Budapest y el Mar Negro, escapada a lo desconocido

PUEBLOS MARINEROS, CIUDADES-MUSEO, UNA EXCURSIóN EN YATE, GASTRONOMíA A BASE DE PESCADO FRESCO Y RELAX EN UN MAGNíFICO HOTEL DE PLAYA.

Rumbo a lo desconocido

Pueblos marineros, ciudades-museo, una excursión en yate, gastronomía a base de pescado fresco y relax en un magnífico hotel de playa. Esta es la propuesta para escaparse unos días a un lugar muy original: la costa búlgara del Mar Negro. Además, para empaparse un poco de cultura, la ruta se puede complementar con una parada previa en la capital húngara.
Como el vuelo de Malev desde Madrid hace escala en Budapest antes de llegar a Bulgaria, conviene aprovechar las cinco horas de espera y adentrarse en algunos de los rincones más fascinantes de la ciudad. La mejor opción es tomar la línea número 2 del tranvía –ida y vuelta – y contemplar los monumentos que descansan a orillas del Danubio.

BUDAPEST ES UN LUGAR IDóNEO PARA ESCAPARSE UN FIN DE SEMANA

Partiendo de Jászai Mari tér se vislumbra a mano derecha el Parlamento, y en la otra orilla la Iglesia Matías, el Bastión de los Pescadores y el barrio del Castillo. En este itinerario se pueden admirar también los impresionantes puentes, como el de las Cadenas, el más antiguo, y el Puente Isabel. Pasando éste aparece el Monte Gerardo, donde se sitúa la Ciudadela, antigua fortaleza hoy convertida en museo y principal mirador de Budapest.La Costa del Mar Negro

NO HAY NADA COMO ALQUILAR UNA EMBARCACIóN PARA RECORRER RINCONES ENCANTADORES

Desde la ciudad búlgara de Varna, a la que llega el vuelo de Budapest, hay que tomar un taxi para llegar en 40 minutos a Sunny Beach, donde se emplaza el Barceló Royal Beach, un complejo hotelero a dos pasos de la playa que alberga cómodas y espaciosas habitaciones y ofrece una cuidada gastronomía. Muy cerca, en St. Vlas, se encuentra el puerto deportivo Dinevi Marina, donde se recomienda alquilar un yate para recorrer durante el día las aguas del Mar Negro y descubrir encantadores pueblos como Sozopol –una localidad balnearia donde el pescado fresco es delicioso– y Nessebar, una ciudad- museo protegida por la Unesco, conocida también como la ciudad de las cuarenta iglesias, ya que acoge un buen numero de templos paganos, iglesias y murallas medievales que se mezclan con la arquitectura moderna de un gran balneario asentado sobre una península rocosa.
HABITACIóN DEL HOTEL BARCELó ROYAL BEACH.
Adentrarse en las callejuelas adoquinadas de su casco antiguo es todo un placer, pues están presididas por un sinfín de tiendas y puestos a pie de calle –donde se pueden adquirirse objetos artesanales a buen precio – , bares y coquetos restaurantes que anuncian la hora de la cena con un delicioso aroma a pescado a la brasa. No menos interesante es el puerto, un rincón recogido, muy marinero, rodeado de tabernas con terrazas, espacios ideales para tomarse una buena cerveza local acompañada de algunos platos típicos del lugar.

Cannes. Martinez. Francia

Nació en pleno período de entreguerras de la mano de Emmanuel Michele Martinez, hijo del barón Giovanni Martinez y Giuseppa Labiso Costanza, una familia de estirpe noble y origen español asentada en Palermo. Emmanuel fue adquiriendo prestigio en el sector de los hoteles de lujo debido a su pericia como director de establecimientos emblemáticos en Londres y París, y a su posición al mando de la Asociación de Hoteles de Lujo de Cannes. Con semejante trayectoria, ¿cómo no iba a desear Emmanuel Martinez abrir su propio hotel? Eligió la Côte d’Azur, el selecto tramo de litoral mediterráneo revalorizado por la beautiful people europea en el siglo XX, y el 22 de septiembre de 1927 compró lo que luego se convertiría en su hotel –la Villa Marie-Therese– nada menos que a Su Alteza Real Don Alfonso de Borbón y Dampierre, con el que pudo contactar gracias a la conexión de su familia con la nobleza.

El edificio, construido por aristócratas ingleses, se había llamado “La Coquette” con anterioridad y había pertenecido al exiliado rey de Nápoles. Emmanuel bautizó el cinco estrellas con su apellido, Martinez, el mismo que desde el 17 de febrero de 1929, fecha de su inauguración, remata su blanca fachada art decó con las letras de neón azules que no han pasado nunca desapercibidas a fotógrafos y editores de postales.

Como hotel de solera que es, el Martinez cuenta con tantas historias y anécdotas como los antiguos baúles de recuerdos. El Festival de Cannes inauguraría su primera edición el 1 de septiembre de 1939 con grandes expectativas, pero sus esperanzas fueron truncadas por el inicio de la Segunda Guerra Mundial en Europa ese mismo día, y en lugar de alojar a grandes del cine como Jean Renoir, Louis Lumiére o Alfred Hitchcock, el hotel fue refugio para importantes altos mandos de diferentes ejércitos, dando cobijo tanto a miembros de las Potencias Aliadas como del Eje.

Pasada la contienda, el Martinez se convirtió en aquello que estaba destinado a ser: el corazón social de Cannes y el hotel preferido por las estrellas de cine que acudían a su prestigioso festival.

EMBLEMA DEL SAVOIR FAIRE

A esa época de esplendor que labró desde mediados de los años 40 y al reconocido savoir faire del que todavía puede presumir en la actualidad, se añaden dos hechos significativos de su historia reciente: la renovación de su entrada y vestíbulo en 2003 y la reconfiguración de su playa privada –llamada Zplage, es la más grande de todo el bulevar La Croisette– en 2004. No son sino dos tantos más para un establecimiento que no ha parado de engrosar su marcador a lo largo de 82 años de vida.

El Martinez reparte en siete pisos una superficie cubierta de 40.000 metros cuadrados donde caben 409 estancias, todas fi eles al estilo art decó que también define la arquitectura del edificio y que alcanza cotas de excelencia en la Suite des Oliviers –habitación única con 250 m2 de terraza ubicada en la primera planta–, inspirada en los “felices años 20” y diseñada por Marc Hertrich.

Destacan también los dos áticos Penthouse Prestige de la séptima planta, de 500 m2 cada uno, con salón de estar, comedor, dos dormitorios, dos cuartos de baño con hammam, vestidor, sauna y terraza.

100% DELEITE SENSORIAL

Gastronomía y spa son los otros dos puntos fuertes del Martinez.

Frente a la deliciosa gastronomía mediterránea elaborada con productos locales de Le Relais –popular por su carta de postres– y los creativos cócteles de L’Almiral Bar –toda una institución del copeo cannois, con prestigiosos y premiados barmans tras la barra y placas metálicas que homenajean a sus famosos incondicionales–, destaca el restaurante de dos estrellas Michelin La Palme d’Or. Creado en 1985 por Christian Willer, al que sucedió en 2001 el actual chef ejecutivo del Martinez, Christian Sinicropi, sirve innovadora cocina de temporada puntuada con 17/20 en la guía GaultMillau. Tampoco podemos olvidarnos del Zplage Beach, ubicado en la playa privada y baluarte de la cocina saludable, que es el lugar de moda en Cannes entre marzo y diciembre. O dicho de otra manera, el lugar imprescindible para ver y ser visto, una de las máximas de esta glamurosa bahía.

Los dos áticos de ensueño Prestige comparten la séptima planta con el spa del Martinez, dedicado a la salud, el bienestar y la belleza. Sus exclusivos tratamientos faciales, los post-solares y los últimos adelantos en cosmética están fi rmados por Lancaster, mientras que la casa Sothys se encarga del despertar de los sentidos a través de aromas y texturas en los masajes, las envolturas, las exfoliaciones, los rituales o la hidroterapia. Conscientes de la importancia de la imagen de buena parte de su clientela, el llamado The Spa Martinez cuenta también con peluquería y servicio de maquillaje.

Y es que en este refugio de Cannes no sólo tratan a sus clientes como verdaderas estrellas… Es que algunos de sus huéspedes lo son.

CÓMO LLEGAR

La mejor forma de llegar a Cannes es tomando un vuelo hasta Niza, de cuyo aeropuerto se encuentra a 36 kilómetros, o en su defecto a Marsella, que dista de Cannes 175 km. Iberia (www.Iberia.es) tiene varios vuelos diarios, algunos directos, a ambas ciudades francesas desde Madrid y Barcelona. El hotel dispone de servicio de traslado privado a/desde los aeropuertos –previa reserva–.

HABITACIONES

El hotel cuenta con 409 estancias repartidas en las siguientes categorías: 148 habitaciones Superior, 126 Deluxe, 54 Executive, 57 Prestige, 11 suites Penthouse Executive Junior, 11 suites Prestige Seaview, la Suite des Oliviers y dos apartamentos Penthouse Prestige. Todas cuentan, entre otros servicios, con conexión WiFi a Internet gratuita, cuartos de baño de mármol, amenities de Annick Goutal y televisores de pantalla plana o plasma.

INSTALACIONES Y SERVICIOS

El Martinez cuenta con gimnasio –abierto las 24 horas y con asistencia de entrenador personal previa petición– y piscina exterior climatizada, además de club infantil y carta de servicios para los más pequeños: alojamiento gratuito para menores de 12 años, menús infantiles y alimentos para bebés, entre otros.

 

Islas Eolias. Las hijas del fuego y el mar. Italia

  

Situado frente a la costa nordeste de Sicilia, en el mar Tirreno, este archipiélago fue morada de dioses y protagonizó los sueños de Ulises. Ahora constituye un paraíso salvaje, amable e irascible a la vez, que colma de sensaciones a los viajeros con sed de aventura y a las celebrities que buscan aquí su refugio ideal.Eolia-3

Hace miles de años surgió desde los abismos del Mediterráneo un grupo de islas de origen volcánico. Hijas del viento, del mar, de la tierra, del sol y del fuego, las Eolias custodian magníficas sorpresas. Unas forjadas por la propia Naturaleza y otras, por la naturaleza propia de sus habitantes.

 

Sabido es que la mejor manera de llegar a una isla es por mar, y para llegar a las Eolias no hay otra opción, a pesar de que la municipalidad de Lípari –la isla más grande, más poblada y más desarrollada del archipiélago– lleva años con el sueño de construir un aeropuerto para facilitar la llegada de los turistas. Aunque mejor así, porque el mar no solo huele a mar, sino también a viaje, a misterio y aventura.

 

La pequeña localidad de Milazzo, en el norte siciliano, es el puerto de embarque más cercano y con más enlaces diarios hacia Lípari, que a su vez es la isla mejor conectada con sus hermanas menores. Tras dos horas de travesía se divisa el paisaje de Lípari, presidido por una gran montaña y esculpido por el paso del tiempo y las sucesivas erupciones de sus doce volcanes, ahora extintos. Por sus laderas se encaraman, ya sin temor, desperdigadas viviendas de techo plano en las que predominan el encalado blanco y los colores naranja y amarillo yema de huevo de sus fachadas, entrecruzadas con las improntas de impactantes coladas de lava. Ríos vidriosos, formados de silicio, con dos tonalidades y con dos pesos específicos bien diferenciados: el de la grisácea piedra pómez y el de la negruzca obsidiana; los dos minerales que hasta la Edad Media determinaron la riqueza de Lípari, en tiempos en que se efectuaba un provechoso comercio con los otros pueblos de este entorno mediterráneo.

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La visita obligada a la isla se hace visible desde que atracamos en su puerto: se trata de la Rocca del Castello, una potente formación geológica de piedra volcánica desde la que se controlaba todo barco que osaba acercarse a la costa. En el promontorio, habitado ininterrumpidamente durante más de seis mil años, cada civilización ha ido dejando su testimonio, desde el neolítico hasta el esplendor de la época griega; desde el período romano hasta los tiempos de la dominación española.

 

Vulcano es la residencia del dios de los Infiernos. La mitología ubica en su interior la fragua del dios que forjaba las armas de los héroes con el fuego que provenía de las vísceras de la Tierra. Un enorme volcán domina la isla con su cráter humeante. Dicen que no es peligroso, pero no es de fiar ya que el monstruo está todavía vivo. Su última erupción catastrófica –acaecida en 1888– hizo saltar il tappo (es decir, el tapón) del cráter dejando un terreno casi desértico con múltiples oquedades por las que aún asoman caprichosas formaciones de azufre de intenso color amarillo que desprenden fétidos efluvios calientes y emiten extraños silbidos. Se puede subir hasta el mismísimo cráter, llamado la fossa, una gran planicie recubierta de tierra oscura que bordea el abismo. Abajo, un cráter de 390 metros de diámetro parece dormido… pero respira.

 

A la vuelta, que se hace descendiendo a saltos sobre las arenas parduscas, nos espera un amable mar convertido en spa natural de burbujeantes aguas turquesa. Varias fumarolas submarinas calientan el fondo de una recoleta playa de arena negra, produciendo una alfombra efervescente que estimula las plantas de nuestros pies y provoca un efecto lúdico y placentero, como si de un jacuzzi se tratara. Si uno padece reuma, artrosis o simplemente se quiere recuperar del viaje de ida y vuelta a la montaña sagrada, nada como un baño en el volcánico lodo gris, otro de los alucinantes atractivos de esta peculiar isla. Circunnavegando Vulcano descubriremos sus otros encantos: la Gruta del Caballo, la Piscina de Venus o el Baño de las Vírgenes, todos ellos lugares encantadores para contemplar la puesta de sol y sacar algunas fotografías.

 

De nuevo a la mar y a la barca. Navegamos entre escollos y peñascos a flor de agua, como la roca Pietralunga –con su boquete horadado por los vientos– y el gran farallón llamado El Ángel, una roca vertical, picuda y cortante, que emerge desde un azul profundo y agitado. Cambiamos el “perfume” del Infierno por el olor de retamas, brezos, laureles y romero, que dan color y perfuman la isla de Salina, la más verde de las Eolias y en la que se cultivan los dos productos gastronómicos más famosos y apreciados del archipiélago: las alcaparras y la malvasía, el vino dulce de color ámbar que se sirve con los postres.

 

Salina sorprende por su actividad. Todo gira en torno a los pueblos del perímetro de su costa, pequeños núcleos de población donde la vida bulle entre la animación de sus bares de copas, las comidas en terrazas frente al mar o la lúdica y cuidada decoración de sus hoteles con encanto. En Salina siempre hay historias que contar, como la de Mauroy Amelia, que compraron la casa del párroco de Pollara –allá por los años 80– y la convirtieron en un hotel con encanto al que llamaron “La Locanda del Postino” después de que los productores de “Il Postino” –El Cartero (y Pablo Neruda)– rodaran allí la exitosa película. También en la villa costera de Rinella, los más viejos del lugar recuerdan otro no menos famoso rodaje cinematográfico –aunque sí un tanto olvidado en el limbo del tiempo– acaecido en 1949, el de la película “Vulcano”, protagonizada por una Anna Magnani celosa y furiosa, que miraba con encendida pasión hacia el horizonte estromboliniano, donde su querido Roberto Rossellini yacía descaradamente con aquella altiva sueca llamada Ingrid Bergman.

 

La isla de Filicudi nos seduce desde el barco con los juegos de luces de la gruta del Bue Marino o la columnata de peculiares formaciones rocosas del Filo di Lorani. Costeando la Punta Stimpagnato llega el momento de darnos un chapuzón en las aguas de Grotticelle, alrededor de La Canna, un farallón de basalto de setenta metros de altura. Recomendable es también el buceo por la asombrosa variedad de peces que puebla las formaciones de coral anaranjado. Pisamos de nuevo tierra firme en Alicudi, la isla más apartada de las rutas organizadas, con pocos habitantes y sin tantos turistas como sus hermanas. Baste decir que el medio de transporte habitual es el burro y que las calles son senderos adaptados para la circulación de pollinos. Nada de ruidos, nada de jolgorios nocturnos, ni de chiringuitos despachando pizzas en verano hasta la madrugada…

 

Antes de iniciar la anhelada visita a la isla de Estrómboli podemos acercarnos hasta la isla de moda entre las celebrities de nuestros días, donde recala el turismo de alto nivel y algunos ricos han comprado y restaurado casas antaño ruinosas: Panarea, la isla más chic del archipiélago. Naturalmente, ni las desperdigadas mansiones de los potentados ni los yates fondeados entre sus acantilados son el principal motivo para visitarla. El aliciente es su cuidado urbanismo, las impolutas fachadas de sus casas pintadas de blanco, sus coquetos hoteles de diseño, la variada oferta de sus restaurantes, las boutiques, el ambiente de las terracitas del puerto y la tranquilidad que se disfruta en sus playas exclusivas. Aunque no debemos olvidar que en las noches veraniegas los vientos eolios nos traerán los sonidos repetitivos del chill out de alguna discoteca de moda.

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“Iddu parla” (Él habla) es la expresión coloquial con que los habitantes de Estrómboli se refieren a su volcán cada vez que éste emite un rumor, un rugido o una detonación. El irascible volcán permanece siempre despierto y regala emociones inolvidables a todos aquellos mortales que se acercan a su cráter… bueno, ¡a determinada distancia!, pues se puede escalar hasta un cierto punto, que varía según la actividad eruptiva para evitar accidentes imprevisibles.

 

Estrómboli saltó a la fama en 1949 a causa de la película homónima y también por la historia de amor que protagonizaron Roberto Rossellini e Ingrid Bergman durante su rodaje. En la via Vittorio Emanuele de San Vicenzo, una placa en la fachada de una casa recuerda el lugar donde el director y la actriz vivieron su apasionado idilio. Películas al margen, la isla fue en la antigüedad una especie de faro para navegantes. Los “disparos” al aire de su volcán se hacían visibles desde la lejanía y su poder arrasaba a quien se pusiese por delante.

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Cuenta La Odisea que Ulises descansó en alguna de estas criaturas volcánicas, oxidadas por el mar y enfrentadas a todos los vientos, donde había peces que volaban, hipocampos vigilantes y alguna que otra sirena. Y quién sabe, quizás aún campen por estas tierras de leyenda

Londres, la vuelta al mundo en un día

londres-4Phileas Fogg, acompañado por su inseparable Jean Passepartout, dio la vuelta al mundo en exactamente los 80 días que predijo, arriesgando su fortuna y su buen nombre en ello. Durante veinticuatro horas y en una sola ciudad, Londres, es posible escuchar las lenguas, observar las etnias e impregnarse de muchas de las culturas que Fogg disfrutó en su recorrido por el mundo entero.

La capital milenaria del Reino Unido cuenta con una fecunda historia. Desde que la fundaron los romanos en el año 43 d.C. con el nombre de Londinium, pasando por aquellos tiempos en que la City era el único centro de actividades de la ciudad y medía apenas una milla cuadrada, hasta ahora –que cuenta con unos 13 millones de habitantes en el área metropolitana–, por Londres ha pasado de todo. Y por “todo” se entiende una ciudad que ha sido precursora de moda, música, literatura y teatro. Marcadora de tendencias… desde 1960 fue la capital del Rock gracias a los Beatles y a los Rolling Stones.

 

Líder de proyectos revolucionarios como fue la creación de la minifalda por la diseñadora May Quant, también en los años 60, década en que la famosa  modelo Twiggy transformó el mundo de la moda de curvas voluptuosas a una delgadez extrema. El “estilo inglés” se ha mencionado refiriéndose a muebles, a forma de vestir, e incluso la forma de vivir, incluyendo en su menú cotidiano las costumbres de allende los mares que importó de sus muchas colonias y que le ha llevado a albergar más de trescientas lenguas de las múltiples etnias que cohabitan en la capital del Reino Unido.

 

Cine y literatura londinenses

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Sus personajes reales y ficticios han acompañado tardes de lectura, de televisión o de cine. ¿Cómo se puede hablar de Londres sin mencionar a Sherlock Holmes? Desde que Sir Arthur Conan Doyle dio vida a su personaje favorito, Sherlock Holmes, en la novela A Study in Scarlat (1887), el perspicaz detective y su compañero de piso del 221 B de Upper Baker Street, el Dr. Watson, formaron una pareja legendaria que ha desvelado secretos de ultratumba y ha desenmascarado asesinos, incorporando a la literatura objetos y costumbres de las colonias británicas. Holmes popularizó esa niebla –el famoso puré de guisantes– que le camuflaba embozado en su capa, con su lupa y con su pipa, colándose en las tardes de muchos hogares para darle un toque de aventura a la cotidianidad.

 

Mary Poppins mostraba las típicas casas inglesas alineadas y repletas de chimeneas por las que el deshollinador Dick Van Dyke vagaba a sus anchas, para encontrarse con su volátil amiga e insuflar de magia la dura realidad de una sociedad victoriana que tenía aburridos a sus infantes.

 

En aquella sociedad plagada de perjuicios y por lo tanto de vicios, a la fuerza tenía que surgir un movimiento como el de Bloomsbury. Nació en el primer tercio del siglo XX, acaudillado por la escritora Virginia Woolf y su hermana la pintora Vanessa Bell, y congregaba el sector social más bohemio del barrio de Bloomsbury, compuesto por pintores, escritores y críticos como Bertrand Russell, Gerald Brenan, E.M. Foster, Lytton Strache, Duncan Grant… unidos por su desprecio a la religión y a la moral victoriana.Hoy el barrio de Bloomsbury es una visita obligatoria por albergar el Museo Británico, la Universidad de Londres, y la casa de Charles Dickens.

 

 

Cada barrio, un mundo

Paralelamente al fenómeno “Bloomsbury” pero en la Ciudad de Westminster, alrededor de Gerrard Street brotaba el SohoChinatown como respuesta a las necesidades de los marineros chinos que frecuentaban los Docklands. Comida china, fumaderos de opio… un mundo oculto y atractivo que, aunque derruido por los bombardeos de la guerra, resurgió gracias a los emigrantes de Hong Kong que pusieron de moda su deliciosa y económica comida.

 

La retirada británica de la India selló la separación entre India y Pakistán; esa división es inexistente en South Hall Little India, llamada así por su gran concentración de habitantes de India y Pakistán. Allí se escucha esa mezcla de cantos hindúes con música pop occidental que ha dado origen a la famosa industria cinematográfica de Bollywood. En los escaparates de las tiendas las maniquíes de plástico lucen saris llenos de color y de dorados, y el aire huele al curry que preparan los muchos restaurantes –dicen que más que en Nueva Delhi– que abundan en esta zona de Londres. Famoso es el restaurante Brilliant, donde los hermanos Gulu y Kewal Annand –que comenzaron sirviendo comida a domicilio– regentan hoy uno de los establecimientos con más solera y buen nombre de esta parte de la City.

 

Notting Hill es un barrio chic donde vive la mayor cantidad de famosos por metro cuadrado de Londres. Ya en la época victoriana estaba lleno de tiendas de artesanos y librerías frecuentadas por una clase bohemia adinerada. En la primera mitad del siglo XX muchos emigrantes caribeños llegaron a la capital británica llenándola de música cálida y prendas de vivos colores, que vendían en el mercadillo de Notting Hill, Portobello, bautizado en honor a la ciudad caribeña de Puerto Bello, que el almirante Vernon conquistó en 1739.

 

De la mezcla multirracial de unos y otros nació el estilo vintage que llenó las tiendas de Notting Hill. A Portobello hay que ir especialmente los sábados, cuando se produce un asombroso despliegue de puestos de ropa, de antigüedades, de libros y de encanto.

 

Otro tipo de mercadillo es el de Candem Town, situado al noroeste de Charing Cross. En él se encuentra ropa alternativa, música, accesorios y puestos de comida universal. Los canales de Candem Locks y el de Regant rodean el mercado. Es muy placentero navegar en una gabarra por los canales por los que desde hace quinientos años discurre una parte de la vida londinense. Abordar en Candem Locks y llegar a Little Venice haciendo un alto en el camino en el zoo, para seguir navegando por el Regent Canal que conecta Grand Union Canal con London Docks, antiguo puerto de Londres. Y finalmente llegar a la parte norte de Regent Park, donde cazaba Enrique VIII.

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El tranporte londinense

 

El emblemático transporte de Londres de autobuses rojos, taxis negros y uno de los metros más antiguos del mundo, tiene un gran protagonismo en el discurrir de sus habitantes. Desde que salió a la circulación el primer autobús de dos pisos en 1956, sus formas redondeadas y su color rojo chillón se convirtieron en un símbolo de la ciudad, motivo de souvenirs, modelo para fotógrafos… el bus de Londres ha pasado por muchas variaciones de forma, motor y combustible. Ahora, en el año 2011, se acaba de probar el primer autobús impulsado exclusivamente por hidrógeno que libera vapor de agua. De los 8.500 buses de Londres, ocho serán de hidrógeno y circularán limpiamente sin ensuciar el cielo por las rutas más turísticas de la ciudad.

 

El taxi londinense es otro emblema tradicional de la ciudad que junto con los autobuses y las rojas cabinas telefónicas hacen de las calles de Londres lugares genuinamente distintos. Los taxis, aparte de caros, son cómodos, altos y anchos, tal como exige su acabado desde que fue diseñado en aquellos tiempos de noches en la ópera, damas con trajes largos y caballeros con sombrero de copa con el que tenían que entrar y salir del taxi sin quitárselo en ningún momento.

 

Pero realmente el transporte en el que se mueve Londres es el metro, el Underground, el Tube, uno de los más antiguos del mundo que, desde que entró en funcionamiento el 10 de enero de 1863, no ha dejado de transportar pasajeros de todas las lenguas y razas. Hoy acarrea una media de tres millones de personas al día a través de sus 274 estaciones. Es toda una experiencia pararse en la esquina de cualquier estación y observar la velocidad con que la población londinense camina hacia sus destinos bajo las entrañas de la ciudad. Una corriente contagiosa que arrastra a los pasajeros y deja de lado a todo aquel que no siga su frenético ritmo.

 

Pasear por Londres es dar la vuelta al mundo en mucho menos de 80 días. Incluso en uno se podría lograr. Entre una calle y otra se cruzan fronteras sin aduanas. En los sisha los inmigrantes de Oriente medio y el norte de África fumando tranquilamente sus cachimbas mientras observan el desfilar de la gente. No muy lejos, en Bayswater, se suceden los hoteles y albergues para con recursos limitados que Open Art Gallery, con las obras libre. Y en un par de zancadas Kensington, cerca de Notting Hill, los palacetes hoy albergan elegantes talleres de Jaguar, donde aquellos privilegiados que posean uno lo pueden llevar para su delicado mimo y Cambiando de barrio se cambia de mundo, de lengua y de cocina. Así sucede al entrar en Hammersmith, donde se observa gente alta, de ojos claros y rasgos suaves que sisean al hablar. Hemos entrado en la Polonia londinense. En Hammersmith se concentra buena parte de la comunidad polaca que en los últimos años ha llegado a Londres gente muy preparada y seria con excelente fama, que no tiene problema a la hora de encontrar trabajo. Tiendas polacas que ostentan su bandera en el escaparate, venden las suculentas salchichas kielbasa, las conservas, los ahumados, los productos de la tierra en general que también se pueden degustar en los restaurantes polacos. El Tatra, es un buen ejemplo de restauración polaca en Londres. Nombrado en honor a las montañas del sur de Polonia, fue abierto hace dos años por los Kusy, un matrimonio joven y emprendedor. Su decoración cálida pero moderna con magníficos acabados, su excelente gastronomía polaca y su selección de vodkas de frutas hechos en casa, le han otorgado una merecida fama en la capital del Reino Unido.

 

El Hotel Mandarín Oriental Hyde Park

Hyde Park es el parque de Londres por excelencia. Receptáculo de conciertos de Pink Floyd, The Rolling Stones, Génesis, Pavarotti o Eric Clapton –entre otros muchos–, está atravesado por el lago Serpentine y limita con el Palacio de Buckingham. Por su césped han marchado todo tipo de manifestaciones, y aún guarda con celo el Speakers Corner donde cualquiera tiene derecho a decir lo que se le ocurra –menos a meterse con la Reina–.

 

Por las mañanas por Hyde Park galopan los jinetes impecablemente vestidos y marchan los coches de caballos, mientras que alrededor de las diez de la mañana la guardia montada del Palacio de Buckingham atraviesa el parque pasando por el hotel Mandarín Oriental Hyde Park. La sola situación del hotel mirando al más grande y real de los parques de Londres, dice mucho. Si a esto se le añade la detallista arquitectura victoriana del edificio de 1882, que tras su restauración se ha convertido en un templo de lujo y confort, y se suma la atractiva oferta de un shopping exclusivo en sus aledaños, se llega a las puertas del Hotel Mandarín Oriental Hyde Park.

 

Cae la tarde y un sol rosa colorea el parque y el lago Serpentine. El Mandarín Oriental se convierte en la estrella del exclusivo distrito de Knightsbridge. Cúpulas de pizarra, ventanas “bahía”, puertas y terrazas refulgen con una iluminación espectacular para recibir a los huéspedes que cada noche llegan al Mandarín para disfrutar de la cocina de Daniel Boulud en su restaurante. Abierto en 2010, hoy es uno de los locales más famosos de Londres. Su escuela francesa, el toque neoyorquino en las carnes –incluida su renombrada hamburguesa–, una excelente selección de vinos y un ambiente agradable y casual son algunos de sus atractivos, a los que hay que añadir la exquisita sopa de pescado y los deliciosos postres.

 

 

 

El teatro de Londres

 

Desde que se inauguró el primer teatro de Londres en 1576 en Shoredith, donde Shakespeare representó algunas de sus obras, el teatro en Londres es un destino por sí mismo. El West End aglutina la mayoría de los teatros de la ciudad. Cuando se encienden las farolas y se llenan los pubs, tiene un encanto especial, un sabor añejo, acudir a una representación teatral en alguno de los acogedores teatros londinenses. Una buena elección sería el Teatro St. Martins, que lleva 58 años representando La Ratonera de Agatha Christie, o el musical clásico de Los Miserables que se ofrece en el Teatro de La Reina desde hace 25 años. O el maravilloso Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Webber, que después de 24 años sigue en cartel en el Teatro de Su Majestad. También es aconsejable acudir al bonito teatro del Liceo para disfrutar con el tierno Rey León o al Palace Teatro Victoria donde Billy Elliot consigue enternecer al más duro de los espectadores. Para disfrutar de óperas modernas y veraniegas el Teatro Almeida goza de maravillosas representaciones durante el mes de julio.

 

Desde antaño el teatro guarda fama de elegir sus repertorios y sus actores Allí representó Ralph Fiennes Ivanov, Kevin Spacey fue The Iceman Cometh y Juliette Binoche interpretó Desnudo. Sin embargo, la ópera tradicional se sigue ofreciendo en The Royal Opera House, en Covent Garden, ese distrito encantador de Londres en cuya plaza se encuentran todo tipo de antigüedades, que huele a patatas humeantes rellenas de crema agria y donde se escucha a los tenores aficionados llenando de notas las escaleras del mercado.

 

Un shopping diferente

El aire limpio de la mañana invita a dar un paseo por Hyde Park antes emprender la gratificante obligación de las compras. Es un plan estupendo deambular por Kensington Road, por Picadilly y por Regent Street mirando los escaparates. Entrar en la recoleta calle Elizabeth, llena de cafés y tiendas coquetas como la del modisto irlandés Philip Treacy, cuya colección de sombreros atrevidos desfila sobre las cabezas de las damas en el hipódromo de Ascot, y llegar a la cuesta de St. James, coronada por la Torre de homónima construida por Enrique VIII, donde solían estar los “Clubs de Caballeros” y los mejores sastres. Allí el peso de la tradición británica se hace palpable en James Lock & Co, que confeccionando sombreros desde 1676 para las cabezas más prestigiosas. Fue el primero en fabricar el bombín y famosos son sus sombreros de copa y los diseños femeninos que se lucen en Ascot. Tiene panamás, gorras de tweed… Su vecino John Lobb no se queda atrás y ha calzado pies de renombre como los de Lord Olivier, Frank Sinatra o el Duque de Windsor en el más delicioso de los talleres. Completa el trío de tiendas la bodega de Berry Bros & Rudd, mercaderes de vino y licores desde el siglo XVII. Pero el rey de Picadilly es Fortnum and Mason, abierto desde 1705 y dedicándose a la importación de especias de Madras, de cientos de tipos de hojas de té, de todas las delicadezas que hoy siguen adornando ese exquisito establecimiento.

 

Harrods es el gran almacén de Londres. Desde su fundación en 1835 por Charles Henry Harrod, marchante de té, ha pasado por diversos dueños y hoy sigue atrayendo a todo aquel que llega a la capital inglesa, de la que no se irá sin haber tomado un jerez en su bar, una copa de champán con ostras de aperitivo, o simplemente llevándose una caja de latón de Earl Grey. A pocas manzanas, Harvey Nichols no le roba el protagonismo añejo a Harrods pero sí compite seriamente con él en cuanto a la moda de la clientela joven se refiere. Tras el cansancio de un día de compras, nada como dedicar unas horas al spa del Mandarin Oriental y perderse en su sauna, la sala de vapor, o la piscina con chorros, para seguir con un masaje cuyos productos han sido fabricados especialmente para el hotel y terminar en la zona de relajación escuchando los timbales tibetanos a la tenue luz de los candiles y con aromas de té verde perfumando el aire.

 

 

Los Pubs

De lejos les viene a los ingleses la costumbre de ir al pub a tomarse su pinta de cerveza o de esa sidra británica fuerte y espesa. El pub nació como lugar de esparcimiento adonde iban los hombres después del trabajo a beber y charlar, y también como posada de los caminos. Antiguamente tenían también habitaciones en las que se daba cobijo a los peregrinos o viajantes. Es difícil saber con exactitud la fecha de nacimiento del concepto del pub. Ya en 1393 el Rey Ricardo ordenó que todos los pubs debían tener colgado a la entrada un cartel para que el probador de cerveza pudiese encontrar el lugar sin dificultades. Teniendo en cuenta que por aquel entonces la mayoría de la población era analfabeta, el monarca tuvo una idea genial al crear esos emblemas que siguen colgando a la entrada de los pubs ingleses y que normalmente rezan nombres de la monarquía británica, de su aristocracia o de personajes estrambóticos como es el caso de Dirty Dick’s, uno de los pubs más antiguos de Londres cuya leyenda cuenta la historia de un ferretero de Leandehall, Nathaniel Bentley, cuya mujer falleció la misma noche de bodas.

 

Para vengarse de su destino decidió cerrar su habitación para siempre y no volver jamás a lavarse ni a cambiarse de ropa –se dice que Charles Dickens se inspiró en él para crear el personaje de la Señora Haversham de la novela Grandes Esperanzas–. Cuando el ferretero se retiró, ya famoso por almacenar trastos y mugre, un avispado vinatero de la zona compró el local y lo convirtió en el hasta hoy célebre Dirty Dick’s, cuya leyenda y antigüedad fueron la causa de su éxito.

 

De otro pub muy popular, Ye Old Watling, se dice que fue levantado por Sir Christopher Wren con las maderas de viejos barcos en 1668, y que sus habitaciones superiores sirvieron de estudio para dibujar los planos de la Catedral de San Pablo. El pub pertenece a la colección Nicholson, que garantiza la excelencia de sus ales (cervezas) y la calidad de su comida. The Dove en Hammersmith, West London, es pequeño y acogedor –de hecho tuvo fama de ser el pub más pequeño de Londres–, con una situación privilegiada a orillas del Támesis que en verano se puede contemplar desde la terraza. Su cocina clásica y típica de pub inglés está aderezada con toques contemporáneos. Tiene su punto intelectual, pues fue frecuentado por escritores como Graham Green, Ernest Hemingway y James Thomson, quien al parecer escribió allí Rule Britannia, poema patriótico y clásico de Gran Bretaña.

 

Los pubs ingleses tienen un magnetismo especial. Sus fachadas de colores vivos, sus emblemas con solera y su cálida decoración atraen al visitante a un interior acogedor con buena cerveza y un típico ambiente inglés que les hará pasar un rato muy agradable.

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A Orillas de Río Támesis

El Támesis divide la ciudad en dos. Sus aguas, sus puentes y sus monumentos son los protagonistas de las principales postales y cuadros del denominado Gran Londres, que comprende la Torre de Londres, de controvertida historia llena de intrigas y ejecuciones. En el Palacio de Westminster, de estilo neogótico, se reúnen las Cámaras de los Lores y de los Comunes, y alberga la torre del célebre reloj –Torre de San Esteban– que tiene una campana llamada Big Ben. La Abadía de Westminster, de origen románico pero restaurada en estilo gótico entre 1245 y 1517, ha sido y es receptáculo de la coronación de casi todos los monarcas ingleses, celebrada por el Arzobispo de Canterbury. Grennwich, situado en la ribera sur del río Támesis, ha medido el tiempo medio del mundo desde su observatorio. Siguiendo por la ribera sur del río, Canary Wharf mira hacia las aguas del Támesis, y es hoy el moderno centro de negocios de Londres que tiene las tres torres más altas del Reino Unido. Aún en la ribera sur, al lado del Puente del Milenio, Tate Modern, el Museo Nacional Británico de Arte Moderno, se codea con uno de los teatros más antiguos de Londres, el Globe, del siglo XV, donde Shakespeare representó varias de sus obras.

 

Sin embargo a la clásica estampa del Londres de siempre, desde el año 2000 se ha sumado el “Ojo de Londres”, esa espectacular noria de 135 metros de altura que inauguró el milenio y que, situada entre los puentes Westminster y Hugerford, se ha vuelto un emblema de Londres como puedan ser la ópera de Sydney, la Torre Eiffel de París o el Atomium de Bruselas. El final de la jornada en Londres hay que vivirlo desde el río, cuando las nubes perpetuas de la ciudad tapan el Sol, convirtiendo al Támesis, a la abadía y a su Big Ben en una fotografía en blanco y negro hasta que el London Eye se enciende con sus espectaculares tonos rosáceos fosforescentes, la Abadía de Westminster toma el cálido color ámbar de sus luces y el Big Ben resplandece en la noche, creando un fin de fiesta apoteósico.

Andorra, un país único

   El campo del golf más alto de Europa, una inflación del 0%, el tobogán más largo del mundo, más de cuarenta iglesias románicas, setenta y dos picos por encima de los dos mil metros, más de setenta lagos, el Parlamento más pequeño del continente, un diez por ciento de su territorio Patrimonio de la Humanidad, y una población de 85.000 habitantes, hacen de Andorra un país diferente.

Dicen las crónicas que este país fue fundado en el año 805 por Carlomagno en reconocimiento a la ayuda que los aguerridos andorranos le prestaron en su lucha contra los sarracenos, aunque no es menos cierto que tal situación duró escaso tiempo, ya que al poco Andorra se separó del Imperio Carolingio para constituirse en seis parroquias dependientes de la Diócesis de la Seo de Urgell, a las que en 1978 se unió una séptima, Les Escaldes. Las duras condiciones orográficas obligaron a los andorranos a una vida rural y no fue hasta bien entrado el siglo XVIII que sus habitantes comenzaron a obtener beneficios de sus recursos naturales como el hierro, el agua, el tabaco o la electricidad.andorra-1

A pocos kilómetros de la capital y a través de una serpenteante carretera se llega a las parroquias de Ordino y La Massana, lugares clave en la fabricación del hierro al concentrar agua, madera y el ansiado mineral. Los vestigios de su extracción constituyen hoy una de las rutas más interesantes para el viajero que se acerca al país. “La Ruta del Hierro” es un atractivo itinerario que atraviesa la mina de hierro, las carboneras y ferrerías, y el hábitat minero y siderúrgico que discurre entre estas dos parroquias. En las afueras de Llorts, hoy pequeño pueblo ganadero, se puede observar la antigua mina de 30 metros de largo, y muy cerca, entre este pueblo y Cortinada, lo que se conoce como el “Camino de los Hombres de Hierro”, valiosa colección permanente de esculturas creada por distintos artistas internacionales para homenajear a los hombres que trabajaron este mineral en el valle de Ordino.andorra-2

Y ya que el viajero se encuentra aquí, nada mejor que una visita a la bonita iglesia de Sant Martí de la Cortinada, la más grande del Principado, construida en el siglo XII en honor el Obispo de Tours. En la misma ruta se encuentra la residencia de la aristocrática familia Areny-Plandolit, transformada en museo etnográfico donde se muestra el estilo de vida de una familia de rancio abolengo y gran poder económico gracias a su vinculación con el negocio del hierro. Al igual que la familia Reig que, en la primera mitad del siglo veinte, desarrolló el cultivo, producción y comercialización del tabaco, que mejoró la vida y costumbres de un buen número de habitantes del país. Su casa, convertida en museo, descubre el proceso de elaboración y fabricación del tabaco con toda clase de objetos de la antigua fabrica Reig.La naturaleza en estado puro es uno de los mayores alicientes para disfrutar de Andorra. Lagos, montañas y praderas, flora y fauna endémica de los Pirineos, excursiones a pie, en bicicleta o a caballo, nieve en invierno, ecoturismo en verano… No en vano cuenta con dos parques naturales y el recóndito valle de Madriu-Perafita-Claror, declarado Patrimonio de la Humanidad.

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El parque natural del Sorteny adentra al viajero en un mundo de choperas, robledales y pinares refugio de más de 700 especies de plantas junto a especies animales como la rana roja o el rebeco. Un paseo por el parque del Comapedrosa asegura al viajero el descubrimiento de lagos, cascadas y fuentes en uno de los lugares más visitados para la práctica de toda clase de deportes de montaña, incluido el submarinismo de altura. Queda para el final la belleza y autenticidad del valle del Madriu-Perafita-Claror, largo valle glaciar en forma de “u” salpicado de rododendros, mirtilos, sotobosque y bosques de pino rojo y negro habitados por el carbonero común, el pito negro o el agateador, que revolotean junto a las antiguas cabañas de pastores totalmente recuperadas para el gozo y disfrute del caminante.

Más de cuarenta iglesias románicas, puentes, restos pictóricos y tallas policromadas constituyen otro de los motivos para visitar Andorra. Al viajero le dirán que no deje de visitar el Santuario de Nuestra Señora de Meritxell, lugar de peregrinación y espiritualidad del pueblo andorrano. Otra joya del románico es la Iglesia de Sant Joan de Caselles, construida entre los siglos IX y XII con campanario lombardo y ábside semicircular, y modelo para el resto de las iglesias románicas de Andorra. Ejemplo que no siguió la Iglesia de Sant Miquel de Engolasters, famosa por la desproporción entre el reducido volumen de su nave y la enorme altura del campanario. Y no debemos olvidar los puentes medievales cuyos arcos salvan las aguas del río Valira. Dos son los de imprescindible visita, el de Ordino, de un solo ojo, y el de La Margineda, de 33 metros de longitud y sito en Sant Julià de Loira, cerca ya de la frontera española .

Pero antes de cruzar esta frontera el viajero debe pasear por las comerciales calles de Andorra la Vella y Escaldes-Engordany, centro neurálgico de las compras desde mediados del siglo pasado. Una tradición comercial que, a día de hoy, se salda con más de 1.400 establecimientos que ofertan a precios rabiosos las últimas novedades en moda, complementos, equipamiento deportivo, perfumería, tabaco, cosmética, joyería, electrónica, nuevas tecnologías y toda clase de productos gastronómicos.  Porque la gastronomía es otro de los atractivos que no ha de olvidar quien viaje al lugar.

Pequeños restaurantes ubicados en antiguas bordas, lugares donde antaño se guardaba el grano y el ganado, hoy constituyen la principal seña de identidad de la cultura culinaria andorrana, basada en productos autóctonos como la trucha de río, la carne de caza, los embutidos caseros y el trinxat de montaña –patatas, col verde, tocino y ajos–. Y la fiesta del agua como merecido premio a una estancia de varios días en tierras pirenaicas. Porque el agua y sus fuentes termales son uno de los principales recursos naturales del país y aportan al viajero importantes beneficios para la salud.

Existe un completo abanico de establecimientos, todos ellos dotados con los últimos adelantos en materia de spa y con toda clase de tratamientos y baños: el indorromano –frío y calor–, el islandés, el sirocco, el de pomelos o el azteca. Para los mas sofisticados, el centro Caldea, el espacio termolúdico más grande del sur de Europa, oferta “Luz de Wood” –iones negativos para disminuir la ansiedad– o relajación a base de infrarrojos. La guinda perfecta para un viaje inolvidable.

CÓMO LLEGAR

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Andorra se encuentra en los Pirineos Orientales, entre Francia y España . El lugar ideal para iniciar la escapada a Andorra es la ciudad de Barcelona, a la que se puede acceder por avión, trenes AVE y excelentes comunicaciones por carretera desde cualquier lugar de España. Una vez en Barcelona, la compañía Grupo Julià (www.AutocaresJulia.es, Tel.: 934 026 900), especializada en movilidad y turismo, dispone de autobuses que salen de las Terminales T1 y T2 del Aeropuerto de El Prat y de la estación ferroviaria de Sants cada dos horas, desde primeras horas de la mañana hasta las once de la noche.

La duración del viaje es de unas tres horas, y el billete de ida y vuelta tiene un precio de 55 euros. El autobús no efectúa paradas y está dotado de aseo, televisión y ventanas panorámicas. También se puede acceder a Andorra desde Lleida a través del AVE y autobuses que, conectados a la llegada de estos trenes, efectúan su salida hacia Andorra. El viaje en el propio vehículo es otra excelente opción, ya que la ruta de acceso por carretera es muy bonita y cuenta con estupendos restaurantes donde disfrutar de la gastronomía del prepirineo.

HORAS DE VIAJE

Como no cuenta con aeropuerto propio, el acceso sólo se puede hacer por carretera desde los aeropuertos de Barcelona, Reus, Girona y Alguaire- Pirineos, o desde las estaciones de ferrocarril de Lleida-Pirineos y Barcelona Sants. Si el viajero procede de Francia puede llegar por carretera a través de Toulouse. En todos los casos la duración del viaje en autobús es de unas tres horas, y en vehículo particular de unas dos horas y media.

TIPO DE VIAJE

Nieve, pues cuenta con excelentes pistas para la práctica del esquí en todas sus modalidades. Cultura, salud y belleza, montaña y naturaleza, viajes en familia… y por supuesto, compras.

MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR

Los amantes de los deportes de invierno pueden viajar desde mediados de noviembre hasta que finaliza la temporada de esquí, a primeros de abril. Aunque  la mejor época para viajar es primavera, cuando el buen tiempo permite realizar excursiones a las cimas de las montañas y disfrutar de la naturaleza y de sus impresionantes paisajes. Viajar en verano es muy agradable para disfrutar de unas vacaciones sin los agobiantes calores del estío español.

ESTANCIA MÍNIMA

Un fin de semana resulta corto. Lo ideal es un puente de tres o cuatro días. Y para los amantes de la montaña, una semana es el número ideal de días para descubrir los rincones del pequeño país.

MOVERSE POR ANDORRA

 Lo ideal es disponer de vehículo propio, pues permite disfrutar de todos los rincones de la naturaleza andorrana. En cualquier caso no resulta imprescindible el coche, ya que la capital del país, Andorra la Vella, y la villa más importante, “Les Escaldes”, están prácticamente unidas, son pequeñas y permiten el acceso a todos los lugares andando –restaurantes, tiendas, salas de ocio, bares, discotecas, spas, etc.– o en cualquiera de los números autobuses que recorren estas ciudades. Para excursiones por el interior del país existe una excelente flota de autobuses.

ALOJAMIENTO

 Andorra Park Hotel

Clásico de la hostelería andorrana. Se encuentra ubicado en pleno centro comercial de Andorra la Vella. Oferta dos Restaurantes, zona chill out, pista de tenis, piscina exterior y área de tratamientos, masajes y gimnasio.

Les canals, 24. Andorra la Vella

Tel.: +376 877 777

Hotel Cisco Sans

En pleno corazón de la capital se encuentra este acogedor establecimiento, el más antiguo del país. Dispone de ocho confortables y curiosas habitaciones y un atractivo restaurante donde poder degustar los platos más típicos de la cocina andorrana.

Anna Ma Janer, 4. Andorra la Vella

Tel.: +376 863 188

Roc Blanc Hotel

Tradicional y recomendable establecimiento hotelero, considerado uno de los grandes de la hostelería andorrana. Sus amplios vestíbulos y sus numerosas habitaciones constituyen el lugar ideal para pasar unos días de ocio –así como sus tratamientos de alto valor terapéutico–.

Plaça Coprínceps, 5. Escaldes

Tel.: +376 871 400 / 902 930 400

Acta Arthotel

Ubicado junto al Parc Central y a pocos metros del Centro Termolúdico de Caldea, este cuatro estrellas ofrece habitaciones con vistas al exterior, climatizadas, con baño completo, mini bar, caja fuerte, albornoz y carta de almohadas. Además posee dos restaurantes, Plató y Gallery, perfectos para degustar lo mejor de la gastronomía andorrana.

Prat de la Creu, 15-25. Andorra la Vella

Tel.: +376 760 303

RESTAURANTES

Brasería Deimos

Ubicado en las propias instalaciones de Caldea, ofrece una carta reducida pero de muy buena calidad. No se pierdan entrantes como la ensalada con queso de cabra o tostas con foie , pescados como la corvina o el bacalao, ni su estupendo arroz caldoso.

Centro Termolúdico Caldea

Escaldes-Engordany

Tel.: +376 800 997

Moli dels Fanals

Pequeña borda de Sispony donde se oferta al cliente una cocina popular y tradicional basada en carnes a la brasa, y guisos de cazuela . Dolores Abad, responsable de los fogones y autora de dos libres de la cocina de la alta montaña , siempre esta presta a preparar un postre casero o los mejores caracoles a la “llauna” al decir de algunos Sispony

Tel.: +376 835 380

Sagardi

Un viaje a la cultura vasca a través del paladar. En el mismo corazón del centro comercial de Andorra la Vella se encuentra este establecimiento que enaltece los valores de la cocina vasca con unas carnes que hacen las delicias de sus comensales.

Avda. del Consell d’Europa, 12

Andorra la Vella

Tel.: +376 864 003

INELUDIBLES

Museo del tabaco

Espectacular espacio situado en un edificio emblemático de principios del siglo XX donde se encontraba la antigua fabrica de tabacos Reig de Sant Julià de Loira. Una industria que estuvo operativa desde 1909 hasta 1957, toda una época en la que el tabaco fue uno de los pilares de la economía del pueblo andorrano. A través de un sistema multimedia el visitante descubre los diferentes procesos de la producción, manufactura y comercialización de este producto vegetal, con sus antiguas herramientas, ingenios, mobiliario, máquinas y aromas que se utilizaban para producir los famosos “Dux” o los históricos “Charlemagne”.

Bus Turístico

Constituye una de las mejores maneras de descubrir las bellezas de las tierras andorranas, a través de diez itinerarios que llegan a todos los rincones de Andorra. Confortables y panorámicos autobuses que cuentan con audioguías disponibles en cuatro idiomas, un guía titulado para resolver cualquier duda del viajero, y un precio asequible a todos los bolsillos que incluye las entradas a los museos e iglesias, la visita a la “Casa de la Vall” (Parlamento) y los lugares más interesantes del país de los Pirineos.

Tobotronc (Naturlandia)

El remonte mecánico por cable más largo del mundo constituye una actividad ideal para toda la familia y ofrece la posibilidad de recorrer de una manera muy atractiva y segura el entorno del bosque de Naturlandia, circulando con un trineo que se desliza por unas vías de acero. El trineo tiene capacidad para dos ocupantes. La persona que se sienta en la parte trasera se encarga de dominar la máquina mediante dos palancas que ayudan a frenar en las curvas o en aquellas bajadas en las que se advierte, a través de señales, que es recomendable reducir la velocidad.

Esta atracción dispone de cien vagonetas o trineos donde pueden viajar una o dos personas por un precio de 9 euros –5,50 euros para los menores de 12 años, que siempre tendrán que ir acompañados por un adulto–. Además, existen forfaits de hasta cinco viajes con precios especiales. Más información en la página web www.Naturlandia.ad.

EXCURSIONES

Valle del Madriu-Perafita-Claror

Este es uno de los 55 espacios del mundo declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debido a su “Paisaje Cultural”. Una impresionante excursión a un inmenso espacio de más de 4.000 hectáreas –el 10% de la superficie total del país andorrano– para disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor. En su entorno hay que buscar esas cabañas de pastores recientemente recuperadas de manera tradicional (las “bordas”), zonas de pastos, los muros de piedra que delimitaban lo que en tiempos fueron huertos y, por supuesto, en verano, descansar. O mejor: dormir en uno de los tres magníficos refugios de montaña que existen en el valle.

Rocas en la calle

Un paseo por las calles de Andorra la Vella nos servirá para descubrir el sinfín de variedades de rocas sedimentarias, magmáticas y metamórficas que conforman su zona urbana, fiel reflejo de sus miles de años de historia. Unos paneles situados estratégicamente en las calles introducen al viajero en el desconocido mundo de la geología. La excursión se puede dividir en tres partes: el “jardín de rocas” situado en el Parc Central –una muestra de los principales tipos de roca que existen en Andorra–, un itinerario geológico por las diferentes calles de la “parroquia” para observar en detalle curiosas rocas de determinados edificios, y por último un paseo para descubrir la denominada “arquitectura de granito”, corriente arquitectónica de gran importancia en el contexto andorrano.

ACTIVIDADES

Turismo de salud y bienestar

La tradición termal de Andorra se remonta al tiempo de los romanos, quienes ya aprovechaban las cualidades de las aguas sulfurosas que aparecen y desaparecen por doquier en el territorio andorrano. Una escapada a Andorra no es tal si no se complementa con una visita al Centro Termolúdico Caldea, creado en 1994 para ocio y disfrute de los amantes del agua en todas sus vertientes. Un futurista y amplio espacio de 6.000 metros cuadrados, diseñado por el arquitecto francés Jean Michel Ruols y referencia del turismo de salud en Europa, que hará las delicias de niños y padres. Aquí todos pueden disfrutar de sus jacuzzis, laguna interior, máscaras, baños indorromanos, tratamientos de belleza, restauración y hasta espectáculo nocturno de luz, agua y sonido.

Paseos a caballo

Una de las actividades más gratificantes para descubrir los rincones más recónditos de la orografía andorrana. Existen varios centros hípicos donde se pueden alquilar caballos afables, conocedores y amantes de los viajeros que quieren adentrase un poco más en la belleza que ofrece el interior de los Pirineos. Muy recomendables son las cabalgadas por la “Ruta del Hierro” –para averiguar cómo se transportaba este mineral años atrás– y por el camino de los “ordeñaderos” –de impresionante belleza–, pero las rutas son muchas y sólo hay que acceder a un centro hípico para poder disfrutarlas.

COMPRAS

Andorra ofrece más de 1.500 comercios de todo tipo para los amantes del shopping. No en vano es referencia internacional como “paraíso de las compras”. Calles repletas de lujosos establecimientos con toda clase de artículos, y precios muy, pero que muy económicos, tentarán al viajero sin remedio. Quien no compra cigarrillos rubios por la mitad de lo que cuestan en España se lleva unos quesos franceses, unas botellas de licor, sofisticados perfumes o lo último en tecnología… Sólo hay que pasear por las estrechas calles de Andorra la Vella y Les Escaldes para descubrir este impresionante centro comercial abierto en pleno corazón de los Pirineos.

Tras los pasos de Robert Louis Stevenson

   Robert-louis-4Acostumbrados a viajar en tren o en avión con todas las comodidades y servicios imaginables, la perspectiva de una aventura “a la antigua” promete emociones fuertes. La excusa, el 130 aniversario del viaje que inspiró una de las primeras obras del autor de La isla del tesoro. El marco ideal, el Parque Nacional de les Cévennes, en las estribaciones meridionales del Macizo Central francés. La compañía, un burrito llamado Arsouille. Y el panorama más inmediato, un viaje repleto de romanticismo que será difícil olvidar.

Haber nacido cuando el siglo XX iba ya camino de cumplir los ochenta tiene, como hacerlo en cualquier otra época, sus ventajas e inconvenientes. Y la televisión puede ser, según se mire, ambas cosas. Gracias a ella hemos podido visitar lugares maravillosos sin movernos del salón, pero también nos ha robado la necesidad imperiosa de asomarnos a esos libros que, antes de que todo quisque tuviese una tele en casa, constituían la única ventana hacia los misterios de África, la única llave que abría la puerta del despacho de Sherlock Holmes, o el único billete válido para subirse al Orient Express. Y la tele fue, al menos en parte, culpable de que yo llegase tarde a mi cita con Robert Louis Stevenson. Me encontré de bruces con él en el VIPS de la madrileña calle Fuencarral, uno de esos días en que la lluvia te obliga a aferrarte al vagón de cola de tu destino.

 

La tele –o el cine, no recuerdo bien– me había llevado mucho antes a la isla del tesoro, pero el dibujo de Long John Silver en aquella portada me invitaba a emprender un viaje muy diferente hacia el mismo lugar. Después llegaron el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, La Flecha Negra y los Cuentos de los mares del Sur. Citas que se han vuelto comunes cada cierto tiempo, como si de dos viejos amigos se tratase, entre el viajero escocés y yo. Eso, unido a una concepción algo romántica del viaje en general y a cierta envidia hacia losviajeros’>viajeros de antaño –un sentimiento compartido con Stevenson–, hizo que, tan pronto como intuimos en nuestro horizonte la aventura de emprender un viaje siguiendo los pasos del escritor, nos pusiéramos manos a la obra.

 

UNA HUIDA HACIA ADELANTE

 

En 1878 Stevenson estaba enamorado hasta la médula de Fanny Vandergrift Osborne, una americana divorciada, casi arruinada y once años mayor que él. Se habían conocido en Barbizon, refugio francés de artistas y bohemios –él ya escribía y ella venía huyendo de su marido desde Colorado como una aceptable pintora–, y poco después se vieron clandestinamente en París, donde se hicieron amantes. Pero apenas un año después, Fanny regresó a Estados Unidos y Stevenson dudaba aún si seguirla –para lo cual tendría que reconocer ante su familia una relación hasta entonces secreta, y difícil de aceptar en la época– o no. Con la cabeza y el corazón enredados, decidió que lo mejor para aclarar las ideas era emprender un viaje. Una ruta que le llevaría, con la única compañía de la burra Modestine, a través de los actuales departamentos franceses de Haute-Loire, Lozère, Ardèche y Gard.

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La elección de Francia y de esta porción de su territorio en particular para la escapada respondía a tres cuestiones fundamentales: al hecho de que Stevenson se encontrase viviendo en el país galo en aquellos momentos, al buen conocimiento que tenía del idioma y las costumbres francesas, y a la necesidad de resarcirse de una de sus frustraciones como escritor. Siempre le apasionaron las historias que su niñera contaba sobre los covenanters escoceses, pero Walter Scott ya había escrito un libro sobre el tema. Así que, cuando Stevenson encontró en los camisards de las Cévennes un conflicto similar en origen, escenario y motivaciones al de sus compatriotas, se decidió a iniciar –el 22 de septiembre de 1878– un viaje que realizaría con la única compañía de la burra Modestine y del que saldría, algunos meses más tarde –en 1879–, Voyage avec un âne dans les Cévennes.

 

HUELLAS DE PAPEL

 

Viajando desde Montpellier en coche, a medida que nos acercamos al Mont Lozère para seguir los pasos de Stevenson el camino se complica. La carretera se retuerce como una serpentina entre bosques cerrados y barrancos que se vierten a un vacío inquietante. Nuestro joven escocés, enfermizo y con su silueta casi esquemática de escritor romántico –un look muy a lo Doc Holliday–, no emprendió un viaje fácil. Aún ahora, mucho mejor equipados y con infinidad de recursos más, las alturas de las Cévennes constituyen un reto.

 

Por fin llegamos a la estación de montaña de Mont Lozère, donde nos esperan tres simpáticas guías y Jean Pierre con nuestra “Modestine” particular. En este caso es un burro en lugar de burrita, se llama Arsouille y nos conquista antes incluso de las presentaciones oficiales. Iniciamos la marcha y resulta sorprendente comprobar que viajar con Arsouille nos ofrece los mismos “contratiempos” que Stevenson sufrió con su Modestine. Se detiene cada poco a comer las plantas que tapizan el monte y nos exige un cálculo exacto a la hora de repartir el peso en sus alforjas. A pesar de todo, es una gozada recorrer la montaña que separa el Languedoc de Auvergne, aún nevada, en compañía de nuestro burro. Tenemos la sensación de haber regresado a algún punto perdido de nuestros orígenes, y cada paso, cada minuto, es una recompensa maravillosa. La caminata no es demasiado dura y, tras hacer cumbre en el Pic de Finiels y descansar para disfrutar de un estupendo picnic –ensalada, embutido, quesos de la tierra y vino de Languedoc–, afrontamos el descenso hacia Pont de Montvert.

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El paisaje cambia por completo. Atravesamos tupidos bosques de pinos sorteando mil arroyuelos de aguas rápidas y cristalinas que aún viven del deshielo. Aquí mismo, obnubilado por la belleza del entorno, Stevenson se acordó de su Fanny: “incluso cuando estaba gozando de mi soledad fui consciente de una extraña carencia. Deseaba tener una compañera que yaciera cerca de mí a la luz de las estrellas, silenciosa e inmóvil, pero siempre al alcance de la mano. Pues existe una compañía más silenciosa todavía que la soledad, y que, bien entendida, es la soledad perfeccionada. Y vivir al aire libre con la mujer amada es la más completa y la más libre de todas las vidas”.

 

Recordando las frases de Robert desembocamos en un escenario dominado por campos de labranza, granjas y casitas de piedra. Tierras protestantes, de gentes amables y hogareñas cuyos antepasados lucharon en la Guerra de Religión de los camisards contra Luis XIV. Aquí nos despedimos de Arsouille, que se queda pastando tranquilo al fresco mientras espera la llegada de nuevos caminantes a los que acompañar.

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UN CAMINO REPLETO DE JOYAS

 

Desde Pont de Montvert, recorrido por las fuentes del majestuoso Tarn, salimos ya casi de noche hacia Cocurès en busca de un deseado oasis, La Lozerette. Un hotelito encantador en el que nos esperaba la reparadora ducha y una experiencia gastronómica inolvidable. Vinos de Languedoc, quesos, magret de pato y foie, entre otras delicias, que nos cargaron las baterías en apenas dos horas. Stevenson no tuvo tanta suerte –eran otros tiempos–, aunque seguro que las sopas que encontró en aquellas antiguas posadas le supieron a gloria después de varias jornadas deambulando por estas tierras montañosas.

 

El día siguiente amaneció brillante, dándonos el puntito justo para disfrutar a pleno pulmón de la espectacular cascada de Runes, y desde allí pusimos rumbo a Florac. Las expectativas estaban por todo lo alto, pues Stevenson lo describe como una de las etapas más bellas de su ruta –y hogar, además, de hermosas mujeres–. Una vez allí resulta difícil no compartir sus opiniones. Este pueblecito de poco más de dos mil habitantes es una encrucijada mágica.

 

Aquí confluyen cuatro ríos y tres zonas geológicas diferentes: las mesetas calcáreas y gargantas del Tarn, el mundo granítico del Mont Lozère y las lajas de pizarra propias de las Cévennes. Todo ello regala un paisaje majestuoso, que alberga sorpresas como la Fuente del Pescador, una preciosa caída de agua que llega desde las cumbres de piedra caliza y se desparrama hasta el río entre castaños en un decorado propio de un cuento de hadas.

 

Desde allí sólo nos quedaba emprender el camino hasta Saint Jean du Gard –donde terminaba nuestra ruta al igual que la de Stevenson– entre terrazas de labor y rediles de ovejas. Robert Luis Stevenson puso luego rumbo a América del Norte para acabar sus días en el Pacífico Sur. Hacia allí dirigimos ahora nuestras miradas esperando poder acompañarle de nuevo. Las páginas que dejó escritas serán, una vez más, nuestro mejor mapa del tesoro.