Camboya, El Renacer Del Imperio Jemer

Selvas inexpugnables que toman cuanto es suyo, playas de las que nunca oyó hablar, ciudades que conservan la esencia de una civilización ancestral y atardeceres coloreados con los matices que emanan del Mekong. Un destino donde los detalles son experiencias únicas que sólo se vislumbran con la pausa que el auténtico viajero imprime a la existencia.

Niños camboyanos en bici

Los templos de Angkor, antigua capital del reino jemer, atraen cada año a miles de personas en ruta por otros destinos asiáticos igualmente apetecibles en un alto de un par de días que apenas sirve para paladear la singularidad de Camboya. De sus llanuras infinitas empapadas de arrozales, del misticismo de un simple amanecer acompañado por centenares de figuras de Buda devoradas por una selva desbocada que nos enreda y nos atrapa, que nos fagocita como a las piedras de sus murallas para no dejarnos escapar jamás. La fecundidad de estas tierras, divisadas por primera vez por españoles y portugueses en plena decadencia del imperio Jemer, y regadas por el vasto Mekong, la gigantesca serpiente de agua que se retuerce entre sus pastos, convierten uno de lugares más inexplorados de Asia en una experiencia vital que nadie debería relegar.

Búfalo en arrozal

La convulsa historia del pueblo jemer, salpicada por continuas invasiones vecinas (desde Siam a Vietnam) y por el férreo Protectorado que Francia impuso en la Indochina durante más de medio siglo, vivió uno de los periodos más negros hace apenas 30 años durante el genocidio impulsado por los Jemeres Rojos y su líder, Pol Pot, que aún hoy impregna la memoria de los camboyanos y marca el devenir de unas gentes que, pese a los avatares, esbozan siempre una sonrisa ante el futuro.

Mermada durante el régimen de la Kampuchea maoísta, cuando el exterminio de intelectuales y otros enemigos burgueses acabó con la vida de casi tres millones de personas, la población camboyana alcanza los 14 millones de habitantes. La mayoría profesa el budismo Theravada, la escuela más antigua de esta confesión. El dinamismo de una población joven, que crece a ritmos insospechados y donde no es extraño encontrar seis o más niños por familia, está logrando despertar del letargo a un país eminentemente agrícola que ha encontrado en el turismo una fuente inagotable de recursos. Con el inicio del nuevo siglo, la llegada de visitantes a este reino oculto se ha disparado de tal manera que ya es la industria de mayor crecimiento y aporta más del doble que los impuestos recaudados por el Gobierno.

Hoy Camboya atesora una generosa red de alojamientos de toda condición capaz de satisfacer las necesidades del viajero más refinado y de una variedad de actividades turísticas que la convierten en un destino único en sí mismo. Desde las exóticas playas de Sihanoukville, frente al Golfo de Tailandia, hasta la propia capital Phnom Penh, que conserva inalterada la mixtura colonial francesa y el sabor asiático más puro que perdura en la región.

Camboya dispone de dos aeropuertos internacionales, en la capital y en Siem Reap, la segunda ciudad del país diseminada junto a los templos de Angkor, lo que ofrece varias alternativas para comenzar el viaje si contamos con los lujosos cruceros que remontan el Mekong desde Vietnam.

Monjes Budistas

Con apenas millón y medio de habitantes, Phnom Penh es el punto de partida ideal para comprender la realidad del pasado más reciente. Su frenética actividad deja, sin embargo, momentos de recogimiento que, al caer el sol, permiten disfrutar de una agradable cena o unos tragos en la azotea de alguno de los edificios coloniales que se desparraman por la avenida Sisowath Quay, el principal bulevar de la ciudad y eje de la vida nocturna. A sólo un paso se divisan las aguas del río Tonlé Sap, la lengua que se desparrama desde el Gran Lago del mismo nombre (el mayor del sureste asiático) y que abraza aquí las aguas del Mekong. Un escenario donde poder desayunar, leyendo quizá un periódico de hace 30 años de los tantos que venden los veteranos de la guerra, camino del Museo Nacional. Allí se guarda una colección de esculturas de bronce llegadas de todos los puntos del país. Entre ellas, una pieza de Harihara, deidad jemer conformada a partes iguales por Vishnu y Siva, una estatua orante del rey Jayavarman VII y decenas de tablas en sánscrito y antiguo jemer. La capital se extiende alrededor del Templo de la Colina o Montaña de la señora Penh, de donde toma su nombre, construido en 1373 sobre un monte artificial de 27 metros de altura para alojar cinco estatuas de Buda. Circundando el templo, un hermoso y ajetreado parque que se puede bordear encaramado a un elefante por apenas 15 dólares (el dólar es moneda común aunque conviene disponer también de rieles). A unos minutos, el hotel Raffles Le Royal, de estilo art-decó, es la opción más lujosa para hospedarse aprovechando el ventajoso cambio del euro.

Bailarinas

Durante el régimen de los Jemeres Rojos (1975-1979), la ciudad fue vaciada siguiendo la doctrina maoísta agraria que propugnaba el exterminio de la cultura urbana. La persecución contra intelectuales o cualquier persona que lo pareciera (por ejemplo, quien utilizara gafas) hizo que tras la caída de la Kampuchea de Pol Pot sólo quedaran aquí, entre ingenieros, médicos y profesores, unos cincuenta supervivientes. Miles de habitantes de Phnom Penh fueron torturados en el centro de detención S-21, un antiguo colegio en el que 3.000 militares martirizaron sin piedad a unos 10.000 hombres, mujeres y también niños, siguiendo la máxima de Pol Pot de que “para limpiar la hierba hay que sacar las raíces”. El que fuera mayor centro de tortura del régimen fue transformado en 1979 en Museo del Genocidio y es visita inexcusable para entender la realidad camboyana, y los tiempos en que 20 personas sobrevivían con una lata de arroz. A unos 40 minutos en coche, al sur de la ciudad, y unos 15 dólares en tuk-tuk (motocicletas con cabina para cuatro pasajeros) están los campos de exterminio de Choeung Ek, donde se encuentran las vitrinas llenas de los huesos y calaveras halladas en las fosas comunes. Conviene, si se desea profundizar tanto, guardar respeto e ir convenientemente vestido. Allí murieron 17.000 prisioneros, sólo siete salvaron la vida. Y como la memoria del país mantiene vivo el genocidio, también sus gentes, con quienes hay que tratar con suma delicadeza este episodio negro en el que muchos camboyanos participaron en un lado o en el otro.

Otro de los atractivos de Phnom Penh es el Palacio Real y su esplendorosa Pagoda de Plata, cuyo suelo está cubierto por 5.000 placas de plata de 1 kilo cada una. La mayoría está oculta para su protección, pero a la entrada se puede contemplar una muestra. Ya en el interior de la pagoda se descubre el llamado “Buda Esmeralda”, en realidad tallado en cristal de baccarat, pero cuyo significado místico para los camboyanos es superior a cualquier otro, pues la leyenda cuenta que llegó de la India cinco siglos antes de que Buda alcanzara el Nirvana. Ni siquiera el Buda de oro, de 90 kilos y cubierto de 9.584 diamantes le supera en importancia. Aunque el Palacio es la residencia oficial del rey Norodom Sihamoni, se puede pasear por buena parte de sus jardines y templos. Sobre la monarquía, los camboyanos se encuentran divididos entre quienes la respetan como parte de su tradición y quienes ven en ella una institución arcaica al servicio de China.

Templo de Angkor

Merece también la pena pasear por el Mercado Central o el Ruso, algo más alejado del circuito turístico, y disfrutar del regateo con los vendedores locales. Tenga en cuenta que los camboyanos son más flexibles que los vietnamitas en esta actividad y que se puede llegar a rebajar el precio de partida en un 50% o más, dependiendo de la voracidad en las compras. Aquí, una camiseta sale por uno o dos dólares, un pañuelo jemer (los hay de todos los colores; el negro era el de los jemeres rojos) incluso por menos y un pijama de seda, por unos 10 dólares.

En los muelles de la capital se puede tomar uno de los cruceros que surcan el Mekong. Uno de los más suntuosos, L’Amant, aguarda junto al magnífico restaurante Bopha, donde podrá degustar la suculenta comida jemer con un toque occidental. L’Amant, que dispone de 12 lujosas cabinas de estilo colonial, rememora el estilo de los viejos buques de 1930 y cuenta con todas las comodidades imaginables. La cordialidad de su tripulación y su excelente servicio de restauración hacen de la travesía una experiencia adicional muy gratificante. Disfrutar de una tormenta tropical en mitad del Mekong degustando uno de los cócteles que se sirven en la cubierta superior, en plena noche, es uno de los placeres sin precio de este mundo.

Mercado Flotante

Camino de Siem Reap, recorriendo la carretera nacional 6, se divisan las infinitas llanuras de arrozales encharcadas con el agua rebosante del Gran Lago. El trayecto, de media jornada, permite descubrir la esencia de la Camboya rural y del antiguo reino de Chenlá. En la región de Kampong Thom (donde nació Pol Pot) se hallan los restos arqueológicos de la antigua capital pre-angkoriana de Sambor Prey Kok (del siglo VI), precursora del Imperio Jemer. Anterior a la llegada del budismo, la cultura pre-angkoriana está marcada por el hinduismo, cuya influencia se deja sentir también en los templos de Angkor en una prueba del sabio sincretismo jemer. Si se desea prolongar la estancia, en Kampong Thom (capital que da nombre a la zona) hay alojamientos con mucho encanto, como el Sambor Village, para cualquier bolsillo.

La antigua capital jemer es hoy la ciudad más occidentalizada de Camboya por influencia directa de los miles de turistas que visitan cada año sus templos. La bulliciosa Pub Street recuerda a cualquier zona de ocio nocturno de Tailandia y sus hoteles, desde el majestuoso Sofitel Phokeethra hasta el exclusivo Amansara, son testimonio del cautivador lujo asiático. Siem Reap, con 800.00 habitantes, es la puerta de entrada a la ciudad imperial, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1992, y cuyo monumento más célebre es Angkor Wat, símbolo de la Nación y escudo de su bandera. El nombre del templo más grande del conjunto arquitectónico, dedicado en sus orígenes al dios hindú Vishnú, proviene del sánscrito (Angkor, “templo”) y del jemer (Wat, “pagoda”). Del siglo XII, se tardaron 37 años en concluirlo e hicieron falta 385 mil hombres. En el siglo XV, este templo hindú pasó a rendir culto a Buda, cuya figura es omnipresente como lo son las túnicas anaranjadas de los monjes y las delicadas apsaras, las ninfas acuáticas de la mitología hindú, talladas en la piedra y capaces de seducirnos casi diez siglos después.

Servicio de transporte

Sin embargo, Angkor Wat no fue el primero de los templos erigidos en la ciudad siguiendo la tradición de Jayavarman II, quien quiso reforzar su dimensión divina iniciando la edificación de obras religiosas. Ese honor corresponde al templo de Preah Ko, “El zorro sagrado”, levantado a finales del IX en honor precisamente del primer emperador jemer. Situado a las afueras de Siem Reap, a unos 20 minutos en taxi, Preah Ko forma parte del conjunto llamado Roluos, que integra también los templos de Prei Monti, Bakong y Lolei, este último sobre un “baray” (embalse para irrigar la zona).

Angkor Wat, considerada la mayor estructura de culto jamás construida, fue el centro político y religioso del imperio hasta el traslado al Palacio de Bayón, dentro de la Gran Ciudad amurallada de Angkor Thom. Bayón es el mayor exponente del “barroco angkoriano” de finales del siglo XII. Contaba con 49 torres (se conservan 37), todas adornadas con la imagen de Buda, que adopta hasta cuatro estados: caridad, simpatía, no envidia e imparcialidad. Junto a Bayón, la Terraza de los Elefantes, en cuyo paseo se celebraban las victorias militares en la que era la ciudad preindustrial más poblada del mundo con casi un millón de habitantes. Al otro lado de la fortificación de Agkor Thom, centenares de templos y monasterios se desparraman entre la jungla, como el de Ta Prohm (célebre porque entre sus muros se rodó “Tomb Rider”). Anestesiados por el sopor de la selva y hechizados por la música tañida por las apsaras quizá podamos alcanzar el Nirvana a la luz de un tenue atardecer. Después, vendrán las largas noches de Siem Reap. Carnales, pero igualmente mágicas.

Mujer en arrozal.

CÓMO LLEGAR

 

Vietnam Airlines ( 902 105 113) ofrece 12 vuelos semanales (6 vía París, 3 desde Fráncfort y otros tres desde Moscú) a Ho Chi Ming City (Saigón). Desde la capital vietnamita, la misma compañía enlaza con Phnom Penh o Siem Reap con vuelos diarios. Comodidad durante el vuelo desde 838 euros hasta el destino final. Air France comenzará a operar en marzo vuelos directos desde París a Phnom Penh. Lufthansa también vuela a la zona con escalas. Si desea contratar un paquete completo, Phoenix Voyages (www.phoenixvoyages.com) ofrece rutas de tres a seis días con extensiones a las playas camboyanas y viajes a medida. Sus guías locales hablan un español perfecto y conocen todas las pistas para hacer inolvidable el recorrido.   

 

HORAS DE VIAJE

El trayecto vía Fráncfort o París hasta Ho Chi Ming City dura unas doce horas. El vuelo desde la capital de Vietnam a Phnom Penh es de 45 minutos o una hora si se traslada directamente a Siem Reap. Incluidas esperas y escalas, la duración del viaje es de unas 22 horas hasta Camboya. Durante el aterrizaje en el aeropuerto internacional de Siem Reap se pueden contemplar los interminables arrozales inundados del centro del país.

 

TIPO DE VIAJE

Cultura, naturaleza, gastronomía y compras.

 

MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR

Como consecuencia del clima tropical sujeto a los monzones, la estación seca (invierno) de diciembre a abril es la más aconsejable, en especial entre enero y febrero. Las temperaturas oscilan de los casi 44 grados selváticos a los 27 de media en la capital. En Siem Reap, las máximas rozan los 30 grados y las mínimas 24. La humedad es elevada en los templos de Angkor y sus alrededores por lo que conviene llevar ropa ligera y protector solar. Los mosquitos no son especialmente molestos en la época seca aunque el repelente nunca sobra, sobre todo en las noches sin brisa.  

 

ESTANCIA MÍNIMA

Una visita completa, con la necesaria quietud para disfrutar de un destino lejano, no debe de ser inferior a diez días.

 

MOVERSE POR CAMBOYA

Una vez dentro, los desplazamientos pueden realizarse sin problemas por carretera. La nacional 6 une las dos principales ciudades del país en poco más de medio día. A mitad de trayecto encontrará Kampong Thom, la capital de la región arrocera. De Phnom Penh salen autobuses diarios a Siem Reap (también hay conexión aérea) y a las playas de Sihanoukville. Si se sale a primera hora de la mañana (desde las 7:00 am hay autobuses) podrá bañarse antes del almuerzo ya que el trayecto dura unas cinco horas por entre 4 y 7 dólares. Si desea alquilar una motocicleta, las licencias cuestan 40 dólares por un mes de validez, pero puede ahorrarse el papeleo sin sufrir mayores contratiempos. Las rutas en bicicleta son una buena opción en un país completamente plano salvo en las montañas del norte. Para los trayectos cortos, si no le apetece pedalear, un tuk-tuk es lo más divertido y barato. Por dos dólares de media, puede realizar un trayecto de unos diez minutos. Es ideal para salir a cenar y regresar a su hotel. Los encontrará por todas partes. No olvide regatear en todos aquellos precios que no estén previamente estipulados.     

 

ALOJAMIENTO

Raffles Hotel Le Royal

El mejor alojamiento de la capital camboyana figura en todas las guías de los mejores hoteles de Asia, conjuga a la perfección el lujo más refinado con la arquitectura colonial francesa. Edificado originalmente en 1929, por sus habitaciones han pasado distinguidas personalidades internacionales, como Jacqueline Kennedy, artistas, escritores, periodistas y miembros de la realeza, entre ellos, la Reina Doña Sofía. La esmerada decoración de su imponente lobby cautiva nada más llegar al igual que los detalles de cada habitación. Cuenta con cinco restaurantes y bares, una amplia piscina que circunda a los cuidados jardines y una zona de Spa donde disfrutar de un delicado masaje jemer. Acogedor en extremo.

92 Rukhak Vithei Daun Penh, Phnom Penh

Tel.: +855 23 981 888

 

Hotel Sofitel Angkor Phokeethra

A un paso de los templos de Angkor, combina a la perfección la arquitectura camboyana y francesa para resaltar la magnificencia del entorno, que incluye una laguna artificial junto a la que se distribuyen sus cuatro restaurantes, dos de ellos consagrados a la cocina franco-jemer y japonesa. Las maderas nobles destacan en sus 238 amplias habitaciones donde el lujo es la nota común. El trato personalizado al cliente y la simpatía de todo su personal generan una atmósfera de cordialidad que, sumada a las prestaciones del hotel (con un glorioso spa, piscina y una restauración de primer orden), envuelve al cliente. Además, dispone de un club de golf con 18 hoyos de reconocida categoría. Para volver.

Charles de Gaulle Av., Siem Reap

Tel.: +855 63 964 600

 

 

Amansara

Situado en la antigua residencia de invitados del rey Sihanouk, dispone de 24 suites (12 de ellas con piscina privada) en una estructura de estilo contemporáneo. La decoración, en tonos grises, ocres y blancos, destaca por su elegante sobriedad y por los cuidados detalles llegados de toda la Indochina que inspiran serenidad. Los suelos, de oscuras maderas nobles, proporcionan la calidez necesaria en un entorno. Magnífico spa. El elegido por Angelina Jolie.    

262, Krom 8, Phum Beong Don Pa, Siem Reap

Tel.: +855 63 760 33

 

La Résidence d’Angkor

Las maderas, el bambú y la decoración jemer están presentes en sus 62 habitaciones, con vistas al río, a la piscina o al jardín del resort. Todas ellas cuentan con terraza privada. Las suites se encuentran el el área más tranquila del hotel. Sus dos restaurantes, con platos jemer e internacionales, colman las expectativas. Destaca el Martinio Lounge, un espacio abierto en los jardines donde saborear la larga lista de cócteles. Encantador y asequible. 

River Road, Siem Reap

Tel.: +855 63 963 390

 

Victoria Angkor Resort & Spa 

Muy próximo al Royal Park, este cinco estrellas de arquitectura colonial de 1930 dispone de 120 habitaciones (por menos de 100 euros) y 10 suites en torno a un patio central y a su piscina. 

Central Park, Siem Reap

Tel.: +855 63 760 428

 

 

Sambor Village 

El único hotel boutique de Kampong Thom es la mejor opción para descubrir la vida en los arrozales de Camboya. Tiene 19 habitaciones por sólo 35 euros (60 la suite) y cuenta con restaurante y piscina.

Democrat St. (Brochea Thebatey), Kampong Thom

Tel.: +855 (0) 62 961 391

 

 

GASTRONOMÍA

Aunque la comida jemer tiene fuertes influencias chinas, indias, thai y francesas, la singularidad de sus materias primas y siglos de tradición culinaria la dotan de idiosincrasia propia. Tenga en cuenta que los camboyanos comen casi de todo: culebras, arañas e insectos de todo tipo. Nada les es extraño, aunque sólo encontrará estas rarezas en los restaurantes locales o en los mercados. El arroz blanco está presente en cualquier comida (tanto que los camboyanos utilizan el sustantivo “arroz” como sinónimo de “comida” como sustituto del verbo “comer”), en la que abundan los platos de carne y una gran variedad de pescado y marisco, tanto de río como de mar. El Gran Lago (Tonlé Sap) y el Mekong nutren de múltiples manjares las mesas camboyanas, desde el gigantesco pez gato hasta los pescaditos fritos que combinan con cualquiera de las fantásticas cervezas locales. En general, los platos son menos picantes que los thai, en ellos abundan el cilantro y las salsas, alguna de las cuales (especialmente las de pescado fermentado “prahoc” y “tuk trey”) es complicada para el gusto occidental. Las sopas son básicas durante el desayuno y el almuerzo.  Con base de arroz o de fideos de arroz y tamarindo, por poco más de un dólar se puede saborear en cualquier restaurante las populares samlor machou banlé (sopa especiada de pescado y piña), samlor machou moun (con pollo y lima) y otras variedades con gambas o cerdo y jengibre (samlor chapek). El pescado a la parrilla (trey ahng) es una especialidad así como el ahumado con coco, lima, chile y plátano (amoc), y el tea tim (guiso de pato).  

RESTAURANTES    

FCC

En una de las avenidas más transitadas de la capital se encuentra el Club de Corresponsales Extranjeros. Dispone de una carta interminable de platos jemeres e internacionales y de unas magníficas vistas al río.

363 Sisowath Quay, Phnom Penh

Tel.: +855 23 724 014

 

 

Khemer Surin

Cercano al Museo del Genocidio, en una casona de estilo francés de cuatro plantas, representa la visión más tradicional de la gastronomía local.

9, Street 57, BKK 1, Phnom Penh

Tel.: +855 12 887 320

 

 

Nest Angkor Cafe

Disfruta de un ambiente “cool” y de una carta del gusto occidental que fusiona cocina asiática y mediterránea.

Sivatha Blvd., Siem Reap

Tel.: +855 63 966 381

 

 

Café Indochine

Mixtura franco-jemer en estado puro. Espectáculo nocturno de marionetas y sombras chinescas.

44 Sivatha St., Siem Reap

Tel.: +855 12 380 495

 

 

Viroth’s

En el sublime hotel Viroth’s (siete exclusivas habitaciones), el restaurante del mismo nombre deleita con la sofisticación de su cocina de influencia local.

246 Wat Bo St., Siem Reap

Tel.: +855 12 826 346

 

 

Madame Butterfly

Carta fraco-jemer con influencias de toda Asia en una casona ajardinada colonial.

N6 Airport Road., Siem Reap

Tel.: +855 16 909 607

 

 

 

INELUDIBLES

Islas de Koh Kong

La costa suroccidental está repleta de playas tropicales bordeadas por manglares, parques nacionales plagados de cascadas e islas desiertas. Para llegar es necesario salir de Phnom Penh y tomar la Nacional 4. El corredor natural de Koh Kong es un paraíso para el ecoturismo por su proximidad a los montes Cardamomos, la segunda selva virgen más extensa del sureste asiático. El 4 River Floating Lodge (www.ecolodges.asia), es el alojamiento prefecto para explorar la zona. Situado en pleno río y a 20 minutos de la ciudad de Koh Kong Algunas de las islas de la región son un destino aún por descubrir. En especial la isla de Koh Kong, la mayor de Camboya, y Koh Sdach, situada junto al Parque Nacional Botum Sakor y cuyas playas figuran entre las más bellas del mundo gracias a los arrecifes de coral que las circundan. Cerca de la aldea de pescadores encontrará alojamiento.

 

Lago Tonlé Sap

Situado en mitad del país, provee de agua para el cultivo y pescado fresco a más de la mitad de la población. Se recomienda visitarlo en la época seca para evitar las inundaciones que se producen de mayo a octubre y poder así disfrutar de las poblaciones y mercados flotantes. Su rico ecosistema corre peligro como consecuencia de la deforestación

 

Crucero por el Mekong

A ambos márgenes de esta vasta lengua de agua se desarrolla gran parte de la vida de millones de camboyanos. Los ribereños organizan pintorescos mercados flotantes a primera hora de la mañana que podrá visitar si decide embarcarse en alguno de los barcos que como L’Amant (www.lamant/cruises.com) remontan el río desde Vietnam.

 

CONSEJOS

· Las propinas no son obligatorias. Un dólar extra es lo apropiado pues llega a ser la mitad del salario diario de la mayoría de camboyanos.

· Encontrará casas de masajes por todas partes con precios desde los cinco dólares.