Londres, la vuelta al mundo en un día

londres-4Phileas Fogg, acompañado por su inseparable Jean Passepartout, dio la vuelta al mundo en exactamente los 80 días que predijo, arriesgando su fortuna y su buen nombre en ello. Durante veinticuatro horas y en una sola ciudad, Londres, es posible escuchar las lenguas, observar las etnias e impregnarse de muchas de las culturas que Fogg disfrutó en su recorrido por el mundo entero.

La capital milenaria del Reino Unido cuenta con una fecunda historia. Desde que la fundaron los romanos en el año 43 d.C. con el nombre de Londinium, pasando por aquellos tiempos en que la City era el único centro de actividades de la ciudad y medía apenas una milla cuadrada, hasta ahora –que cuenta con unos 13 millones de habitantes en el área metropolitana–, por Londres ha pasado de todo. Y por “todo” se entiende una ciudad que ha sido precursora de moda, música, literatura y teatro. Marcadora de tendencias… desde 1960 fue la capital del Rock gracias a los Beatles y a los Rolling Stones.

 

Líder de proyectos revolucionarios como fue la creación de la minifalda por la diseñadora May Quant, también en los años 60, década en que la famosa  modelo Twiggy transformó el mundo de la moda de curvas voluptuosas a una delgadez extrema. El “estilo inglés” se ha mencionado refiriéndose a muebles, a forma de vestir, e incluso la forma de vivir, incluyendo en su menú cotidiano las costumbres de allende los mares que importó de sus muchas colonias y que le ha llevado a albergar más de trescientas lenguas de las múltiples etnias que cohabitan en la capital del Reino Unido.

 

Cine y literatura londinenses

londres-2

Sus personajes reales y ficticios han acompañado tardes de lectura, de televisión o de cine. ¿Cómo se puede hablar de Londres sin mencionar a Sherlock Holmes? Desde que Sir Arthur Conan Doyle dio vida a su personaje favorito, Sherlock Holmes, en la novela A Study in Scarlat (1887), el perspicaz detective y su compañero de piso del 221 B de Upper Baker Street, el Dr. Watson, formaron una pareja legendaria que ha desvelado secretos de ultratumba y ha desenmascarado asesinos, incorporando a la literatura objetos y costumbres de las colonias británicas. Holmes popularizó esa niebla –el famoso puré de guisantes– que le camuflaba embozado en su capa, con su lupa y con su pipa, colándose en las tardes de muchos hogares para darle un toque de aventura a la cotidianidad.

 

Mary Poppins mostraba las típicas casas inglesas alineadas y repletas de chimeneas por las que el deshollinador Dick Van Dyke vagaba a sus anchas, para encontrarse con su volátil amiga e insuflar de magia la dura realidad de una sociedad victoriana que tenía aburridos a sus infantes.

 

En aquella sociedad plagada de perjuicios y por lo tanto de vicios, a la fuerza tenía que surgir un movimiento como el de Bloomsbury. Nació en el primer tercio del siglo XX, acaudillado por la escritora Virginia Woolf y su hermana la pintora Vanessa Bell, y congregaba el sector social más bohemio del barrio de Bloomsbury, compuesto por pintores, escritores y críticos como Bertrand Russell, Gerald Brenan, E.M. Foster, Lytton Strache, Duncan Grant… unidos por su desprecio a la religión y a la moral victoriana.Hoy el barrio de Bloomsbury es una visita obligatoria por albergar el Museo Británico, la Universidad de Londres, y la casa de Charles Dickens.

 

 

Cada barrio, un mundo

Paralelamente al fenómeno “Bloomsbury” pero en la Ciudad de Westminster, alrededor de Gerrard Street brotaba el SohoChinatown como respuesta a las necesidades de los marineros chinos que frecuentaban los Docklands. Comida china, fumaderos de opio… un mundo oculto y atractivo que, aunque derruido por los bombardeos de la guerra, resurgió gracias a los emigrantes de Hong Kong que pusieron de moda su deliciosa y económica comida.

 

La retirada británica de la India selló la separación entre India y Pakistán; esa división es inexistente en South Hall Little India, llamada así por su gran concentración de habitantes de India y Pakistán. Allí se escucha esa mezcla de cantos hindúes con música pop occidental que ha dado origen a la famosa industria cinematográfica de Bollywood. En los escaparates de las tiendas las maniquíes de plástico lucen saris llenos de color y de dorados, y el aire huele al curry que preparan los muchos restaurantes –dicen que más que en Nueva Delhi– que abundan en esta zona de Londres. Famoso es el restaurante Brilliant, donde los hermanos Gulu y Kewal Annand –que comenzaron sirviendo comida a domicilio– regentan hoy uno de los establecimientos con más solera y buen nombre de esta parte de la City.

 

Notting Hill es un barrio chic donde vive la mayor cantidad de famosos por metro cuadrado de Londres. Ya en la época victoriana estaba lleno de tiendas de artesanos y librerías frecuentadas por una clase bohemia adinerada. En la primera mitad del siglo XX muchos emigrantes caribeños llegaron a la capital británica llenándola de música cálida y prendas de vivos colores, que vendían en el mercadillo de Notting Hill, Portobello, bautizado en honor a la ciudad caribeña de Puerto Bello, que el almirante Vernon conquistó en 1739.

 

De la mezcla multirracial de unos y otros nació el estilo vintage que llenó las tiendas de Notting Hill. A Portobello hay que ir especialmente los sábados, cuando se produce un asombroso despliegue de puestos de ropa, de antigüedades, de libros y de encanto.

 

Otro tipo de mercadillo es el de Candem Town, situado al noroeste de Charing Cross. En él se encuentra ropa alternativa, música, accesorios y puestos de comida universal. Los canales de Candem Locks y el de Regant rodean el mercado. Es muy placentero navegar en una gabarra por los canales por los que desde hace quinientos años discurre una parte de la vida londinense. Abordar en Candem Locks y llegar a Little Venice haciendo un alto en el camino en el zoo, para seguir navegando por el Regent Canal que conecta Grand Union Canal con London Docks, antiguo puerto de Londres. Y finalmente llegar a la parte norte de Regent Park, donde cazaba Enrique VIII.

londres-3

 

El tranporte londinense

 

El emblemático transporte de Londres de autobuses rojos, taxis negros y uno de los metros más antiguos del mundo, tiene un gran protagonismo en el discurrir de sus habitantes. Desde que salió a la circulación el primer autobús de dos pisos en 1956, sus formas redondeadas y su color rojo chillón se convirtieron en un símbolo de la ciudad, motivo de souvenirs, modelo para fotógrafos… el bus de Londres ha pasado por muchas variaciones de forma, motor y combustible. Ahora, en el año 2011, se acaba de probar el primer autobús impulsado exclusivamente por hidrógeno que libera vapor de agua. De los 8.500 buses de Londres, ocho serán de hidrógeno y circularán limpiamente sin ensuciar el cielo por las rutas más turísticas de la ciudad.

 

El taxi londinense es otro emblema tradicional de la ciudad que junto con los autobuses y las rojas cabinas telefónicas hacen de las calles de Londres lugares genuinamente distintos. Los taxis, aparte de caros, son cómodos, altos y anchos, tal como exige su acabado desde que fue diseñado en aquellos tiempos de noches en la ópera, damas con trajes largos y caballeros con sombrero de copa con el que tenían que entrar y salir del taxi sin quitárselo en ningún momento.

 

Pero realmente el transporte en el que se mueve Londres es el metro, el Underground, el Tube, uno de los más antiguos del mundo que, desde que entró en funcionamiento el 10 de enero de 1863, no ha dejado de transportar pasajeros de todas las lenguas y razas. Hoy acarrea una media de tres millones de personas al día a través de sus 274 estaciones. Es toda una experiencia pararse en la esquina de cualquier estación y observar la velocidad con que la población londinense camina hacia sus destinos bajo las entrañas de la ciudad. Una corriente contagiosa que arrastra a los pasajeros y deja de lado a todo aquel que no siga su frenético ritmo.

 

Pasear por Londres es dar la vuelta al mundo en mucho menos de 80 días. Incluso en uno se podría lograr. Entre una calle y otra se cruzan fronteras sin aduanas. En los sisha los inmigrantes de Oriente medio y el norte de África fumando tranquilamente sus cachimbas mientras observan el desfilar de la gente. No muy lejos, en Bayswater, se suceden los hoteles y albergues para con recursos limitados que Open Art Gallery, con las obras libre. Y en un par de zancadas Kensington, cerca de Notting Hill, los palacetes hoy albergan elegantes talleres de Jaguar, donde aquellos privilegiados que posean uno lo pueden llevar para su delicado mimo y Cambiando de barrio se cambia de mundo, de lengua y de cocina. Así sucede al entrar en Hammersmith, donde se observa gente alta, de ojos claros y rasgos suaves que sisean al hablar. Hemos entrado en la Polonia londinense. En Hammersmith se concentra buena parte de la comunidad polaca que en los últimos años ha llegado a Londres gente muy preparada y seria con excelente fama, que no tiene problema a la hora de encontrar trabajo. Tiendas polacas que ostentan su bandera en el escaparate, venden las suculentas salchichas kielbasa, las conservas, los ahumados, los productos de la tierra en general que también se pueden degustar en los restaurantes polacos. El Tatra, es un buen ejemplo de restauración polaca en Londres. Nombrado en honor a las montañas del sur de Polonia, fue abierto hace dos años por los Kusy, un matrimonio joven y emprendedor. Su decoración cálida pero moderna con magníficos acabados, su excelente gastronomía polaca y su selección de vodkas de frutas hechos en casa, le han otorgado una merecida fama en la capital del Reino Unido.

 

El Hotel Mandarín Oriental Hyde Park

Hyde Park es el parque de Londres por excelencia. Receptáculo de conciertos de Pink Floyd, The Rolling Stones, Génesis, Pavarotti o Eric Clapton –entre otros muchos–, está atravesado por el lago Serpentine y limita con el Palacio de Buckingham. Por su césped han marchado todo tipo de manifestaciones, y aún guarda con celo el Speakers Corner donde cualquiera tiene derecho a decir lo que se le ocurra –menos a meterse con la Reina–.

 

Por las mañanas por Hyde Park galopan los jinetes impecablemente vestidos y marchan los coches de caballos, mientras que alrededor de las diez de la mañana la guardia montada del Palacio de Buckingham atraviesa el parque pasando por el hotel Mandarín Oriental Hyde Park. La sola situación del hotel mirando al más grande y real de los parques de Londres, dice mucho. Si a esto se le añade la detallista arquitectura victoriana del edificio de 1882, que tras su restauración se ha convertido en un templo de lujo y confort, y se suma la atractiva oferta de un shopping exclusivo en sus aledaños, se llega a las puertas del Hotel Mandarín Oriental Hyde Park.

 

Cae la tarde y un sol rosa colorea el parque y el lago Serpentine. El Mandarín Oriental se convierte en la estrella del exclusivo distrito de Knightsbridge. Cúpulas de pizarra, ventanas “bahía”, puertas y terrazas refulgen con una iluminación espectacular para recibir a los huéspedes que cada noche llegan al Mandarín para disfrutar de la cocina de Daniel Boulud en su restaurante. Abierto en 2010, hoy es uno de los locales más famosos de Londres. Su escuela francesa, el toque neoyorquino en las carnes –incluida su renombrada hamburguesa–, una excelente selección de vinos y un ambiente agradable y casual son algunos de sus atractivos, a los que hay que añadir la exquisita sopa de pescado y los deliciosos postres.

 

 

 

El teatro de Londres

 

Desde que se inauguró el primer teatro de Londres en 1576 en Shoredith, donde Shakespeare representó algunas de sus obras, el teatro en Londres es un destino por sí mismo. El West End aglutina la mayoría de los teatros de la ciudad. Cuando se encienden las farolas y se llenan los pubs, tiene un encanto especial, un sabor añejo, acudir a una representación teatral en alguno de los acogedores teatros londinenses. Una buena elección sería el Teatro St. Martins, que lleva 58 años representando La Ratonera de Agatha Christie, o el musical clásico de Los Miserables que se ofrece en el Teatro de La Reina desde hace 25 años. O el maravilloso Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Webber, que después de 24 años sigue en cartel en el Teatro de Su Majestad. También es aconsejable acudir al bonito teatro del Liceo para disfrutar con el tierno Rey León o al Palace Teatro Victoria donde Billy Elliot consigue enternecer al más duro de los espectadores. Para disfrutar de óperas modernas y veraniegas el Teatro Almeida goza de maravillosas representaciones durante el mes de julio.

 

Desde antaño el teatro guarda fama de elegir sus repertorios y sus actores Allí representó Ralph Fiennes Ivanov, Kevin Spacey fue The Iceman Cometh y Juliette Binoche interpretó Desnudo. Sin embargo, la ópera tradicional se sigue ofreciendo en The Royal Opera House, en Covent Garden, ese distrito encantador de Londres en cuya plaza se encuentran todo tipo de antigüedades, que huele a patatas humeantes rellenas de crema agria y donde se escucha a los tenores aficionados llenando de notas las escaleras del mercado.

 

Un shopping diferente

El aire limpio de la mañana invita a dar un paseo por Hyde Park antes emprender la gratificante obligación de las compras. Es un plan estupendo deambular por Kensington Road, por Picadilly y por Regent Street mirando los escaparates. Entrar en la recoleta calle Elizabeth, llena de cafés y tiendas coquetas como la del modisto irlandés Philip Treacy, cuya colección de sombreros atrevidos desfila sobre las cabezas de las damas en el hipódromo de Ascot, y llegar a la cuesta de St. James, coronada por la Torre de homónima construida por Enrique VIII, donde solían estar los “Clubs de Caballeros” y los mejores sastres. Allí el peso de la tradición británica se hace palpable en James Lock & Co, que confeccionando sombreros desde 1676 para las cabezas más prestigiosas. Fue el primero en fabricar el bombín y famosos son sus sombreros de copa y los diseños femeninos que se lucen en Ascot. Tiene panamás, gorras de tweed… Su vecino John Lobb no se queda atrás y ha calzado pies de renombre como los de Lord Olivier, Frank Sinatra o el Duque de Windsor en el más delicioso de los talleres. Completa el trío de tiendas la bodega de Berry Bros & Rudd, mercaderes de vino y licores desde el siglo XVII. Pero el rey de Picadilly es Fortnum and Mason, abierto desde 1705 y dedicándose a la importación de especias de Madras, de cientos de tipos de hojas de té, de todas las delicadezas que hoy siguen adornando ese exquisito establecimiento.

 

Harrods es el gran almacén de Londres. Desde su fundación en 1835 por Charles Henry Harrod, marchante de té, ha pasado por diversos dueños y hoy sigue atrayendo a todo aquel que llega a la capital inglesa, de la que no se irá sin haber tomado un jerez en su bar, una copa de champán con ostras de aperitivo, o simplemente llevándose una caja de latón de Earl Grey. A pocas manzanas, Harvey Nichols no le roba el protagonismo añejo a Harrods pero sí compite seriamente con él en cuanto a la moda de la clientela joven se refiere. Tras el cansancio de un día de compras, nada como dedicar unas horas al spa del Mandarin Oriental y perderse en su sauna, la sala de vapor, o la piscina con chorros, para seguir con un masaje cuyos productos han sido fabricados especialmente para el hotel y terminar en la zona de relajación escuchando los timbales tibetanos a la tenue luz de los candiles y con aromas de té verde perfumando el aire.

 

 

Los Pubs

De lejos les viene a los ingleses la costumbre de ir al pub a tomarse su pinta de cerveza o de esa sidra británica fuerte y espesa. El pub nació como lugar de esparcimiento adonde iban los hombres después del trabajo a beber y charlar, y también como posada de los caminos. Antiguamente tenían también habitaciones en las que se daba cobijo a los peregrinos o viajantes. Es difícil saber con exactitud la fecha de nacimiento del concepto del pub. Ya en 1393 el Rey Ricardo ordenó que todos los pubs debían tener colgado a la entrada un cartel para que el probador de cerveza pudiese encontrar el lugar sin dificultades. Teniendo en cuenta que por aquel entonces la mayoría de la población era analfabeta, el monarca tuvo una idea genial al crear esos emblemas que siguen colgando a la entrada de los pubs ingleses y que normalmente rezan nombres de la monarquía británica, de su aristocracia o de personajes estrambóticos como es el caso de Dirty Dick’s, uno de los pubs más antiguos de Londres cuya leyenda cuenta la historia de un ferretero de Leandehall, Nathaniel Bentley, cuya mujer falleció la misma noche de bodas.

 

Para vengarse de su destino decidió cerrar su habitación para siempre y no volver jamás a lavarse ni a cambiarse de ropa –se dice que Charles Dickens se inspiró en él para crear el personaje de la Señora Haversham de la novela Grandes Esperanzas–. Cuando el ferretero se retiró, ya famoso por almacenar trastos y mugre, un avispado vinatero de la zona compró el local y lo convirtió en el hasta hoy célebre Dirty Dick’s, cuya leyenda y antigüedad fueron la causa de su éxito.

 

De otro pub muy popular, Ye Old Watling, se dice que fue levantado por Sir Christopher Wren con las maderas de viejos barcos en 1668, y que sus habitaciones superiores sirvieron de estudio para dibujar los planos de la Catedral de San Pablo. El pub pertenece a la colección Nicholson, que garantiza la excelencia de sus ales (cervezas) y la calidad de su comida. The Dove en Hammersmith, West London, es pequeño y acogedor –de hecho tuvo fama de ser el pub más pequeño de Londres–, con una situación privilegiada a orillas del Támesis que en verano se puede contemplar desde la terraza. Su cocina clásica y típica de pub inglés está aderezada con toques contemporáneos. Tiene su punto intelectual, pues fue frecuentado por escritores como Graham Green, Ernest Hemingway y James Thomson, quien al parecer escribió allí Rule Britannia, poema patriótico y clásico de Gran Bretaña.

 

Los pubs ingleses tienen un magnetismo especial. Sus fachadas de colores vivos, sus emblemas con solera y su cálida decoración atraen al visitante a un interior acogedor con buena cerveza y un típico ambiente inglés que les hará pasar un rato muy agradable.

londres-1

 

A Orillas de Río Támesis

El Támesis divide la ciudad en dos. Sus aguas, sus puentes y sus monumentos son los protagonistas de las principales postales y cuadros del denominado Gran Londres, que comprende la Torre de Londres, de controvertida historia llena de intrigas y ejecuciones. En el Palacio de Westminster, de estilo neogótico, se reúnen las Cámaras de los Lores y de los Comunes, y alberga la torre del célebre reloj –Torre de San Esteban– que tiene una campana llamada Big Ben. La Abadía de Westminster, de origen románico pero restaurada en estilo gótico entre 1245 y 1517, ha sido y es receptáculo de la coronación de casi todos los monarcas ingleses, celebrada por el Arzobispo de Canterbury. Grennwich, situado en la ribera sur del río Támesis, ha medido el tiempo medio del mundo desde su observatorio. Siguiendo por la ribera sur del río, Canary Wharf mira hacia las aguas del Támesis, y es hoy el moderno centro de negocios de Londres que tiene las tres torres más altas del Reino Unido. Aún en la ribera sur, al lado del Puente del Milenio, Tate Modern, el Museo Nacional Británico de Arte Moderno, se codea con uno de los teatros más antiguos de Londres, el Globe, del siglo XV, donde Shakespeare representó varias de sus obras.

 

Sin embargo a la clásica estampa del Londres de siempre, desde el año 2000 se ha sumado el “Ojo de Londres”, esa espectacular noria de 135 metros de altura que inauguró el milenio y que, situada entre los puentes Westminster y Hugerford, se ha vuelto un emblema de Londres como puedan ser la ópera de Sydney, la Torre Eiffel de París o el Atomium de Bruselas. El final de la jornada en Londres hay que vivirlo desde el río, cuando las nubes perpetuas de la ciudad tapan el Sol, convirtiendo al Támesis, a la abadía y a su Big Ben en una fotografía en blanco y negro hasta que el London Eye se enciende con sus espectaculares tonos rosáceos fosforescentes, la Abadía de Westminster toma el cálido color ámbar de sus luces y el Big Ben resplandece en la noche, creando un fin de fiesta apoteósico.