, encayando en los  arrecifes de coral que rodean la península y naufragando sin poder contarlo. Doce años más tarde, el holandés Cornelius de Houtman lograba la hazaña y ofrecía el primer relato occidental de Bali, donde su descripción de la riqueza divina de Dewa Agung, con centenares de esposas y millares de seguidores, daba lugar a la fascinación europea que hasta hoy se siente por la isla. No fue hasta la década de los 30 cuando la península se empezó a dotar de una infraestructura turística, y hasta los 70 no estuvo realmente preparada para recibir alviajero de lujo. Ya en los 90 el litoral meridional empezó a salpicarse de propiedades privadas millonarias que refugiaban a famosos y ricos, convirtiéndose también en paraíso para todo aquel que pudiera permitírselo. En fin, que tenemos aquí reunidos un marco natural perfecto, una de las cumbres del surfing, la excusa para la escapada ideal y, gracias a Bulgari, un sensacional refugio donde soñar… y luego poder contarlo.

 

ASIA MADE IN ITALY

 

Desarrollado magistralmente por el estudio de arquitectos de Antonio Citterio –ha diseñado también el hotel de Milán y trabajado con Ralph Lauren o Versace–, el complejo combina de manera insuperable una interpretación contemporánea del diseño balinés tradicional con el impecable estilo italiano de Bulgari. El resultado no es otro que uno de los mejores refugios que cuenta hoy día la exótica isla asiática. Gracias, como es menester, a una excelente puesta en común de elementos materiales e inmateriales que no ha escatimado en detalles. Las paredes interiores y los jardines están revestidos con lava natural y piedra de palimanan, las villas cuentan con madera noble de bangkiray y las duchas exteriores, baños y piscinas con piedra natural subakumi verde. El mobiliario y los detalles decorativos –entre los que se contabiliza una colección de más de 90 piezas de antigüedades balinesas–, como la cristalería, la cubertería o los tejidos, han sido diseñados y manufacturados por artistas locales. Y un equipo de 250 empleados, coordinados por Robert Lagerwey, se encarga de dotar al Bulgari Resort de ese servicio intangible que intenta adelantarse a cualquier deseo con figuras como el conserje de ocio –organizan variadas actividades y excursiones a la carta– o los mayordomos banjar, símbolos de la hospitalidad indonesia.

 

PARAÍSO ENTRE PAREDES

 

Las delicias del Bulgari comienzan en sus villas, un conjunto de 59 casitas individuales donde existen varias opciones en cuanto a vistas y número de dormitorios, y donde la joya de la corona es la Villa Bulgari, reservada sólo a aquellos que puedan consentirse sus 1.300 m2, cuatro dormitorios, dos salones, cocina y su enorme piscina de 20 metros de longitud. Cada una de las villas, perfectamente delimitada para preservar una intimidad que se disfruta mejor en pareja, divide su espacio en dos zonas exactamente iguales: una reservada al dormitorio acristalado, y otra ocupada por el baño, rodeado también de paneles de vidrio que dan a un jardín tapiado, y que bien podría hacer las veces de sala de estar con su coqueto escritorio y sillón. Cada villa dispone de un salón al aire libre con increíbles vistas, de una pequeña piscina y de la mejor tecnología de Bang & Olufsen, con TV de pantalla plana y reproductor de DVD en el dormitorio y de CD en el baño. Todo está pensado para quienes ni siquiera se planteen salir de la estancia… aunque cualquier rincón del hotel es merecedor de una visita. Tanto los restaurantes –Sangkar es una auténtica obra de arte, donde destaca la pieza del artista balinés Made Wianta–, como el Spa –no hay que perderse el Doble Lulur Real, ritual tradicional realizado por cuatro terapeutas sincronizados para dos clientes–, pasando por cualquiera de los bares –su caipiroska de fresa es de las mejores que se puedan probar–, el impresionante templo hindú presidido por una estatua de Ganesh, el kilómetro y medio de playa al que se accede en un ascensor que atraviesa el acantilado, o los sillones de diseño que, dispuestos frente al horizonte, deparanrománticos atardeceres para disfrutar en pareja y rozar la eternidad.

 

 

 

CÓMO LLEGAR

 

La manera más económica de llegar a Bali es optar por un vuelo de Singapore Airlines (www. SingaporeAir.com) o Malaysia Airlines (www.MalaysiaAirlines.com), que conectan Madrid y Barcelona con el aeropuerto de Depansar, con escalas en Changi y Kuala Lumpur respectivamente. Otra opción es volar a Yakarta, capital de Indonesia, y tomar allí un vuelo doméstico hasta Bali con, por ejemplo, Garuda Indonesia Airlines (www.Garuda-Indonesia.com), siempre teniendo en cuenta que la UE considera las aerolíneas indonesias poco seguras. El hotel dispone de transfer desde y hasta el aeropuerto previo pago, cuyo coste está en función del vehículo escogido, entre los que está, por supuesto, la limusina.

 

ALOJAMIENTO Y PRECIOS

 

Las 59 villas que conforman el Bulgari Resort Bali incluyen tres con dos habitaciones y la Villa Bulgari, que dispone de cuatro dormitorios. Los precios van desde los 800€ por noche de la villa con vistas al océano, los 900€ de la villa con vistas al acantilado, los 1.300€ que cuesta la villa de dos habitaciones, hasta los más de 3.500 de la Villa Bulgari.

 

RESTAURANTES

 

La gastronomía del resort presta especial atención a la tradición italiana, y muestra claras influencias locales. Il Ristorante, abierto sólo para cenar, presenta una cocina creativa italiana en la que el chef Michelle Dell’Aquila utiliza ingredientes orgánicos locales –risotto al azafrán con cinco especias balinesas o lubina rayada ahumada con cilantro, menta y chutney de patata–, y dispone además de una excelente bodega devinos italianos. El restaurante Sangkar está situado en un increíble emplazamiento, al borde del acantilado. Su cocina, interpretada por Andre Skinner, combina recetas regionales con modernas técnicas culinarias. Incluye platillos indonesiospopulares, como el ayam bakar taliwang –cría de pollo con tamarindo y ajo en salsa picante Sumbawa–, que varían en función de los productos orgánicos de temporada. La lista de vinos cuenta con bebidas locales como Arak Madu y Bream Colada. El Sangkar dispone de una carta infantil con siete propuestas y en él se sirve el desayuno, que es a la carta. La oferta gastronómica del hotel se completa con las opciones ligeras del Salón-Bar, el Poolside Bar y el Beach Club.

 

SPA

 

La filosofía de la estación termal del Bulgari Resort está basada en las costumbres y técnicas asiáticas tradicionales. Dispone de seis salas de tratamiento, dos pabellones ajardinados, circuitos de agua de lluvia, saunas, piscinas… y utiliza productos E’SPA. La carta incluye los rituales balinés y ayurvédico, un amplio abanico de terapias –yoga, aromaterapia…–, tratamientos faciales, envolturas y masajes.

 

 

Bulgari Resort Bali

Jalan Goa Lempeh

Banjar Dinas Kangin, Uluwatu

Bali 80364. Indonesia

Tel.: +62 361 847 1000

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