Amazonas. Travesía de Luxe en Perú

Aquellos conquistadores del siglo XVI que dejaron la vida a su paso por el Amazonas nunca imaginaron que algún día la travesía por este río inabarcable se podría hacer en un barco de lujo. Gracias a un viajero de este siglo, ese sueño quimérico se ha hecho realidad. Dos embarcaciones, el M/V Aqua y el Delfín, y una experiencia: ver de cerca la asombrosa vida de la selva acomodado en un “hotel” flotante de cinco estrellas.

 

Navegar por del río más largo y caudaloso del mundo –el siglo XXI le ha arrebatado al Nilo su anterior récord de longitud– es un sueño que anida en la mente de los que arden en deseos de aventura y de los que quieren quemar la inevitable curiosidad que despierta un lugar como la selva amazónica. Los audaces y valientes conquistadores provenientes de España eran de los mejores luchadores de Europa en el siglo XVI, según anota el historiador John Hemming en su Tree of Rivers: The story of the Amazon.

Pero cuando comenzaron la travesía por el Amazonas, su valor se convirtió en vulnerabilidad, y su audacia y destreza pasaron el testigo a la debilidad. No sólo por lo desconocido de estos parajes remotos y salvajes, sino por la cantidad de peligros e imprevistos con que les sorprendió un entorno en el que, desde siempre, la naturaleza sólo permite vivir a los mejores competidores, a los más fuertes, a los que mejor se adaptan a las reglas que impone este bosque húmedo, caluroso y abrumador.

 

Muchos de ellos acabaron padeciendo lo inevitable: fiebres y enfermedades, picaduras de mosquitos, ataques de serpientes y alguna que otra flecha envenenada por los indígenas invadidos. Eso sí que fue una aventura para desventurados en busca del El Dorado.

 

Historias pasadas y leyendas aparte, el Amazonas siempre ha ejercido un magnetismo especial en todos aquellos que aman el viaje en el sentido más puro del término.

Este imponente río color dulce de leche, que sólo rivaliza con el Nilo en el territorio del planeta Tierra, mide 6.800 kilómetros de largo y en su recorrido por Perú, Brasil y Colombia recibe agua de más de 1.100 cauces tributarios. ¿Alguno de los conquistadores de antaño con apellidos como Orellana o Pizarro hubieran imaginado cruzarlo en un lujoso barco con atenciones exquisitas y sin peligros a la vista? Seguramente no, o quizá sí, durante alguno de los sueños profundos e inquietos provocados por una fiebre delirante. La selva amazónica continúa igual de salvaje que antaño, pero en al actualidad se puede disfrutar de sus riquezas naturales a bordo de una maravillosa embarcación.

 

 

Antes de llegar a describir los placeres que esperan durante la travesía fluvial, hay que hacer una parada enIquitos, una de las ciudades más fascinantes de Perú y lugar desde el que parten los barcos protagonistas de estos cruceros de lujo –El Delfín y el M/V Aqua–. Iquitos, que significa “gente separada por el agua”, es la capital del departamento de Loreto y a ella sólo se puede acceder en avión o en barco. En la ciudad se respira una alegre atmósfera, protagonizada por el ruido de los motocarros, que funcionan como taxis y van y vienen por las calles como Pedro por su casa.

 

 

La Plaza de Armas es el centro neurálgico de la ciudad, y en una de sus esquinas destaca la Casa de Fierro, un edificio del siglo XIX diseñado por el mismo creador de la Torre Eiffel. El malecón de Tarapacá es un precioso paseo donde se suceden antiguas mansiones que pertenecieron a los señores del caucho, que en el siglo XIX se enriquecieron gracias a este material y comenzaron a construirse palacetes con lo que entonces era lo mejorcito de Europa.

Es decir, azulejos portugueses, mármoles italianos, balconadas españolas, etc.

 

 

La embarcación M/V Aqua espera en Iquitos para “pasear” a sus 24 pasajeros por el gran río. Los doce camarotes son pequeñas suites a las que no les falta un solo detalle, incluido un gran ventanal que es como un cuadro en vivo del Amazonas. Una pintura hiperrealista que cambia a medida que el barco devora trechos de río.

Con las primeras luces del día los animales que se ocultan en las riberas saludan el paso de la embarcación. Son las seis y media de la mañana y las pinceladas que dibujan el cielo son indescriptibles. Un abundante desayuno, donde las frutas tropicales son protagonistas, despeja al más soñoliento. Los pasajeros se acomodan en una lancha y comienza la excursión diurna por el gigante fluvial, con sus lagos y lagunas, sus afluentes tributarios y sus canales.

Si es época de lluvias –de noviembre a abril– más del 70% del territorio queda anegado, por lo que se puede llegar a lugares que en la temporada seca son inaccesibles.

 

 

Los guías locales, en su mayoría nacidos en la selva, muestran una destreza absoluta a la hora de moverse por estos canales –muchos de ellos no permanentes– y detectar la presencia de animales.

Son capaces de avistar un perezoso escondido tras una maleza, de distinguir un caimán entre los nenúfares o de escuchar el lenguaje de los monos desde una distancia considerable.

Las ricas flora y fauna se podrían comparar con las de El Dorado imaginario. Golondrinas blancas, camungos –inmensas aves negras con un cuerno en la frente–, garzas azules, nutrias gigantes… Y la estrella local: en el agua, entre los ríos Ucayali y Marañón, los delfines rosas –endémicos de esta zona– hacen sus particulares piruetas para asombro de los presentes. Los guías nos cuentan que la pesca de pirañas es aquí base de la alimentación de los indígenas, a los que se puede visitar en temporada seca debido a la mayor accesibilidad del terreno. En esa época también es posible divisar victorias regias, nenúfares gigantes con un metro de diámetro.

 

La travesía a bordo del “Delfín” es otra experiencia fabulosa para los sentidos. La embarcación, de corte clásico, parte igualmente de Iquitos. Sus siete camarotes están completamente equipados con detalles como almohadas de látex para prevenir las alergias y sábanas de rico algodón. Amanece pronto y con la suave luz que inunda el entorno apetece un sabroso desayuno, que se puede degustar en la coqueta sala de estar, un espacio abierto revestido con suelo de madera.

 

La amplia biblioteca ofrece la posibilidad de documentarse sobre el Amazonas y la selva peruana, algo aconsejable si se quiere disfrutar al máximo de cada excursión. Tras este momento de tranquilidad llega la hora de subirse a los botes y comenzar la aventura. Los itinerarios varían en función del número de días que el pasajero permanezca a bordo. Los guías locales, grandes conocedores del terreno, se encargan de dirigir la expedición a lugares como la Quebrada de Tamishiyacu, el río Tahuayo o el río Yarapa, donde se asienta la comunidad de Puerto Miguel, que habita en un entorno donde parece que el tiempo está detenido. Sus miembros deleitan a los presentes con maravillosas artesanías, fruto de su esfuerzo para mostrar al visitante la riqueza de sus tradiciones.

 

El río y la vida que lo rodea nunca se mueven de su sitio, pero a cada minuto se muestran diferentes. Por eso este pequeño universo pide a gritos venir a conocerlo.

 

Cómo llegar

 

LAN Airlines (www.Lan.com, Tel.: 902 112 424) ofrece vuelos diarios y directos a Iquitos –operados por LAN Perú y con conexión en Lima–, capital del departamento de Loreto y ciudad desde la que

parten las embarcaciones que ofrecen estos cruceros de lujo.

Iquitos está rodeada de agua, por lo que también se puede llegar por el río desde Pucallpa, aunque esta opción no merece tanto la pena, ya que la travesía tiene una duración de cuatro a seis días.

Iberia (www.Iberia.es, Tel.: 902 400 500) también conecta a diario la capital española con Lima, desde donde se puede volar hasta Iquitos con LAN.

 

Horas de viaje

 

Desde Madrid hasta Iquitos, contando con la conexión en Lima, el viaje tiene una duración de 22 horas. Desde Madrid a Lima el vuelo dura doce horas, y una hora y cuatro el vuelo Lima-Iquitos.

 

Tipo de viaje

 

Naturaleza, descanso y aventura.

 

Mejor época para viajar

 

Las lluvias se producen entre noviembre y abril, y de mayo a octubre tiene lugar la estación seca con chaparrones de gran intensidad pero de poca duración. El clima de la selva se caracteriza por su elevada humedad –entre el 80% y el 100%– y una temperatura media anual de 28 oC.

 

Estancia mínima

 

Cuatro días.

 

Cruceros

 

Hay dos empresas que se ocupan de ofrecer los cruceros por el Amazonas. Amazon Expeditions Voyages (www.AmazonExpeditionsVoyages.com) brinda la posibilidad de pasar a bordo de su embarcación “Delfín” tres, cuatro o siete noches.

Cuenta con un total de siete camarotes, cuatro situados en la cubierta principal y tres en la superior. Todos ellos están equipados con baños privados con ducha, almohadas de látex para prevenir las alergias, sábanas 100% de algodón, batas de baño y aire acondicionado.

La cubierta de observación y área de descanso tiene una superficie de 140 m2 con suelo de madera.

 

En ella se ubica un bar con cómodas sillas reclinables y mullidos sofás, equipado con reproductor de Video/DVD y pantalla de plasma, cuatro ventiladores de techo, amplia biblioteca con volúmenes sobre el Amazonas y parrilla. El espacio está completamente abierto, aunque existe la posibilidad de cubrirlo con cortinas de plástico cuando se producen lluvias. En la cubierta superior se emplaza el comedor, con capacidad para catorce comensales. El espacio dispone de paneles de madera, ventanas panorámicas y aire acondicionado. La cocina es de acero inoxidable y cuenta con una ventana a través de la cual se puede observar al chef mientras prepara sus recetas. Para las excursiones, el “Delfín” está equipado con dos botes de aluminio para ocho personas cada uno, ponchos de plástico y botas de jebe, linterna para salidas nocturnas y cañas de pescar.

 

Los itinerarios varían dependiendo del número de noches de alojamiento. El paquete de tres noches y cuatro días incluye excursiones a la Quebrada de Tamishiyacu, donde se puede explorar la vida salvaje de esta zona, un rico compendio de flora y fauna que no deja a nadie indiferente. En la expedición al río Tahuayo, de aguas negras, y sus lagos colindantes, los visitantes se adentran en la selva amazónica para contemplar el desarrollo de pequeñas poblaciones ribereñas que se dedican a la pesca y al cultivo de frutas exóticas. También se pueden avistar aves como garzas, gavilanes y jacanas, así como monos y perezosos.

 

Durante el tercer día se explora el río YanaYacu con el objetivo principal de pescar pirañas, ya que existen 25 especies diferentes y para los indígenas son una fuente importante de alimentación. En esta excursión también se puede observar la preciosa “ave del cuerno”, que suele anidar en este tipo de hábitat.

 

La tarde está ocupada con el avistamiento de diferentes tipo de delfines como el rosado o los delfines grises. El cuarto día se emplea en recorrer el río Yarapa y la comunidad de Puerto Miguel, donde se puede adquirir artesanía de alta calidad elaborada por los nativos a base de maderas exóticas, semillas y fibras de palmeras. Si eligen el itinerario de cinco días y cuatro noches podrán recorrer lugares como Río Ucayali, Yanallpa, el río Dorado, el río Puinahua, el Lago Atún Poza, el río Pacaya, el Lago Caro Curahuayte y las Islas Jóvenes. El itinerario de ocho días y siete noches es el más completo e incluye prácticamente todo lo descrito anteriormente.

 

Los precios varían dependiendo del número de noches, pero a modo orientativo, el paquete de tres noches y cuatro días tiene una tarifa de 825€ por persona en camarote doble y 2.180€ por persona en camarote individual. El precio incluye traslados de/hasta Iquitos, entrada a la Reserva Nacional Pacaya Samiria, asistente de equipaje en el aeropuerto y puerto, todas las comidas y todas  la excursiones con guía bilingüe.

 

No incluye el impuesto del aeropuerto ni las bebidas alcohólicas que se consuman a bordo.

 

Por su parte, la empresa Aqua Expeditions (www.AquaExpeditions.com) ofrece itinerarios de  tres, cuatro y siete noches a bordo del M/V Aqua.

 

La embarcación cuenta con ocho suites y cuatro Master suites, todas ellas con vistas panorámicas, aire acondicionado y sábanas 100% algodón peruano.

 

Además están decoradas con fotografías sobre el Amazonas realizadas por el francés Jean Claude Constant.

 

El restaurante está completamente equipado y en él podrán disfrutar de una experiencia gastronómica inolvidable, ya que la cocina está liderada por Pedro Miguel Schiaffino, uno de los chefs más reconocidos de Perú, que prepara platos de influencias peruana y europea, todo ello acompañado de un largo listado de vinos de excelente calidad.

 

El bar es un agradable espacio estilo casual y es el entorno ideal para tomarse un cóctel al atardecer.

 

Las excursiones varían en función del número de días de alojamiento, pero se recorre un tramo del Amazonas a través de los ríos Marañón, Ucayali y Puinahua –puedes consultar todos los itinerarios al detalle en su página web–.

 

Se organizan excursiones durante todo el año y las tarifas varían en función del número de días.

 

Pasar tres noches en una suite tiene un precio de 1.495€ por persona en ocupación doble. En la Master suite, son 1.600€ por persona en ocupación doble. Los precios incluyen todas las comidas con vino, excursiones, traslados de/hasta el aeropuerto, y entrada en el Parque Nacional Pacaya Samiria. El precio no incluye las bebidas del bar ni las propinas de la tripulación y los guías.

 

Los niños menores de 12 años deben pagar un suplemento de 250€ por noche

Del Océano Pacífico al lago Titicaca. Parte 2

El lugar sagrado de los Incas

 

El camino hacia el Valle Sagrado está marcado por los tonos oscuros de los tostados Andes, dorados del cultivo del cereal, de tierra roja y de casas de adobe. Casas coronadas por un curioso ornamento que consiste en una cruz, dos toritos que simbolizan la fuerza, una escalera para llegar al cielo y una botella de chicha como señal de hospitalidad. Al llegar a Urubamba, se sigue la vía del tren y se llega a una valla cualquiera. Imposible imaginar que tras el muro se esconde el paradisiaco Hotel Río Sagrado. La sorpresa aumenta sus atractivos que no son pocos. Casitas edificadas al estilo andino –en las que no faltan su torito y su cruz en los tejados– miran al río Urubamba o Wilcamayu (río Sagrado) y a los Andes. Una amalgama de flores, tropicales y continentales, cubren terrazas, laderas y jarrones del Hotel, potenciando aún más el colorido del entorno. Las habitaciones tienen una decoración sencilla en la que priman los vivos colores de los tejidos andinos: fucsias, naranjas, añiles y todos los lujos de un hotel de cinco estrellas, entre los que se incluyen una ducha acristalada con vistas al río Sagrado y terrazas abiertas al horizonte andino en las que es un privilegio sentarse a buscar la cruz del sur en las noches del hemisferio austral.

El Valle Sagrado, a 2.800 m de altura, encierra la franja de tierra que va desde Pisac hasta Ollantaytambo. Las ventajas de su estratégica situación vienen de antaño, del periodo inca que incluso lo ascendió al rango de “sagrado” por sus muchos atractivos. El Inca Garcilaso de la Vega, de quien Mario Vargas Llosa escribe con admiración considerándolo un “hito clave” en la historia del Perú: “fue el primer mestizo en reivindicar su condición de indio y español” comenta Vargas Llosa sobre éste gran historiador nacido en 1539 de un conquistador español y una princesa inca, que escribió sobre el Valle de Yucay situado en el Valle Sagrado: “El Valle de Yucay aventaja en excelencia a todos los que hay en el Perú por lo cual los reyes Incas lo tuvieron por jardín, lugar de deleites y recreación”. Un buen plan para aprovechar la belleza del Valle es levantarse por la mañana y tras tomar el desayuno, donde se degustan frutas, cereales, huevos frescos y quesos andinos observando el río, coger un mototaxi de los que esperan afuera del hotel para llegar enseguida al rancho El Chalan, que coordina con el hotel excursiones en los caballos de paso peruanos, raza autóctona del país descendiente de los caballos que llegaron en la época de la Conquista y que, al estar aislados durante cuatrocientos años, se convirtieron en una etnia caracterizada por sus proporciones corporales y el paso llano de su andar.

Desde 1992 este caballo está considerado Patrimonio Cultural de la Nación.

Partiendo del rancho a caballo recorremos las impresionantes salineras de Maras, que datan de la era prehispánica, y el poblado colonial homónimo donde los quechuas, ataviados con su elaborada y vistosa vestimenta invitan a probar la chicha morada de maíz rojo sin alcohol o la fermentada con bastantes grados. No se puede obviar Moray con sus terrazas circulares construidas por los Incas para sus cultivos, aunque se duda si también tuvo sus fines como anfiteatro o lugar de conferencias.

 

Llegando a la “Ceja de la Selva”

 

El día siguiente será muy especial, pues Machu Picchu aguarda con su majestuosidad y su leyenda. De Ollantaytambo, resto arqueológico inca, sale el ferrocarril Hiram Bingham bautizado en recuerdo del explorador americano que redescubrió Machu Picchu en 1911. Colores suaves en las tapicerías, maderas nobles, decoración tipo años 60, y un balcón desde donde observar la magnificencia del paisaje, acomodarán al pasajero en su trayecto hasta el pueblo de Aguas Calientes, desde donde se subirá en autobús al santuario. El viaje estará aderezado por una excelente comida acompañada de vino y un grupo musical que canta los boleros de siempre, mientras el tren traga kilómetros, entrando en el Cañón del Río Urubamba hasta llegar a la llamada “Ceja de la Selva”, donde el paisaje andino cambia y de la sequedad y los tonos ocres del Valle Sagrado se pasa a la húmeda selva que cubre las montañas de Machu Picchu y sus aledaños. El Hotel Machu Picchu Sanctuary Lodge goza de una situación privilegiada a los pies del lugar sagrado, que lleva a sus huéspedes a integrarse en el Machu Picchu (montaña vieja) observándolo desde la ventana de la habitación o desde el jacuzzi. El canto del colibrí y la imagen del Huayna Picchu (montaña nueva) envuelto en la niebla son un bello anticipo antes de entrar en el santuario, sentir el peso de la historia, cerrar los ojos e imaginar la vida cotidiana de los adoradores del Sol, mientras el guía Hermann explica con sabiduría los pormenores del Imperio Inca.

 

El Perú a golpe de raíl

 

¡Es una forma tan agradable, descansada, y concienzuda de conocer el país que le ha llevado a ser considerado uno de los siete viajes más bellos del mundo! Una vez experimentada la ruta que cubre el Hiram Bigham (Cuzco-Ollantaytambo-Machu Picchu), no queda otro remedio que probar el otro itinerario de Perú Raíl, subiendo al Andean Explorer que saliendo de Cuzco viajará hasta Juliaca y terminará su trayecto en Puno, a orillas del lago Titicaca. El interior del tren es de “coche-palacio de Pullman”, como fue publicitado en su nacimiento, allá por finales del siglo XIX. Los tonos ocres siguen protagonizando el paisaje, matizados por los picos nevados de los Andes y la corriente del río Huatanay. Desde la plataforma de observación pasan pueblos del color de su tierra, campesinos en los campos de maíz o de patata y mujeres quechuas acompañadas por su simpática llama. Y entre tanto, una botellita de vino peruano, una comida andina sabrosamente cocinada y, para que el entretenimiento no falte, un grupo de música acústica y una graciosa bailarina oriundos de Puno –ciudad famosa por sus músicos y la variedad de sus danzas– hacen una demostración de las serenatas andinas mientras el personal del tren desvela al pasaje el secreto del pisco sour, cómo hay que batir la clara de huevo en su punto, añadir el jugo de limón y echar un buen chorro de pisco.

El desfile de tejidos de alpaca y vicuña tiene como modelos a las azafatas del tren que, con gracia y desparpajo, muestran las bufandas, fulares, gorros y demás prendas confeccionadas con la cotizada vicuña, la alpaca, e incluso la llama.

La parada imprescindible en “La Raya”, el punto más alto del viaje a 4.200 m de altura, tiene un llamativo mercadillo donde las nativas venden tejidos de alpaca y de llama. El recorrido rico en horizontes y experiencias pasa por Juliaca, llamada “Ciudad de los

Vientos” pues nada la protege en medio de la inmensidad, para finalizar su recorrido en la ciudad de Puno desde donde continuaremos nuestro viaje por carretera hacia Arequipa.

 

En la cima de la Patapampa

 

Viajar en coche de Arequipa al Cañón del Colca es conocer los secretos de la Patapampa, el punto más alto del circuito del Colca, a 4.800 m de altura. Desentrañar el por qué de su vegetación y de esa vida aislada de los lugareños, que cuidan a las alpacas y las llamas, crían la cochinilla para confeccionar tintes y caminan durante meses hasta llegar a algún lugar donde cambiar la mercancía por productos necesarios para su supervivencia. Juan Marcelo guía la excursión. Es un erudito que desgrana hasta la más pequeña particularidad de la zona. Explica cómo de los cuatro camélidos de Perú, el guanaco y la vicuña son agrestes mientras que la llama y la alpaca son animales domésticos, y todos se alimentan del ichu, la hierbaamarillenta que puebla las alturas de la Patapampa habitada por estos camélidos que pacen en manadas y buscan los recodos de agua pantanosa donde beber.

Habla sobre esa llareta verde y musgosa característica del altiplano que fermentada en alcohol hace milagros con los dolores musculares, mientras una circunferencia grisácea rodea al Sol y lo envuelve en un arco iris dando una imagen fantasmagórica a los volcanes Misti –el gran señor de Arequipa– y Chachani, que se elevan sobre el altiplano. En el punto más alto de la excursión mujeres ataviadas con trajes multicolores y cubiertas por sombreros de lino bordado, venden su artesanía. A su lado unos curiosos montículos pétreos, las apachetas, antiguas ofrendas a los dioses, hoy testifi can el paso de los muchos transeúntes que prometieron volver a éstas tierras de inhóspito esplendor y construyeron su torre de piedras para asegurarse el regreso. Es el momento oportuno de masticar la hoja de coca con un catalizador de ceniza, pues los efectos de la altura se empiezan a notar: los brazos pesan y el aire se hace más denso.

 

Entrada al Valle de las Maravillas

En Chivay, la puerta del periplo del Colca, a 50 Km de Arequipa, la visita al mercado es obligatoria. Una variedad enorme de patatas –hay trescientas comestibles– llena los puestos y a su lado todo tipo de ajíes terminan haciendo las delicias del rocoto relleno, que se ofrece en el bullicioso comedor del mercado, mientras el carnicero despieza una alpaca.

Este es el “Valle de las Maravillas” dijo un emocionado Vargas Llosa cuando recorrió los pueblos ubicados en ambas márgenes del río Colca, desde Chivay hasta Cabanaconde pasando por Yanke, Achoma y Maca, observando el tranquilo vivir de sus gentes, las hermosas plazas coloniales donde se celebran las más famosas tradiciones de la Semana Santa de Perú, y los templos blancos de piedra sillar y estilo barroco indígena. Y llegar al punto álgido del trayecto para contemplar el majestuoso vuelo del cóndor en el mirador “Cruz del Cóndor”, donde águilas, cóndores y todo tipo de rapaces encuentra la atmósfera y el entorno perfecto para sobrevolar a sus anchas el espectacular cañón del Colca, uno de los precipicios más profundos del planeta.

Las Casitas del Colca están consideradas como uno de los destinos más completos de Suramérica, donde podremos disfrutar de la tranquilidad de los Andes. En una finca de 24 hectáreas, entre terrazas de cultivo, cactus centenarios a modo de esculturas y un sinfín de flores entre las que destaca la flor sagrada de los incas, la cantuta –de color rojo y forma de campanilla cerrada–, se sitúan las 19 Casitas del hotel. Entre ellas se pasean las llamas y las alpacas y hacen migas con los caballos destinados a recorrer con los huéspedes el Valle del Colca. Cada casita cuenta con su jacuzzi particular en la terraza de la habitación con vistas al valle, bajo el sonido cadencioso de las hojas de los eucaliptos balanceándose por el viento. En elrestaurante Curiña los ingredientes son los de la huerta de las Casitas y del Valle del Colca, como la quinoa, la alpaca o la trucha arco iris. El Spa Samaym ofrece una mascarilla a base de algas hecha con café andino y pisco, y masajes con aceite de muña y sal rosada de los Andes como exfoliante. Las Casitas del Colca, en el Valle de las Maravillas, bautizado con este nombre por Mario Vargas Llosa, son el broche de oro para un viaje sin precedentes por el embrujo y la belleza de las tierras andinas.

Del Océano Pacífico al Lago Titicaca. Parte 1

Perú. Es una palabra corta pero rotunda que evoca épicas gestas, imperios dorados, magia, leyenda y toda una gama de contrastes en su escenario que pasa de las selvas amazónicas al desierto, de los Andes alaltiplano y del océano a las alturas del lago Titicaca.

Esta variación geográfica le ha dado al país una indudable riqueza cultural, sociológica y gastronómica que el reciente premio Nobel de literatura Jorge Mario Pedro Vargas Llosa desmenuza, analiza y satiriza con ternura y con pluma magistral en su obra literaria.

Lima es la entrada al Perú. Una ciudad vital llena de historia que si de un primer vistazo puede despistar, según se la conoce va aumentando en interés y vivacidad. Dicen que allí nunca llueve, apenas una garúa invisible, y sin embargo su neblina casi perpetua es un techo plomizo bajo el cual se mueven ocho millones de habitantes. En el Centro Histórico, donde se encuentran la Plaza de Armas y los monumentos principales de la ciudad, que datan desde el s. XVI –cuando Lima fue fundada por los españoles como Ciudad de los Reyes–, los cuadros descritos por Vargas Llosa se suceden: los limpiabotas sacan brillo al calzado de sus clientes mientras éstos conversan entre sí igual que haría Zabalita con Santiago en “Conversación en la Catedral”, invitándole a comer cuyes con cerveza helada en el “Rinconcito Cajamarquino” o chupe de camarones o un tierno solomillo de alpaca. Y es que el cuy, la alpaca y los camarones son protagonistas culinarios en la vida peruana.

Y el lugar idóneo donde probar estos originales manjares es el restaurante Mesa 18 del Hotel Miraflores Park, situado en el barrio residencial de Miraflores. El Hotel está en el malecón de La Reserva frente a la bahía de Miraflores, la zona nueva de Lima, de modernos centros comerciales como el de “Larcomar”, de “carros” lujosos y restaurantes de última moda entre los que se camufla algún chifa que ofrece esa comida tan popular en Perú en la que se mezclan sabores tradicionales con cocina china.

El Miraflores Park mira al Pacífico y a los parapentes de vivos colores que sobrevuelan la bahía dándole un toque de color. Un hotel urbano decorado con elegancia y considerado por Condé Nast Traveller como uno de los quince mejores de Suramérica, donde se mueve una clientela cosmopolita que tiene aquí su punto de encuentro, de negocios o de placer ya que su hospitalidad, sus comodidades y su terraza en el piso 9 –desde donde se divisa la mejor puesta de sol de Lima–, son alicientes más que suficientes para acomodarse en él. A esto hay que añadir los encantos culinarios del restaurante Mesa 18, que recién reformado tiene una decoración vanguardista en la que las paredes están revestidas con fotos de la afamada fotógrafa Nelly García, y una cocina a cargo del Chef Federico Ziegler que utiliza, con influencias francesas, los productos de la “Pacha Mama” (Madre Tierra) para componer su sinfonía culinaria.

A su encuentro acuden los limeños para degustar un cuy (conejillo de indias) crujiente y sabroso, un solomillo de alpaca en su punto acompañado de quinoa (cereal típico peruano), langostinos frescos rebozados con cereales o un jugoso tiradito (carpaccio) de atún.

 

Camino de las nubes

 

Después de Lima, subir a Cuzco será la etapa siguiente. Un recorrido en el hay que irse acostumbrando a esa embriaguez casi placentera que supone el mal de altura. Un “trasladista” del Hotel se encarga de llevar a los huéspedes hasta el aeropuerto de Lima, Jorge Chávez. El tráfico es denso y resulta gracioso ver cómo las señales internacionales de Stop en Perú, literalmente traducidas, rezan “Pare”.

Es una delicia escuchar la cantidad de adjetivos, motes y verbos adjetivados que usa el peruano para definir las cosas y las personas de forma dulzona, casi mimosa. El “trasladista”, simpático y meloso, deposita a su grupo en el aeropuerto desde donde volarán a Cuzco, aterrizando en el Alejandro Velasco Astete –nombrado así en honor al piloto que realizó el primer vuelo LimaCuzco–, donde otro “trasladista” los llevará hasta el Hotel Monasterio, en el centro de la ciudad, tras haber dado los pertinentes consejos para la altura: no cansarse, no comer mucho y beber bastante – excepto alcohol–, andar despacio y tomar mucho mate de coca o de la hierba mentolada muña. Muros anchos, mue bles de maderas nobles, cuadros de la escuela cuzqueña de pintura y un claustro rodeado de arcos con un cedro centenario en el centro se fijan en la retina en un primer vistazo antes de entrar en los detalles de los viejos portones, los patios empedrados y la magnífica iglesia de estilo barroco indígena. Esta espléndida edificación nació como palacio inca de Amaru Qhala, y en 1595 los jesuitas lo eligieron para edificar un monasterio que años después pasó a ser la Real Universidad Pontificia de San Antonio Abad. Más tarde volvió a su origen monacal hasta que terminó por convertirse en hotel en 1965, pasando a formar parte de la colección de Orient-Express en 1999. El primer contacto con los quechuas son las tejedoras que a la puerta de la iglesia del Hotel Monasterio se apostan con sus telares y hacen una hermosa demostración del arte de tejer, trasformando las madejas deshilachadas de vivos colores en bolsos, alfombras e incluso en muñecas Taitas y Mamachas, vestidas con ropa de alpaca.

Paseando por el cuzqueño barrio de San Blas, “El Barrio de los Artistas”, se escucha hablar castellano,quechua y aimara, y se observa a las mujeres quechuas que enfilan la calle ofreciendo sus labores acompañadas por una llama y por los churres, como familiarmente se llama a los niños, que acuden al turista y le piden con una gran sonrisa una propina por hacerse la foto con su llama.

Cuzco es una joya, y por algo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Cuenta con una ubicación excepcional en la vertiente oriental de los Andes, en la misma cuenca del río Huatanay, lo que le hace tener un clima seco, de días cálidos y noches frías. Se dice que durante el colapso del reino de Tiahuanaco u nos centenares de hombres se establecieron en el Valle del río Huatanay, culminando su conquista con la fundación de Cuzco que aparece como la ciudad más antigua de América. Más tarde Francisco Pizarro la refundó en 1534 estableciendo como Plaza de Armas la plaza principal del incanato. Se atribuye al inca Pachacútec el haber hecho de Cuzco un centro espiritual y político. Restos de piedras incas cimientan las casonas coloniales suscitando la manida pregunta de ¿cómo en aquellos tiempos se podía cortar la roca con esa perfección, haciendo las líneas tan rectas y limpias como si de un trozo de mantequilla se tratara?

Un claro ejemplo de esta perfección se encuentra en Coricancha, un santuario inca dedicado al Dios Sol que ahora alberga el convento de Santo Domingo.

Las casas cuzqueñas están pintadas de blanco y sus ventanas, puertas y balcones son de color añil, a veces verde, a veces rojo. En los bajos suele haber tiendas de artesanía o de ropa confeccionada con la cotizada fibra de vicuña, secundada por la de alpaca. Los limpiabotas compiten por conseguir lustrar el calzado del turista al que abordan aunque lleve unas Nike, asegurándole que tienen productos especiales para ese género y que las deportivas quedarán como nuevas tras su repaso. Las llamas deambulan por la calle como un habitante más, con esa media sonrisa marcada con la que parecen reírse del mundo o por lo menos no tomárselo muy en serio.

Los puestos ambulantes venden sopa de pollo y chicha, la bebida andina por excelencia en la que el maíz fermentado produce un licor de sabor amargo que alivia las noches del altiplano. El colorido es el de los trajes quechuas aderezados por un sombrero a modo de hongo que llevan las mujeres día y noche y que casi se ha convertido en un apéndice más de su anatomía. El sonido lejano es el de algún músico tocando instrumentos acústicos.

Vida a borbotones en todos los rincones. Esa vida que se apoderó de la escritura de Vargas Llosa, que comentaba: “Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes le escogen a él”.

De vuelta al Hotel el restaurante Illariy espera para ofrecer uno de sus platos estrella: el quinotto (risotto de quinoa) con setas shitaake acompañado de espinacas y brie peruano envuelto en pechuga de pollo con chalotas caramelizadas a la salsa hoisin, especialidad del Chef Mariano Takinami.

Un mousse de fruta de pasión de postre y para que la pasión no se apague, una visita al bar colonial delhotel, donde probar alguno de los cócteles confeccionados con pisco: el más famoso es el pisco sour, pero otros como el chiclano –con ginger ale y angostura–, el capitán –con vermut rojo, angostura y hielo– y elpisco libre –con coca cola– no están nada mal.

Al amanecer suenan acordes de música gregoriana y la luz juega entre las arcadas formando claros y sombras. Aunque da pena abandonar ese vergel de paz, el viaje al Valle Sagrado es un fuerte estímulo para continuar la ruta.