The Residence Mauritius. Isla Mauricio

Enfrentado a un océano turquesa capaz de curar el estrés más intratable, The Residence asegura una buena dosis de cosquillas en el alma de cualquier viajero que se acerque hasta Belle Mare. Esta joya colonial, engarzada en la mejor playa de Mauricio, nos abre sus puertas para que, al menos por esta noche, podamos soñar con el Paraíso.

Una de las recompensas que lleva implícita cualquier viaje a Isla Mauricio es la cara que pone tu jefe cuando le dices dónde piensas pasar los próximos siete días. Como decía aquel anuncio, es algo que no tiene precio. No así el viaje mismo, que por supuesto lleva aparejado un buen desembolso de euros, aunque tampoco resulta tan abultado si lo comparamos con lo que suele costar, de media, una semanita en cualquier hotel de ensueño de otros destinos similares como Seychelles o Maldivas. Además, si el destino final es un hotel como The Residence, les aseguro que darán por muy bien empleados los mortadelos que dejen de brillar en su cuenta corriente como consecuencia de haberse dado este caprichazo.

Mauricio es conocida en los mentideros turísticos como “la sonrisa del Índico”, un sobrenombre que se le atribuye por el carácter afable y acogedor de sus habitantes, y que se manifiesta de forma aún más patente con los visitantes extranjeros. De hecho, no se extrañen lo más mínimo si en cualquier playa se encuentran de repente rodeados por jóvenes locales interesadísimos en saber cómo se llama, de dónde es, cuánto tiempo se quedará en la isla y qué piensa hacer al día siguiente. Es sólo el preludio de una invitación en toda regla para tomar un té de vainilla en la casa familiar, o para darle un tour gratuito por los mejores rincones de Mauricio.Pero, a pesar de que el carácter abierto de estos isleños es una absoluta certeza y de que Mauricio es un destino perfecto para hacer un sinfín de excursiones, si uno tiene pensado alojarse en este magnífico hotel lo mejor es planificar pocas salidas al exterior.

Un recibimiento de lujo: The Residence Mauritius. Isla Mauricio

Dice mucho a favor de este hotel el hecho de que, con tan sólo 11 años de vida, se haya convertido en una de las joyas del panorama hotelero mundial, aunque desde dentro resulta fácil comprender el por qué de ese éxito fulminante. La sensación de estar realmente de vacaciones llega antes incluso de cruzar la entrada. Apenas te has bajado del taxi, y ya te esperan en la escalera de madera que da acceso al hotel con una toalla fresca y perfumada con lima, un delicioso zumo de frutas y, por supuesto, con la mejory más sincera de las sonrisas. Y no es palabrería barata. Créanme, esa amabilidad sincera se percibe sin trazas de hipocresía lo mismo en el director del hotel que en el más novato de los camareros.

Ya mientras uno hace el check in, la brisa suave del Índico –que se divisa a escasos cien metros de la recepción– ayuda a que la bienvenida sea completa. Después de descansar un rato en el espectacular lobby del hotel –un inmenso espacio abierto decorado con maderas talladas, plantas y cómodos sofás– un miembro del staff te acompaña hasta tu habitación, no sin antes haberse cerciorado de que no prefieres realizar un breve recorrido por las instalaciones para que puedas sacarle todo el partido al hotel desde el primer minuto. Una vez en el cuarto, las explicaciones derigor –cómo funciona todo, dónde tienes información sobre los servicios disponibles, dónde se ubican los restaurantes, el spa, el gimnasio, la sala de Internet, etc.–, siempre con modales propios de una educación casi británica, pero a la vez empapada de esa calidez incontrolable con la que nacen los habitantes de la isla. Apenas cinco minutos después –salvo que uno requiera más tiempo para hacerse con la habitación–, otra sonrisa como una tajada de melón y todo está listo para empezar a disfrutar de tu estancia.

El hechizo del Índico

La pequeña población de Belle Mare, en la costa este de Mauricio, alberga la que para muchos es la mejor playa de la isla. Casi un kilómetro de finísima arena blanca, arrastrada hasta aquí por las olas durante siglos desde el arrecife, que sólo encuentra límites en los palmerales por un lado y en las aguas turquesa del Índico por el otro. Y es precisamente en el corazón de esa playa donde se ubican las instalaciones de The Residence. Así no resulta extraño que al poco de haber desembarcado en el hotel se encuentre uno ya, y casi sin darse cuenta, enfundándose el bañador y dando un paseo hasta el mar. Una preciosa laguna cuyas aguas, protegidas de los embates del océano por un alargado arrecife de coral, resultan tranquilas y perfectas para nadar o bucear.

O si lo prefieren, disfrutarlas mediante un inolvidable paseo a pie bajo el mar, al más puro estilo “20.000 leguas de viaje submarino” –escafandra incluida–, que se puede contratar en la misma playa y que permite admirar sin necesidad de tener título alguno la colorida vida submarina. La espectacular playa del hotel es una de las pocas que en la isla cuentan con una enorme extensión de arena en perfectas condiciones.

Tanto es así que, los domingos, son muchos los habitantes de las poblaciones cercanas que llegan hasta aquí vestidos como si vinieran de una boda, sólo para pasear descalzos por la arena y remojarse los pies. Entonces los omnipresentes colores blanco y azul del entorno se adornan con los vivos saris que llevan las mujeres, y un espectáculo inesperado se desata ante tus ojos. El resto de los días la playa permanece ocupada casi exclusivamente por los huéspedes del hotel, que se debaten entre las terribles disyuntivas propias de las vacaciones. ¿Bañarse en el mar turquesa y cristalino o leer tranquilamente bajo la sombrilla? ¿Hacerle arrumacos a la pareja o pedir un cóctel al camarero? ¿Bucear o hacer sudokus? ¿Un ratito de parasailing para disfrutar de la vista desde el cielo o mejor contratamos una excursión a una islita desierta con picnic en la playa incluido? Las opciones son casi interminables, pero no se preocupen. Aquí hay tiempo par a todo, y no es necesario advertirles que no tengan prisa por nada. Les advierto, eso sí, que la playa y el Índico tienen un poder de atracción casi gravitatorio, hasta el punto de que no será hasta el segundo o tercer día de su estancia cuando se den cuenta de que también tienen a su alcance una piscina maravillosa. Y tres restaurantes, dos bares, un gimnasio, una coqueta galería comercial, un spa maravilloso y, por supuesto, toda una isla por descubrir si les apetece.

Sabores del mundo

La gastronomía es también un punto fuerte del hotel. En su restaurante principal, The Dinning Room, los días comienzan con un espectacular bufé de frutas tropicales, quesos, embutidos, cereales, yogures, zumos, y por supuesto platos preparados al momento por cocineros locales. Desde una tortilla con ingredientes elegidos a la carta hasta gofres y crépes recién hechos, según el día. Todo acompañado siempre, claro está, por un exquisito café o por el típico té de vainilla de la isla –si lo toman con el azúcar de caña local, les sabrá mucho más rico–. A mediodía las opciones pasan por The Verandah –ubicado junto a la piscina y con estupendas vistas al mar–, The Gourmet Kiosque –para los que quieran tomar algo dulce un poco más tarde, a partir de las 15 h– y The Plantation.

Es en este último donde la experiencia gastronómica saca la mejor nota. A la hora de la cena, este coqueto restaurante abierto al mar se viste de gala para ofrecer suntuosos bufés temáticos y un exquisito menú a la carta. Mención especial merecen los mariscos y pescados, de una calidad y variedad excepcionales, y las parrillas que te permiten degustar tus alimentos preferidos- langostinos, cangrejo, pescado, carne…– recién sacados de las brasas. El bufé recoge a lo largo de la semana recetas de las cocinas árabe, china, mediterránea, india, japonesa, francesa y –claro está– criolla, y las cenas se amenizan algunos días con pequeños espectáculos de música y baile en directo –hay uno con raíces africanas que es estupendo–. El servicio es excelente en cualquier restaurante y a cualquier hora del día, así que lo mejor es probarlo todo un poquito. Y siempre queda la opción de pedir la cena en tu habitación, donde se puede degustar en la fresca terraza exterior, junto a los jardines.

The Sanctuary

El nombre no puede estar mejor elegido. El Santuario es un espacio de seiscientos metros cuadrados en el que se deparan los mejores cuidados para el cuerpo y el espíritu. Más allá de los masajes y tratamientos habituales –reflexología, drenaje linfático, envolturas, masajes exfoliantes, etc.–, The Sanctuary ofrece una amplia variedad de actividades saludables como Thai Chi, Pilates, Yoga, meditación o el Serenity Walk, un paseo guiado a orillas del mar que incluye gimnasia respiratoria, estiramientos y ejercicios tonificantes. Pero sin lugar a duda las grandes estrellas de este templo de la salud son el método Ytsara y los exclusivos tratamientos de La Prairie.

Ytsara, que significa “libertad” en tailandés, unifica los beneficios de la aromaterapia y los conocimientos etno-biológicos en un método holístico de salud y belleza inspirado en las virtudes terapéuticas de ancestrales técnicas y remedios asiáticos. Dicho así parece algo muy complejo, pero créanme: después de recibir cualquiera de los dos masajes Ytsara que ofrece The Sanctuary,

Akhasa y Samunprai, uno piensa, hablando en plata, “que vivan los conocimientos etno-biológicos, Tailandia y la aromaterapia”.Por otro lado, la firma suiza La Prairie tiene en The Residence uno de sus spas ubicados en lujosos hoteles de todo el mundo.

The Art of Beauty está especializado en tratamientos para aliviar el estrés, y sus técnicas y productos exclusivos –uno de los más exóticos es el masaje de cuerpo y cara a base de caviar– funcionan quizás mejor en este entorno que, ya de por sí, potencia la relajación y minimiza el estrés hasta acabar con sus síntomas más leves. Pero si a pesar de ello aún sienten algún coletazo de tensión o ansiedad, pueden recurrir a los programas específicos de varios días de duración diseñados por los profesionales de The Sanctuary.

Pensados para ofrecer un tratamiento más prolongado en el tiempo son capaces de desterrar de nuestro ser hasta los vestigios más persistentes de preocupación o intranquilidad.

Niños sí, gracias

Cada vez son más los hoteles de lujo que crean espacios y actividades especialmente diseñados para los más peques, de modo que los papis puedan llevarse a sus hijos de vacaciones pero, al mismo tiempo, disfrutar de merecidos momentos de intimidad y de calma.

The Residence no es una excepción, y continuando su tradición colonial ha creado su propio club infantil, The Planter’s Kid´s Club, en un entorno de 400 m2 cerca del mar que recuerda a las antiguas plantaciones de caña de azúcar. Personal especializado se ocupa de chicos de entre tres y doce años, proponiéndoles multitud de actividades formativas y recreativas –además de excursiones, deportes y todas las comidas del día, adaptadas a las diferentes edades– que los mantienen entretenidos durante la jornada.

Y volver, volver, volver…

Después de haber pasado unos días en este refugio selecto y delicioso, cualquier tiempo futuro será mucho peor, pero la experiencia que proporciona este hotel tiene efectos que se prolongan en el tiempo. Bastará con mirar algunas fotografías para volver a volar de nuevo, aunque sólo sea con la imaginación, hasta esta preciosa costa oriental de Mauricio. Y durante algunos meses, eso bastará para volver a sentir las caricias de la brisa del Índico, para volver a aquellas aguas de orfebre en las que el tiempo adquiere una dimensión diferente, o para olvidarse del ruido cotidiano. Y ya saben. Cuando el recuerdo no dé más de sí y sus efectos empiecen a flaquear, sólo tienen que coger un avión y prepararse para recibir, una vez más, la sonrisa más amplia y sincera del Índico.

St Regis Singapore. Lujo en grado sumo

Que albergue una de las exposiciones de arte privado más importantes de Asia, cuente con un equipo de mayordomos avalado en todo el mundo y traslade a sus huéspedes en una flota de Bentleys con chofer personalizado no es sino un pequeño botón del lujo que ofrece este refugio en pleno centro de Singapur

Para alguien que conozca la firma St. Regis, este hotel no será sino un reducto más de tantas excelencias y bondades que la han hecho famosa.

Quizá ni siquiera le haga falta seguir leyendo, pues es sinónimo indiscutible de acierto. Y es que la perfecta oferta de esta filial de Starwood, una de las más lujosas de la marca, se puede disfrutar en tan sólo diecisiete destinos del mundo, algo que demuestra que la exclusividad de la que hace gala no es simplemente palabrería.

Todo comenzó en Nueva York, en la esquina de la Quinta Avenida con la Calle 55, donde se ubica un primer St. Regis –inaugurado en 1904 por el entrañable Coronel Astor– que desde entonces ha sido constantemente reconocido como uno de los mejores hoteles del mundo.

La historia del hotel que nos ocupa, sin embargo, es todavía reciente. Y aunque abrió sus puertas en abril de 2008, gozando todavía de su primera juventud, ya ocupa un merecido puesto en el Top 10 de los mejores hoteles de esta maravillosa isla, ciudad-estado y país a la vez: Singapur.

Ubicado en el corazón de uno de los países más prósperos del mundo, cuentan que su inauguración es la más significativa en la ciudad desde hace once años. Estratégicamente, deja a dos pasos el centro financiero, atracciones turísticas como los jardines botánicos y el museo nacional, los deliciosos restaurantes, anticuarios y clubs del refinado barrio Dempsey Hill y las tiendas de Orchard Road, calle que viene a ser en Singapur lo mismo que los Campos Elíseos en París.

Aunque lo mejor está, por supuesto, dentro del hotel. Las habitaciones y suites, diseñadas por los aclamados arquitectos Wilson & Associates, ofrecen sensacionales vistas a los bonitos rascacielos que lucen espectaculares al anochecer.

Su decoración, donde destacan las sedas, las lámparas de araña, las maderas nobles y el mármol francés, consigue esa vuelta de tuerca que exige el estilo clásico para que pueda ser considerado actual. Aunque la modernidad queda patente con servicios como las cortinas motorizadas, los aparatos de alta tecnología o la línea de baño de Laboratoire Remède.

Pero más allá de las estancias, el mundo de posibilidades que permite el St. Regis es inigualable. Empezando por la colección privada de arte que se exhibe por todo el hotel –cuenta con piezas de Joan Miró, Marc Chagall o Fernando Botero–, pasando por el exclusivo Remède Spa –sólo se puede disfrutar en hoteles de la firma y éste es el primero en Asia– y terminando con la impresionante oferta culinaria.
Considerados de lo mejorcito en la ciudad, Les Saveurs sirve cocina francesa contemporánea, línea que también sigue el chic Yan Ring, especializado en cocina china. La Brezza está dedicado a presentar los mejores platos de la cocina mediterránea, The Drawing Room cuenta con opciones ligeras, pasteles franceses y una selección de tés preparados por Dammann Frères –reconocido especialista francés–, el bar Astor, llamado así en homenaje al fundador de St. Regis, es el rincón social del hotel, mientras que Decanter está reservado a los más sibaritas con una vasta colección de cosechas poco comunes de los viñedos más prestigiosos del mundo. El lujo, señores, está servido.

COMO LLEGAR

Singapore Air sólo opera vuelos a Singapur desde Barcelona. Iberia y British Airways conectan la ciudad asiática desde Madrid con escala en Londres. El hotel cuenta con una flota de Bentleys de lujo que cubren el transfer desde y hasta el aeropuerto internacional Changi, situado a veinte minutos del centro de la ciudad.

HABITACIONES y precios

St. Regis Singapur cuenta con 299 habitaciones y suites de las siguientes categorías: habitación Executive Deluxe, habitación Grand Deluxe, habitación Lady Astor, suite Lady Astor, suite Executive Deluxe, suite Manhattan, suite Metropolitan, suite Knickerboxer, suite King Cole, suite Astoria y suite Presidencial.

Los precios van desde los 345€ de la habitación Executive Deluxe, aunque lo mejor es aprovechar su variada oferta de paquetes y programas especiales.

INSTALACIONES Y SERVICIOS

Tres restaurantes, enoteca, tetería y bar · Servicio exclusivo de mayordomo · Spa, gimnasio, piscina exterior, jogging y pistas de tenis (aire libre y cubierta) · Cinco salas de reunión, sala de juntas y gran salón.

Hotel Mandarin Oriental Tokyo, dominando la ciudad

Ningún otro hotel domina Tokio con tanta clase y pocos han llegado a la cima del éxito de manera tan vertiginosa. Estamos ante el mejor alojamiento de la ciudad. Quizás por eso sobresalga también en las alturas de Nihonbashi.

En Tokio, la ciudad más poblada del planeta y el mayor centro financiero del mundo, no es nada fácil destacar. Pero si de hoteles se trata, hay uno que sobresale por encima del resto y que hace muy fácil la elección.Y no sólo se distingue por contar con las habitaciones más “altas” de Nihonbashi, sino porque está considerado el mejor de la ciudad… y eso es mucho decir tratándose de un espacio urbano que concentra miles de opciones de alojamiento. Claro que no todas son cinco estrellas y, en este caso, estamos hablando de lujo con todas las letras y con mayúsculas.

El Mandarin Oriental Tokyo domina la ciudad desde los pisos superiores de la Torre Mitsui, uno de los iconos arquitectónicos del barrio de Nihonbashi, considerado el “centro de Japón” desde la era Edo por ser el origen de todas las carreteras que conectaban el país. Con cuatrocientos años de historia, representa como pocos distritos esa característica contradicción tokiota que ensalza por igual tradición y futurismo, que acoge en la misma manzana este moderno hotel de apenas cuatro años y el primer centro Mitsukoshi –el “Corte Inglés” nipón– de todo Japón, que cobija armoniosamente modernos centros de negocios y antiquísimas tiendas de artesanía.

LUJO DE ALTURA

A las plantas superiores de la torre Mitsui, dominio del Mandarin Oriental, se accede en un ascensor privado… un mero aperitivo de la exclusividad, intimidad y selecta propuesta de este mirador cinco estrellas. El hotel presume de contar con algunas de las habitaciones y suites más grandes de Tokio, y el hecho de que todas tengan enormes cristaleras que miran hacia el incomparable skyline de la ciudad –al igual que en su homónimo neoyorquino– no hace sino aportar más amplitud a unas estancias donde abundan los caprichos: carta de almohadas, sábanas de algodón egipcio, albornoces de felpa italiana, yukatas (batas japonesas tipo kimono), productos de baño de Aromatherapy Associates, estera de yoga, tres televisores (dormitorio, salón y baño), sistema de sonido virtual surround o reproductor de DVD-CD son sólo algunos de los mimos destinados a satisfacer a sus exigentes huéspedes. El espectáculo comienza en el piso número 30, donde se ubican las categorías inferiores de habitación cuyas gracias van en aumento hasta llegar a la cumbre: la fastuosa Suite Presidencial del piso 36.Vertiginosamente encantadora.

PASIÓN DE SIBARITAS

Los cuidados del paladar y de la salud están garantizados con los fogones gourmet de sus cinco restaurantes y el exquisito spa holístico. A excepción del italiano Ventaglio, situado en la segunda planta de la torre, los demás restaurantes se ubican entre los pisos 37 y 38 para que las vistas sean un ingrediente más de sus deliciosos menús. Signature viene a ser el best-seller de la casa, con una cocina de inspiración francesa y una impecable presentación que sigue los delicados dictados orientales, valedor de una estrella Michelin y avalado por el reconocimiento planetario hacia su chef, Olivier Rodríguez. Sense se encarga de la cocina contemporánea cantonesa y cuenta con un coqueto Tea Corner.K’shiki brinda opciones ligeras e inolvidables panorámicas de los jardines imperiales, y Tapas Molecular Bar intenta aplicar la ciencia a la gastronomía con una sugerente propuesta degustativa de entre veinte y treinta bocados que utiliza recipientes de metal, cristal… y hasta probetas o pipetas. La música en directo y la vanguardista mezcla de superficies, texturas y formas reinan en el chic Mandarin Bar, mientras que el Oriental Lounge hace las veces de núcleo social.

Otro buen puñado de memorables sensaciones aguardan en The Spa at Mandarin Oriental: un viaje para los sentidos en busca de equilibrio, un regalo para cuerpo y mente que utiliza lo mejor de las terapias asiáticas y occidentales. No hay tal carta de terapias –en calidad y cantidad– en toda la ciudad, y ya sea en las salas de tratamiento o en la privacidad de una elitista suite, el silencio y la armonía inundan el lugar mientras Tokio sigue vibrando 36 plantas más abajo

CÓMO LLEGAR

No hay vuelos directos desde España. Japan Airlines vuela en código compartido desde algunas capitales europeas –Londres, París, Roma, Amsterdam–. Iberia y KLM, vía Amsterdam; Air France, vía París; British Airways, vía Londres; Swiss, vía Zurich; o Korean Air, vía Seúl. El hotel se encuentra a 90 minutos del Aeropuerto Internacional de Narita y dispone de varias opciones de transfer desde y hasta el mismo.

HABITACIONES Y PRECIOS

Mandarin Oriental Tokyo cuenta con 157 habitaciones –Deluxe (306€/noche), Premier Deluxe (330€), Mandarin Deluxe (345€), Mandarin Corner Room (370€) y Premier Grand Room (392€)– y 22 suites –Executive (620€), Mandarin (700€), Dynasty (785€), Oriental (942€) y Presidential–. El hotel ofrece además interesantes paquetes que incluyen varios de sus servicios.

INSTALACIONES Y SERVICIOS

Cinco restaurantes, dos bares, tetería, lounge y tienda gourmet · Spa con cuatro salas de tratamiento, cinco suites privadas, fitness center y boutique · 14 salas para eventos · Business Centre · Acceso directo a la estación de metro Mitsukoshimae.

Gyeongsangm Corazón indómito. Corea Del Sur.

El próspero reino de Silla floreció en estas tierras que son, en muchos aspectos, el verdadero corazón de Corea Del Sur. Un corazón fuerte y sano, encargado de preservar tradiciones y costumbres cuyas remotas raíces se pierden en el tiempo. La región con más encanto de este país, desconocido para muchos, asegura un viaje asombroso y plagado de tesoros de toda índole, en un lugar donde el futuro aún no ha logrado someter la fuerza del pasado.

The Peninsula. Tokyo

La capital de Japón es una de las urbes más fascinantes del planeta. Y es aquí, en medio de su apabullante centro financiero y junto al Palacio Imperial, donde se sitúa uno de los mejores hoteles de la capital nipona. El Península de Tokyo es un cinco estrellas que invita a soñar a través del diseño y la cultura japonesa en un ambiente íntimo y relajado donde no falta la restauración de altura. Bienvenidos a este gran refugio urbano.

 

Si hay un lujo que todos entendemos y apreciamos ese es el oriental, marcado por un servicio impecable, una decoración asombrosa y un trato gentil y amable. El grupo Península es especialista en esta práctica, y su establecimiento de Tokyo ofrece eso y mucho más, siendo hoy en día uno de los referentes de alojamiento y restauración más destacados del distrito de Marunouchi, una de las zonas financieras más potentes de la capital nipona. El barrio se encuentra situado entre el Palacio Imperial  residencia de la familia real– y la Estación de Tokyo, que acoge una galería de arte. Esta zona en principio estaba destinada a alojar edificios de oficinas, pero en la actualidad cuenta también con un sinfín de tiendas y restaurantes.

PENINSULA: CUANDO EL LUJO ES DE ALTURA

Nuestro vuelo llegaba al aeropuerto Internacional de Narita, ubicado a setenta kilómetros del hotel Península. Vino a recogernos un chófer en un flamante Rolls Royce, un servicio que ofrece el hotel –también cuentan con limusinas BMW–, y tras hacer el check-in nos llevaron a nuestra habitación, una Deluxe Park View. Asombrosa, impactante. Y es precisamente eso, impacto, lo que quería transmitir el diseñador de interiores Yukio Hashimoto al crear esa sintonía tan potente entre los interiores de las habitaciones –dominados por maderas y colores arena– y las vistas exteriores, que se asoman a los jardines del Palacio Imperial y al Parque Hibiya. Lo primero que hicimos antes de ir a cenar fue darnos un estupendo baño, en un espacio separado de la ducha, cubierto de mármol y con televisión de plasma. Empezábamos a disfrutar de unas vacaciones perfectas. La noche comenzaba a caer, así que tras deshacer las maletas y acicalarnos un poco nos acercamos al restaurante Peter, situado en el piso 24 y al que se puede acceder desde el lobby en un ascensor privado. Las vistas que ofrece este espacio gastronómico de altura son espectaculares, que no en vano es uno de los restaurantes más concurridos y selectos de Tokyo. Su chef, Patrice Martineau, propone recetas internacionales muy sofisticadas para degustar en un ambiente fashion. Tras la cena y para culminar una velada inolvidable, fuimos a tomar un cóctel al bar adyacente al restaurante. Un espacio muy íntimo donde además se pueden saborear champanes variados, una cocina creativa y cigarros puros. Pero esto no es todo en cuanto a restauración se refiere.Otra de las joyas culinarias de este magnífico hotel esHeu Fung Terrace, galardonado con una estrella Michelin desde 2009. Un restaurante elegante, distinguido y muy íntimo donde se pueden probar infinidad de delicias cantonesas. A la hora del té –que en Japón es casi sagrada– nada como acudir al lobby del Península para disfrutar de una merienda fantástica a base de sándwiches y pasteles con una tranquila música de fondo. Y para los amantes de la cocina japonesa de calidad, Kyoto Tsuruya es el espacio ideal. Hermano menor del famoso Kyoto Kaiseki, premiado con tres estrellas Michelin en 2010, este espectacular recinto gastronómico nipón ofrece varios menús degustación con un servicio impecable y una presentación de lujo.

 

MOMENTO DE RELAX

Tras tres días de intenso movimiento por la capital de Japón comprando y descubriendo Tokyo –es verdaderamente una urbe fascinante– decidimos darnos un buen homenaje en el spa del hotel, uno de los más sofisticados de la ciudad. Un santuario dedicado al cuerpo y la mente en un entorno de auténtica calma donde se pueden recibir tratamientos variados que combinan tradiciones orientales y europeas, según la filosofía de la prestigiosa marca ESPA. Cuenta con ocho salas de tratamientos con ducha privada, camas ajustables y sauna de cristal entre otras instalaciones. Alucinante el masaje que nos dimos, el Purva Karma, a cuatro manos sincronizadas y con dos terapistas por persona.

 

 

PARA AMANTES DE LA CULTURA

Otro de los atractivos de este hotel es la selección de interesantes actividades que ofrece a sus huéspedes –a partir de dos personas–. El programa Academia Peninsula propone lecciones personalizadas sobre la cultura, la historia, el patrimonio y las artes japonesas a través de excursiones privadas, y los enamorados de la cocina podrán aprender a elaborar como los grandes chefs el sushi y la tempura. Hasta aquí nuestra inolvidable estancia en este hotelazo de Tokyo, donde todo es glamour, elegancia, distinción y amabilidad. Como no podía ser de otra forma, el broche de oro lo puso la limusina BMW que nos llevó de vuelta al aeropuerto.

 

CÓMO LLEGAR

Iberia (www.Iberia.com) ofrece vuelos semanales vía Londres –el vuelo desde Londres al aeropuerto Naritade Tokyo es operado por British Airways (www. Ba.com)–. El hotel ofrece servicios de traslado a/desde el aeropuerto en Rolls Royce y limusinas BMW. También se puede llegar fácilmente en tren, ya que la estación central se encuentra a un breve paseo del hotel.

 

HABITACIONES

El hotel cuenta con 267 habitaciones y 47 suites. Todas ellas son espaciosas, luminosas y con un diseño espectacular. Las vistas son magníficas. Disponen de paneles de control multi-funcionales, indicadores de temperatura exterior, mini-bar, café y té, vestidor, espacio de trabajo, acceso a Internet, caja fuerte, secador, televisión de plasma y DVD. Servicio las 24 horas del día.

 

INSTALACIONES Y SERVICIOS

El hotel dispone de tres restaurantes y dos bares –uno en el lobby y el Bar Peter–.Cuenta también con un coqueto café boutique, el estupendo Spa by ESPA, sala de fitness y varias salas de reuniones. Organizan actividades para conocer a fondo la cultura japonesa, incluidas unas interesantes clases de cocina.

 

The Peninsula Tokyo

1-8-1 Yurakucho Chiyoda-Ku. Tokyo

Las montañas de Gengis Khan en Mongolia

Si buscas un viaje de aventura, en un contexto de naturaleza salvaje, sin presencia de civilización, sin pisar un centímetro de asfalto, rodeado de extensas estepas verdes, de ríos, montañas con nieves perpetuas, paisajes indescriptibles. Si prefieres los encuentros ocasionales con la cultura nómada, compartiendo su Ger, su gastronomía, su hospitalidad, o el avistamiento de fauna salvaje mientras contemplas el atardecer, éste es el lugar: el macizo de Gobi Altai en Mongolia. También llamado las Montañas de Oro por sus pobladores.

Mongolia es el país menos habitado del planeta. Con una extensión similar a la de Alaska, es decir,  aproximadamente tres veces la superficie de España y una población de dos millones y medio  de habitantes, de los cuales, casi un millón habitan en Ulam Bator.

En el Oeste del país se encuentra el macizo del Gobi Altai, una cadena montañosa que se extiende hasta el desierto de Gobi.

Para llegar a las estribaciones de éste paraíso natural, a unos 1000 kilómetros de la capital, recorremos estepas infinitas, salpicadas de ríos, de rebaños y, de cuando en cuando, de los Ger que delatan la presencia de nómadas.

Debido a las combinaciones aéreas es obligatorio hacer noche en Ulam Bator, disponiendo de bastantes horas para conocer la ciudad.

La primera sensación que te invade en Ulam Bator, es la de una ciudad de los años 60; algo destartalada, y con una peculiar mezcla de lo antiguo y lo moderno.

El centro alberga los edificios más altos, con las sedes de centros oficiales, embajadas, hoteles, museos…Alrededor, se desparrama el urbanismo horizontalmente, hasta llegar a las laderas de las montañas, dónde los ger o yurtas se entremezclan con casas de madera.

En Ulam Bator es recomendable la visita al gran templo budista Gandan, situado muy cerca de la zona de hoteles. Este recinto alberga en su interior la imagen de un buda de 20 metros de altura, además de cientos de pequeños iconos alusivos a la tradición budista-tibetana.

Otra experiencia interesante es, sumergirte en el bullicio del Mercado Negro (Narantuu), dónde se exponen, a precios increíbles para los occidentales, ropa, alimentos, antigüedades, pieles, calzado hecho a mano… un maremágnum de etnias, colores, olores, y artículos insólitos a la venta. Los sábados es el día de más afluencia.

La noche en Ulam Bator tiene su peculiar ambiente, especialmente en la zona universitaria. Un paseo por esta zona te mostrará a las nuevas generaciones de mongoles, llegados desde todas las provincias para formarse en las nuevas disciplinas que les permitirán abandonar los ancestrales oficios de sus padres.

Una sugerencia: si necesitas taxi durante la noche, lo más probable es que no lo encuentres; entonces hay que utilizar el sistema local: haz el alto con la mano a cualquier turismo que pase, explica dónde quieres ir, negocia el  precio (bastante más económico que un taxi) y encantado, el conductor te llevará.

Grupo de jack pastando

Con el nuevo día, comenzamos el viaje desde Ulam Bator hasta Khot, la población más cercana a Gobi Altai que dispone de pista de aterrizaje. Desde la ventanilla del viejo avión de hélices, contemplas las grandes estepas marrones y verdes, surcadas por caudalosos ríos y lagos de alta montaña. Las tres horas que dura el vuelo se hacen cortas; apenas desvías la mirada del paisaje aéreo que te absorbe.

Al aterrizar en Khot has retrocedido en el tiempo varias décadas. Una pequeña construcción, pegada a la pista, hace las veces de aeropuerto. El equipaje lo tienes que recoger en plena calle, cuando llega un antiguo camión ruso, desde el que un operario lanza –literalmente- los equipajes y enseres a los viajeros.

Con las mochilas al hombro nos dirigimos al encuentro del chofer-guía que, previamente, habíamos contratado.

Chuluunbat (Piedra Dura), de la etnia Oold, nos llevará, en su viejo todo-terreno, hasta Tset Seg, el punto desde el que nos introduciremos en las Montañas de Oro.

El camino, una pista de tierra de 220 kilómetros, lo recorremos en seis horas, hasta que, ya entrada la noche, llegamos al campamento formado por tres ger (a los mongoles no les gusta llamarles yurtas por ser una palabra rusa) instalado en una zona montañosa llamada  Khoid Bogsiyn Gold (Río de la colina del norte).

A pesar de estar a finales de agosto, la temperatura es de -2º centígrados. Se agradecen los sacos de dormir y, especialmente, la estufa situada en el centro del ger que se alimenta de excrementos de jack.

A las cinco de la madrugada, nos ponemos en pie y comenzamos, después de un reconfortante desayuno, la primera travesía.

Nuestro objetivo: avistar grupos de argalis, las ovejas salvajes más grandes del mundo, y objetivo codiciado de los cazadores occidentales, por las impresionantes cornamentas que lucen sobre sus cabezas.

Los primeros rayos de sol nos muestran el entorno que nos rodea. Un pequeño valle verde y azul, rodeado de montañas ocres, amarillas y grises.

Cuando alcanzamos la primera cima, accesible para cualquier persona con una mínima condición física, el paisaje multiplica su intensidad; las cadenas de montañas de distintas altitudes se van turnando con los valles, que alojan ríos alimentados por las nieves de las cimas.

Pastor dirigiendo un grupo de caballos salvajes.

Los rebaños de jaks, pequeños puntos negros amarillos y blancos, salpican los prados verdes que cubren las colinas.

Contemplando estas vistas te olvidas de casi todo; incluso de nuestra intención de encontrarnos con los argalis.

Continuamos marcha por la parte más alta de la zona. En nuestro rumbo se cruzan, con frecuencia, descaradas marmotas que nos miran con curiosidad.

A mediodía, mientras paramos para tomar un necesario refrigerio, un grupo de caballos semi-salvajes atraviesa la parte más baja del valle. Su estampa es majestuosa, especialmente la del líder del grupo, un ejemplar negro, con las crines colgándole hasta el pecho. Se detuvo altivo frente a nosotros, nos miró, y continúo su trote seguido del resto del grupo.

 

El resto del día avanzamos cruzando pequeños valles y montañas, hasta que ¡por fin¡

Avistamos, a cierta distancia, un grupo que confundimos con argalix. Con la ayuda de los prismáticos distinguimos unos cuantos ejemplares de Ibex, una cabra salvaje, con cornamentas monumentales. Los machos pueden alcanzar los 150 kilos de peso.

Estuvimos siguiéndolos, a cierta distancia, mientras pastaban las frescas hierbas de las montañas más altas.

Con la entrada de la tarde, y absortos en la contemplación de los Ibex, nos sorprendió una rápida, inesperada y fuerte tormenta de granizo que nos forzó a volver al campamento en busca de refugio.

Mercado local.

En las siguientes jornadas se repitió, diariamente, las mismas condiciones meteorológicas: mañanas y principio de la tarde con sol y, grandes tormentas de lluvia, nieve y granizo antes del atardecer.

Durante las siguientes travesías tuvimos la ocasión de contemplar águilas cazando marmotas, muchos ibex, pocos argalix, lobos, manadas de caballos, rebaños de jacks y, como denominador común, los paisajes, colinas que cambian su color del marrón al amarillo, contrastando con montañas grises, salpicadas de intensos ocres.

Recorriendo estos parajes, además de lo descrito, puedes encontrar con cierta facilidad y ubicadas próximas a las cimas, pinturas rupestres alusivas a los animales que cazaban los antepasados de los mongoles; en los valles, restos de tumbas de nobles de épocas remotas. Se distinguen por la concentración de piedras, formando un círculo, en cuyo centro, destaca la piedra más grande colocada verticalmente.

Otra experiencia recomendable es la de compartir la jornada con un grupo de nómadas. Estos clanes están compuestos por varias familias que comparten ganado, ger, y pastos. Se desplazan por el Gobi Altair en busca de pastos para sus rebaños.

Son hospitalarios, respetando sus normas de relación. Cuando llegas a uno de sus campamentos, debes esperar a una distancia prudencial (unos 100metros)  a que uno de los hombres del clan se acerque a ti. Una vez  que te presentas y le explicas el motivo de tu presencia en el lugar,  te suelen invitar a un té salado y, en el caso, de que  te sorprenda la tormenta del día, te ofrecerán refugio en su ger hasta que amaine el temporal.

Si te invitan a comer, conocerás la –fortaleza- de su gastronomía, basada en la leche y grasa de jack, y algún guiso de marmota. Si tienes la suerte de coincidir con alguna celebración familiar, probarás la exquisita carne del ibex, más parecida a nuestros gustos occidentales.

Montañas del Gobi

Nuestro último día en el Gobi Altai, lo compartimos con uno de estos clanes. Acompañamos a los jóvenes, cabalgando sus resistentes monturas mongolas, a vigilar sus rebaños de jacks; compartimos el guiso de marmota con toda la familia, paseamos junto a los camellos que utilizan como animales de carga, con el más anciano del clan, que nos explicaba con ternura y nostalgia el antiguo esplendor de su pueblo, recordándonos que debido a ellos, los mongoles, se realizó una de las construcciones más grandes que ha hecho el ser humano: la gran muralla china. Nos contó leyendas de su gran líder Gengis Khan. Y para acabar la jornada y nuestro viaje nos prepararon una despedida nómada. Fumamos pipas compartidas de tabaco ruso y bebimos el excelente vodka mongol.

Cuando nos despedíamos de nuestros anfitriones, uno de los jóvenes del clan llegó a galope tendido a la puerta del ger, después de intercambiar varias frases con sus mayores, cogieron un rifle y sobre sus monturas al galope se dirigieron a una zona alta donde pastaban el resto de caballos. Lógicamente preguntamos sobre el suceso, se trataba de que varios lobos merodeaban en la zona donde pastaban los caballos. Cuando llegamos al lugar, encontramos uno de los ejemplares más viejos, abatido por los lobos. No llegamos a verlos y, apenas les dio tiempo a comer de la pieza. La pérdida del animal disgusto a los nómadas, pero, según nos comentaron, es un hecho que se da con cierta frecuencia si no se vigila con atención.

Con esta anécdota finalizó nuestro viaje a Gobi Altai, una experiencia recomendable para los amantes de naturaleza más plena.

 

Puesto de venta de gorros situado en la calle.

Cómo llegar

Desde Madrid o Barcelona, con Aeroflot hasta Moscú. Desde allí hay un enlace con las líneas mongolas hasta Ulam Bator, la diferencia entre los dos vuelos es de 4 horas. No obstante consultar por si hay cambios. El vuelo desde Ulam Bator hasta Khot también hay que realizarlo con las líneas mongolas. Suelen ser puntuales. Ojo con los excesos de peso en el equipaje.

En Khot debes conseguir un todo-terreno, si lo prefieres con chofer-guía. Es aconsejable contratarlo desde España. A través del Ministerio de Turismo puedes contactar con guías o paquetes completos.

Horas de viaje

Desde Madrid a Moscú se llega  en cinco horas y media. De Moscú a Ulam Bator, seis horas. De Ulam Bator a Khot unas tres horas.

Desde Khot, por pista de tierra, a las estribaciones de Gobi Altai, unas seis horas.

Tipo de viaje

Aventura, naturaleza.

Mejor época para viajar

En Gobi Altai la mejor estación es en verano, desde julio a principios de septiembre. Teniendo en cuenta que por la noche la temperatura suele bajar del 0º centígrado.

Estancia mínima

Una semana, más los dos días de avión.

Moverse por mongolia

En la capital, Ulam Bator, el taxi es la mejor opción. En la puerta de los hoteles de 4 y 5 estrellas suelen estar disponibles. Si te gusta improvisar, otra posibilidad es hacer señales con la mano a cualquier turismo que pase,  explicar dónde quieres ir, y por un precio muy inferior al taxi te llevaran. No obstante, la ciudad merece la pena conocerla a pie, salvo las grandes distancias.

Fuera de Ulam Bator, las carreteras, en su mayoría, son de tierra. Se hace necesario alquilar un coche, con sin conductor. La mayoría del parque automovilístico es antiguo, los coches más recomendables son los todo-terreno, y una especie de furgón ruso que se adapta muy bien a las peculiaridades del terreno. Tienen cabida para  6-7 personas más equipajes.

Para distancias largas, por ejemplo Gobi Altair, se recomienda el avión. Tienen precios asequibles.

 

Monje budista

Alojamiento

NARANTUUL HOTEL

Situado en el centro de Ulam Bator, muy cerca del Monasterio Gandan. Es un hotel de 4 estrellas, con habitaciones muy amplias, conexión a internet, personal atento. La mayoría de las estancias tienen balcón. Es ideal para pasar una noche y recorrer, a pie, la ciudad.

En su restaurante puedes disfrutar de la gastronomía mongola.

Telf.- 976-11-330565

CHINGHIS HHAAN

También situado en el centro. Lujoso. Utilizado por diplomáticos, delegaciones comerciales. Ofrece todo tipo de habitaciones, desde dobles sencillas, suites, bussines. Sus instalaciones son modernas y equipadas al máximo. El servicio de personal es sobresaliente. Dispone de zonas de ocio, gimnasio, jacuzzi, tiendas y restaurantes.

Telf.- 976-11-330565

TERELJ HOTEL

A unos 50 km de Ulam Bator tienes el hotel más lujoso de la zona. Está situado en el corazón del parque natural Gorkhi-Terelj. Este cinco estrellas, concebido para el disfrute de sus instalaciones, está rodeado de parajes naturales increíbles que puedes conocer y contemplar a cualquier hora del día y a pocos minutos de tu habitación.

Su gastronomía, a la altura de los mejores restaurantes europeos.

Es el típico hotel para descansar unos días mientras disfrutas de la naturaleza que le rodea.

Telf.- +976-9999-2233

 

HS KHAAN RESORT HOTEL

 

Si quieres vivir unos días como un auténtico mongol rodeado de lujos ésta es la opción. La instalación dispone de gers o yurtas de lujo, con calefacción, chimenea,  y todas las conexiones necesarias.

Situado a  una hora desde el aeropuerto. Está rodeado de naturaleza y paisajes espectaculares. Puedes contemplar atardeceres increíbles desde tu -choza- mientras te sirven los mejores manjares de la zona. Por supuesto, la zona de ocio te ofrece todas las posibilidades clásicas, más excursiones a caballo por la zona para visitar familias nómadas.

Es ideal para pasar unos días en familia.

Telf.- +976-9908-8102

 

Miembro del clan mongol

Gastronomía

La gastronomía de Mongolia está basada en sabores fuertes. En Ulam Bator tienes opciones en muchos restaurantes de probar los mejores platos mongoles al gusto occidental. En las recepciones de los hoteles te indicaran las direcciones de los más famosos. Durante los últimos años han aparecido establecimientos, al estilo más europeo, para tomar café, bocadillos y helados que pueden servir para realizar una comida rápida. Los amantes de los frutos de mar lo tienen complicado; el pescado no existe, y si te lo ofrecen en algún restaurante son peces de río.

Los platos más populares son: el Boort sog, pastel de manteca y carne; el Boodog, carne asada con especias aromáticas; la Olla Mongol, tallarines, verduras, y trozos de cecina. Respecto a las bebidas, la más popular el wodka, todas las marcas mongolas son de bastante calidad; el Suutei tsai, té salado, no he conocido a ningún occidental que no retuerza el gesto con el primer sorbo; el Koumiss, leche fermentada, ojo porque normalmente es leche de jack, mucho más densa, grasienta y fuerte que la de vaca.

Fuera de la capital la oferta es más restringida. En la zona de Gobi Altai, no hay verduras ni fruta; la base alimenticia es a base de carne de marmota, cabra, y alguna pieza de caza como el Ibex. Lo productos lácteos son de sabor fuerte, la mantequilla, la leche, el yogur suelen estar aderezados con sal. Para viajar por esta zona, si eres delicado con la comida, es aconsejable llevar barras energéticas o comida liofilizada.

Ineludibles

En Ulam Bator

 

Templo budista Gandan

El recinto religioso más importante de la ciudad. Está formado por varias construcciones, templos, escuela, altares de ofrendas. En el interior del templo principal, accesible para extranjeros, encontrarás la imagen de un imponente buda de 20 metros de altura; a su alrededor, cientos de figuras de otros dioses menores, a los que los mongoles entregan sus donaciones. Hay varios monjes que van recogiendo continuamente el dinero depositado. Los monjes del templo son amables con los visitantes que no profesan el budismo, incluso puedes solicitar la visita a otras estancias no abiertas al público.

En los alrededores del templo encontrarás docenas de jóvenes mongoles que realizan sus estudios para monje. Con sus túnicas rojas y las cabezas rapadas inundan de alegría la solemnidad del recinto.

 

Mercado Negro

 

Narantuu, en las afueras de la ciudad, en pleno descampado, se reúnen miles de personas, sobre todo los sábados, para comprar todo tipo de artículos, alimentos, calzado, antigüedades, piezas de coches, pieles…

Es un espectáculo único, ya que a este mercado llegan habitantes de los pueblos próximos a la ciudad, incluidas todas la etnías que distinguirás por la diferencia y color de sus atuendos y por la mercancía que compran o venden.

Solo debes estar atento a tu cartera, ya que los extranjeros somos las victimas propicias para los carteristas que acuden a este mercado.

 

En Gobi Altai

 

Desde Khot, a las estribaciones montañosas, una pista de tierra de más de doscientos kilómetros, atraviesas  pequeñas poblaciones en la estepa. En cualquiera de ellas puedes parar e introducirte sin problemas. Merece la pena conocer sus pequeños mercados, los jugadores de billar que se suelen encontrar en la plaza del pueblo, incluso compartir el té con los lugareños. En los establecimientos de estos pueblos hay dos artículos que siempre encontrarás: tabaco ruso, que se  compra por kilos; y vodka local.

 

Cuevas y Tumbas

 

Ya en el interior del sistema montañoso, si te acompaña un guía, indícale que te lleve a conocer las cuevas de la zona; son impresionantes y con restos claros de que en aquellos lugares vivieron nuestros antepasados. En la mayoría de ellas encontrarás pinturas rupestres alegóricas a la caza de animales extinguidos.

Salpicando las mesetas, y los pequeños valles, encontrarás cúmulos de piedra donde fueron enterrados los nobles de la zona. Estas zonas son respetadas por los lugareños. Tienen distintos tamaños, desde círculos de piedra de dos metros, hasta los 30 metros de diámetro.

 

Un té con los nómadas

 

Imprescindible conocer a los míticos nómadas mongoles. Sus costumbres son las mismas que hace 1000 años, el único elemento que han incorporado a sus vidas es el rifle. Estar en sus gers, contemplar sus rebaños de jacks, montar, si te atreves, sus robustos caballos, desplazarte en sus camellos…

A través de tu guía,  puedes organizar una visita al clan nómada más próximo a tu campamento.

 

Actividades

En Ulam Bator

Si te interesa el folklore de la zona, puedes asistir a dos espectáculos tradicionales: los bailes mongoles, interpretados por acróbatas increíbles y contorsionistas imposibles. Incluso los ojeadores del  Circo del Sol vienen a Mongolia para contratar a estos profesionales.

La lucha mongola. Para ver este espectáculo tienes que informarte primero sobre las fechas de los campeonatos, ya que sus  participantes no son profesionales. Se suelen celebrar en las afueras de la ciudad, en plena estepa.

La información para estos eventos la pueden conseguir en la recepción de los hoteles.

En Gobi Altai

Campeonatos locales de tiro con arco a caballo.

En las poblaciones situadas en las estepas próximas a la montañas, los fines de semana se celebran competiciones locales a caballo; la más vistosa es la de tiro con arco. Los jóvenes mongoles muestran sus habilidades sobre los equinos, disparando, al galope, sobre las dianas.

La competición más habitual, es la demostración de control sobre el rebaño de reses de los jinetes. Un solo hombre es capaza de controlar al milímetro, un rebaño de  cien jacks.

Vuestro guía local os puede facilitar las fechas y las localidades más próximas dónde se celebran estas competiciones.

Excursiones

Desde Ulam Bator

Si dispones de dos días en la capital, puedes pasar una noche en la reserva natural de Gun Galuut, a unos 120 kilómetros de Ulam Bator. En la reserva dormirás en Ger occidentalizados, con calefacción por leña. Este lugar es propicio para realizar el primer contacto  con la naturaleza de Mongolia. Disponen de caballos, kayac, incluso bicicletas para desplazarte a tu gusto por la reserva. Se avistan bastantes aves y el paraje está bien conservado. Las instalaciones son excelentes, incluso para ir con niños.

Más información en la web oficial de la reserva.

Compras

En Ulam Bator, además del mencionado Mercado Negro, puedes adquirir, a buen precio, prendas de lana de cachemira, con excelentes acabados. Existen tiendas especializadas en estos artículos.

Gorros de pieles y calzado artesanal. Ambas piezas son los productos más buscados por los occidentales. El lugar con más variedad es el Mercado Negro.

Ojo con las antigüedades, si adquieres alguna asegúrate de que tiene todos los visados para sacarlos del país con los vistos buenos de la Administración.

Si sales de Ulam Bator, en cada población hay pequeños mercados. Los artesanos locales ofrecen piezas interesantes de bisutería con plata. Son piezas únicas y baratas.

Consejos

Para entrar en Mongolia necesitas visado. Se puede tramitar en el mismo aeropuerto de Ulam Bator.

.Aunque visites el país en verano lleva ropa de abrigo e impermeable. Si vas a Gobi Altai utiliza chaquetas polares, gorro y guantes. Gafas de sol y cremas solares protectoras.

Si contratas los guías -in situ- negocia siempre a la baja. Es recomendable hacerlo antes de llegar.

-Por si acaso, lleva barras energéticas. El agua mejor embotellada, excepto si la bebes de los riachuelos y torrentes de la montaña.