Amazonas. Territorio virgen

Su impenetrable interior, cobija una explosión de vida sobrecogedora sin cuya existencia la presencia humana sería una quimera. Un vergel cuajado de leyendas, de tribus aún vírgenes; de cacao, mandioca y caucho, y de millones de plantas y animales por descubrir capaces de curarlo todo. Un preciadísimo tesoro que se concentra, en buena parte, en este Estado de Brasil.

Santa María de la Mar Dulce, así bautizada por su primer descubridor, Vicente Yáñez Pinzón, es el cosmos entero engendrado a partir de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno.

Recorrer el también llamado Marañón, renombrado por Francisco de Orellana, que alcanzó su desembocadura en 1542 hasta combatir con una tribu de guerreras armadas con dardos y cerbatanas, implica regresar al origen primigenio, a la naturaleza más salvaje y abrupta, a la belleza pura.

Sólo allí, en la conjunción de los ríos Negro y Solimoes –el Amazonas al fin– podrá sentir el espíritu de la conquista y la sensación de ser pionero en aquellas tierras. Y puede que así sea, porque la inmensidad de este Estado brasileño, el mayor de todos, provee al mundo de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de selva continua –tres veces España–.

El único espacio realmente virgen del planeta.

Las dimensiones de esta lengua de agua que todo lo inunda son descomunales: cada segundo desagua cerca de 175 millones de litros de agua. Al día, descarga más que todo el río Támesis en un año entero.

Pero el Amazonas no es sólo agua. Arrastra los sedimentos ricos en calcio, potasio, magnesio y otros metales necesarios para alimentar a una selva donde los árboles llegan a los 60 metros y se unen hasta crear bosques sombríos donde es posible que jamás haya penetrado la luz del sol.

Allí conviven jaguares, toda suerte de monos, defines de agua dulce –el llamado boto rosado–, zorros, lobos, tapires, peces inmensos, yacarés, caimanes, tortugas y serpientes como la temible anaconda.

Y, claro está, el hombre: ciento veinte mil individuos indígenas divididos en 66 etnias, que hablan 29 lenguas.

La mayor población indígena de Brasil.

Manaos, su puerta de entrada natural, es sin embargo una metrópoli vibrante y casi la única mancha humana que se puede escudriñar desde el aire, apenas un punto en mitad de un inmenso tapiz verde cuyo esplendor se alcanza entre abril y junio, cuando las rebosantes aguas de sus once afluentes mayores lo anegan todo.

Una vez en la capital de Amazonas, la mayor y central estrella de su bandera, el Hotel Tropical Manaus es una de las mejores opciones para alojarse. Este lujoso cinco estrellas se encuentra a pie del río Negro –que concentra menos mosquitos que el Solimoes por la acidez de sus aguas– y a sólo unos kilómetros del centro de la ciudad.

Con más de 1,5 millones de habitantes, la “París americana” fue la primera ciudad brasileña con luz eléctrica y alcantarillado gracias a la pujante industria del caucho, que se desarrolló desde finales del XIX.

Su imponente teatro Amazonas, de 1896, coronado por una colorida cúpula que conforma la enseña brasileña, domina el centro. Su patio de butacas y sus escaleras de maderas amazónicas tratadas en Europa lo convierten en una joya en sí mismo.

Recorrer el Mercado Municipal, una réplica del parisino Mercado des Halles, es una delicia. Allí se condensan todas las especies de peces de la región, desde el gigante pirarucu, hasta el carnívoro tambaqui.

El Museo del Indio, que reúne las artesanías de las etnias indígenas amazónicas, y

el Puerto de Manaos, son también visitas obligadas.

Las paradisíacas playas también están a nuestro alcance, como las de la Luna o Punta Negra, que alberga la mayoría de locales nocturnos de la ciudad. En verano, durante la estación seca, las fiestas regadas con caipirinha alargan la diversión hasta el amanecer. Las cascadas do Leao, con aguas limpias y frías, están en el kilómetro 34 de la carretera que une Manos con Itacoatiara, y junto a las de Taruma son los saltos de agua más bellos próximos a la capital.

Otro de los atractivos de Manaos es su cercanía al “encuentro entre las aguas”, una maravilla natural poco conocida.

Apenas a diez kilómetros y una hora en barco desde la ciudad, el barroso río Solimoes y el río Negro se encuentran y corren sin llegar a mezclarse durante seis kilómetros.

 

El impresionante espectáculo se debe a que las aguas del Solimoes discurren más rápido y tienen mayor temperatura que las del río Negro, más pesadas por su acidez, y más frías.

Tras la experiencia, que nos regala una aproximación a las descomunales dimensiones del gran río, estamos preparados para adentrarnos en la selva.

Allí encontraremos tres alojamientos ecológicos ideales para lanzarse a la aventura: Ariaú Towers, Amazon Ecopark  Jungle Lodge y Tiwa Ecoresort. Todos ellos disponen de actividades que van desde un chapuzón con los sociables botos, los delfines rosados de agua dulce, la pesca de pirañas o la observación de yacarés, caimanes que pueden alcanzar los seis metros. Al oeste de estos lodges se encuentra el archipiélago de Anavilhanas, uno de los mayores del mundo, con cuatrocientas islas.

Allí es posible observar especies amenazadas como el boto rojo, la suçuarana –un

tipo de puma– y el pez buey, símbolo de la zona.

En el otro extremo, hacia el este y a 268 kilómetros de Manaos, encontramos Maués, una pequeña localidad de apenas 45.000 habitantes conocida como la tierra del guaraná y alejada de los circuitos turísticos tradicionales.

Comprendida entre los ríos Madeira y Amazonas, está región fue llamada Mundurucania por los indios mundurucus que la habitaban. Derrotados tras una férrea resistencia en 1795, su nombre actual significa “Ciudad de los papagayos habladores”.

El guaraná, exportado a medio mundo, es la base de la economía local. Para llegar hasta Maués hay dos opciones: la aérea y la fluvial, en barcos que salen de la capital del Estado todas las tardes para cubrir un trayecto de unas dieciocho horas.

Junto a Maués encontramos el bello pueblo indígena de Satere-Maué, y a unos diez minutos en voadeira (lancha rápida) la isla de Vera Cruz, muy visitada por la población local debido a sus maravillosas y extensas playas de arena blanca.

Pero la naturaleza no es la única expresión notable de esta tierra. Parintins, una pequeña ciudad de 105.000 habitantes acoge a más de medio millón de personas durante su festival Boi Bumbá, un carnaval donde se exaltan todos los sentidos en mitad de la palpitante jungla.

La fiesta enfrenta a dos “comparsas”, la galera roja de Garantido –representada por un buey blanco– y la azul de Caprichoso –cuyo símbolo es otro buey, en este caso negro–.

Durante el último fin de semana de junio la ciudad se parte en dos y las hinchadas se enfrentan en un estadio–el Bumbódromo– para mostrar inmensas fallas articuladas que exaltan la Amazonia.

Cada noche, las comparsas representan la muerte y resurrección del Boi (buey) como

exaltación de los ciclos agrícolas y en honor a una vieja leyenda: un hacendado regaló a su hija un bello ejemplar de buey. Éste quedó a cargo de un esclavo, Pae-Francisco, cuya mujer, embarazada, tuvo el antojo de comer la lengua de ese buey. Temeroso de las consecuencias para su futuro hijo al no satisfacer el capricho de su esposa, Pae-Francisco sacrificó al animal pese a que su patrón le advirtió que cuidara de él a riesgo de su vida. Cuando el hacendado descubrió el engaño, decidió hacer pagar con sangre a Pae-Francisco haberle desobedecido. Pero esa misma noche, San Juan Bautista se apareció en sueños al patrón para rogarle que no ejecutara al esclavo pues había sucumbido a los deseos de su mujer. Agradecido, Pae-Francisco, con la ayuda de su tambor, un sacerdote y un curandero, trató de resucitar al boi.

La rivalidad entre el oeste de Parintins –seguidor del Boi Garantido, el originario– y el este –que apoya al Boi Caprichoso, una escisión disconforme con la forma tradicional de realizar el festejo– es tal que no resulta extraño encontrar parejas que durante los tres días y noches que dura el festival ni se dirigen la palabra por culpa de unos colores cuya fidelidad se arrastra desde la cuna.

Tanto como para que los “caprichosos”–generalmente las clases acomodadas– se nieguen a que los carteles que anuncian la Coca-Cola lleven otro color que no sea el azul.

Afortunadamente, todo el fanatismo desaparece fuera del Bumbódromo y en la ciudad se entremezclan seguidores de uno y otro bando a cualquier hora.

Como en el Mercado Municipal, donde desde las cinco de la mañana se forman colas para desayunar tapioca de tucumá –una fruta naranja que se da en una palmera espinosa típica de la región y cuyo sabor perfumado impregna el aire–,queso cuajado ligeramente ácido y café. El fin de cada noche de fiesta ofrece un regalo aún mayor: el despertar de la selva, de un nuevo día pleno de vida.

 

 

Cómo llegar

La brasileña Tam (Tel.: 900 900 354) vuela a diario hasta la capital de Amazonas con una única escala en São Paulo y salida desde Madrid.

Lufthansa y la portuguesa Tap utilizan la misma ruta con parada previa en Francfurt o Lisboa.

También se puede entrar vía Brasilia con Tap. Iberia dispone de dos vuelos diarios directos a São Paulo desde Madrid y Barcelona –el sábado desde El Prat, sólo uno–. Una vez allí, la compañía Gol vuela al aeropuerto Eduardo Gomes cuatro veces al día.

Tam enlaza las dos capitales brasileñas otras tres veces al día.

Es recomendable vacunarse de la fiebre amarilla diez días antes de viajar.

Horas de viaje

El vuelo entre Madrid/Barcelona y São Paulo dura unas once horas. Sao Paulo y Manaos están a poco más de tres horas de avión.

Tipo de viaje

Ecológico, aventura, cultura, fiesta y pesca.

Mejor época para viajar

Entre abril y junio, cuando el cauce del Amazonas y de sus dos afluentes mayores está rebosante.

En Semana Santa y Pascua los alojamientos están completos, así que es conveniente reservar con antelación. La temperatura media oscila entre los 24 y los 26 oC, aunque puede haber máximas de hasta 38 oC durante la temporada seca. A finales de junio se celebra el Festival de Parintins.

La temporada de pesca va desde septiembre hasta octubre.

Estancia mínima

Una semana.

Moverse por Amazonas

La mejor forma de conocer este Estado es navegar por la inmensidad de sus aguas para poder entrar por los estrechos “furos” e “igarapés”, donde tendrá el privilegio de observar al detalle la flora y fauna, así como las casas de los ribereños y las playas fluviales. Lo ideal es utilizar embarcaciones oficiales con autorización. La precaución es necesaria pues en la época de crecida, en algunos trechos, el Amazonas puede tener un ancho de 50 kilómetros y profundidades de hasta 120 metros.

Se recomienda navegar entre enero y julio, cuando las cortas lluvias de la tarde disminuyen la cantidad de insectos.

La oferta es variada y va desde el lujoso Iberostar Gran Amazon, un enorme barco hotel con 74 cabinas y cruceros de hasta 7 días por el Amazonas, Solimoes y río Negro –salidas, jueves y domingos. Tel.: +55 21 3325 0351, hasta los coquetos barcos de Amazonas Clipper Cruises, que dispone de dos embarcaciones antiguas y confortables que recorren el Amazonas –salida desde Manaos todos los lunes, dos noches– y el río Negro –crucero de tres noches con salida los miércoles y de cinco noches partiendo el lunes– (Tel.: +55 92 3656 1246),

Los lodges y hoteles disponen de embarcaciones para los traslados y recorridos en lancha, así como de guías especializados.

Para moverse por Manaos lo más recomendable es utilizar taxis oficiales. En Parintins hay motocarros y taxis, aunque es una ciudad ideal para caminar.

También se puede alquilar un yate con guía y tripulación para recorridos o fiestas privadas –muy recomendable para el festival Boi Bumbá, ya que podrá atracar en Parintins–. Amazonia Expedition (Tel.: +55 92 3633 8644) y Amazonia Rain Forest, Amazon Nut o Selenetur ofrecen estos servicios.

Alojamiento

Tropical Manaus

Situado en la rivera del río Negro, este completo cinco estrellas está ubicado en un entorno selvático.

Dispone de 594 habitaciones de estilo colonial y de otras 370 en el anexo Tropical Manaus Bussines, de inspiración contemporánea. Todos los cuartos tienen aire acondicionado y las instalaciones del hotel son comunes, tanto su espléndida piscina de olas como los bares y restaurantes, desde los cafés Tucano y Brazil hasta el grill Karu o el bar Flutuante. Todo

ello aderezado por la sobria y elegante decoración de las salas de este ecoresort con aire de hacienda.

Entre otras actividades, tiene un zoo con 22 especies animales –entre ellas jaguares y monos araña– a un paso de las habitaciones y ofrece desde pesca deportiva hasta recorridos en lancha recreativos o especializados en la contemplación de aves.

También se organizan circuitos de aventura por la selva que circunda el hotel y por su magnífico orquidiario. Si lo prefiere, puede practicar el tiro con arco, jugar al tenis en una de sus múltiples canchas y hasta escalar árboles. Las playas de Punta Negra y los bares nocturnos que la circundan están, además, a un paseo. Con embarcadero propio, puede conectar por

lancha con los lodges más alejados de la capital.

Tel.: +55 92 3659 5000

Ariaú Amazon Towers

Suspendido en el agua, a quince minutos en helicóptero y a casi dos horas en lancha desde Manaos, el Airaú le sitúa en plena selva, donde ya no se divisan ni las luces de la capital, en pleno corazón del río Negro. Discreto, sin lujos y con 310 habitaciones con baño, su ubicación permite aventurarse hacia las más de tres mil islas del archipiélago de Anavilhanas.

Es el único ecolodge de la región construido a la altura de las copas de los árboles. Ha servido de base de operaciones para rodajes de películas como “Anaconda” o de realities selváticos y, además de toda la gama de actividades de aventura, ofrece carros eléctricos para circular por las pasarelas que se adentran en la selva.

La visita a la villa de São Tome es muy interesante, pues allí podrá conocer una genuina comunidad cabocla (ribereños), cuyas principales actividades son la pesca, la recolección de caucho y la plantación de mandioca.

Tel.: +55 92 2121 5075

 

Amazon Ecopark

Sobre la margen del río Tarumá, un afluente del río Negro, este agradable lodge con todas las comodidades

está a tan sólo 5 kilómetros de Manaos–apenas 30 minutos de traslado en lancha–. Es ideal para hacer una primera incursión en la selva o para pasar los últimos días en un ambiente relajado y confortable.

Sus sesenta cuartos dispuestos en cabañas, tienen aire acondicionado, baño y terraza. Además, dispone de un excelente restaurante con comida local –a destacar el pescado recién capturado– que permite contemplar una playa privada donde podrá sumergirse en las oscuras aguas tintas sin problema alguno, a pesar de que abundan las pirañas y los yacarés, afortunadamente entretenidos en otros asuntos que permiten un baño seguro.

Tel.: +55 92 3622 1950

Tiwa Amazone Ecoresort

Justo enfrente de Manaos, en el lago Ponta Negra, se halla este bello hotel con 62 habitaciones perfectamente

equipadas y distribuidas en cabañas que rodean una laguna natural donde abundan pequeños yacarés y tortugas.

El trayecto es de media hora desde el muelle del hotel Tropical, lo que lo convierte en un resort ideal para pasar los últimos días en Amazonas.

La piscina, pegada al río, está permanentemente abierta. La pesca de pirañas es la actividad más recomendable en esa zona ya que hay grandes bancos muy cerca del resort.

Tel.: +55 92 9995 7892

Restaurantes

La cultura culinaria amazónica destaca por sus colores vibrantes, aromas puros, sabores intensos y sus texturas inusitadas pero, sobre todo, transmite en cada bocado buena parte de la cultura indígena surgida en esas selvas milenios atrás.

La base de la gastronomía local es la mandioca. Con ella los indígenas elaboran una especie de bizcocho o hacen una harina gruesa utilizada en todos los platos. La masa elaborada a partir de la raíz de este arbusto, cuyo jugo es potencialmente tóxico –siempre que no se manipule con destreza–, sirve incluso para elaborar la tiquira, un tipo de aguardiente.

Otro de los ingredientes básicos es el pescado, abundante pese a la desmedida sobrepesca. Fritos, en escabeche, cocidos en “caldeiradas” –guiso de pescado y frutos de mar– o en “moquecas” –un cocido de pescado aderezado con aceite de palma, tomate, cebolla, cilantro, limón, leche de coco y condimentos–. El arroz blanco, la salsa de tucupi –caldo de mandioca rallada con pimienta– y la harina de mandioca acompañan a casi todos los platos. La comida, potente y especiada,se completa con los jugos de frutas regionales: cupuaçu, graviola, guaraná y açaí.

Este último, de color granate y con mucho hielo, es un excelente complejo multivitamínico repleto de hierro.

Peixaria Morongueta

Morongueta significa en lengua indígena “hablar de cosas buenas”. Quizá por ello, el patrón de este encantador restaurante, João Prestes, dedica un especial cuidado a la materia prima fundamental: la múltiple variedad de pescado recién capturado que se da en los cauces del Amazonas.

Todas las variantes para cocinar el pirarucú, el tambaqui o el tucunaré se dan aquí, desde la sobria parrilla hasta la compleja “caldeirada”, donde previamente se ha macerado el pescado en salsa de vinha-d’alhos –adobo de vinagre o vino, ajos y laurel–.

Su terraza tiene vistas al encuentro entre las aguas, una de las maravillas de Amazonas. Abierto todos los días, de  once de la mañana a once de la noche.

Rua Jaith Chaves, 31

Vila da Felicidade. Manaos

Tel.: +55 92 3615 3362

 

Açaí & Cia

Terraza con excelente servicio, rápido y atento, con una carta interminable en la que destacan los platos regionales con un toques contemporáneos. A pescados como la dorada, el tambaqui o el pirarucú se unen unos excelentes asados acompañados de abundante arroz y farofa (harina de mandioca).

La carne de búfalo está deliciosa. El bufé libre viene a costar unos diez euros. Los días festivos y los sábados hay música en vivo y actuaciones.

Rua Acre, 98

Vieiralves. Manaos

Tel.: +55 92 3584 0188

 

Flutuante da Soraya

El caldo de bodó –pescado amazónico a la brasa– con Tucupí –salsa de mojo amarillenta a base de raíz salvaje de mandioca– es su plato estrella.

Sin pretensión alguna, sus precios son un regalo para la contundente oferta de platos regionales que sirve.

Es una de las contadas opciones en Parintins.

Rua Agostinho Cunha, 2052

Parintins  tel.: +55 92 3533 6414

INELUDIBLES

Teatro Amazonas

La construcción de uno de los teatros más bellos del mundo arrancó en 1882 –en pleno auge de la industria del caucho–, pero no fue inaugurado hasta el 31 de diciembre de 1896. En el más relevante monumento de Manaos, donde se condensa toda la pompa que alcanzó el llamado París de América,se conjugan elementos neoclásicos con otros estilos, conformando un espacio ecléctico en el que destaca su cúpula, compuesta por 36.000 baldosas de cerámica traídas de Alsacia que representan la bandera brasileña.

Casi todo el material, incluido el de su fastuosa Sala Noble fue importado de Europa, e incluso las madera brasileñas fueron tratadas en el Viejo Continente. Abre de lunes a sábados de 9 a21 horas, y los domingos de 16 a 21 horas.

Centro 69.025. Manaos

Tel.: +55 92 3622 1880

 

Encuentro de las aguas

Este curioso espectáculo se da a tan sólo 10 km de Manaos, donde se unen las aguas del río Negro y del Solimoes. Mientras este último presenta aguas barrosas y ricas en nutrientes, el Negro se caracteriza por sus aguas negras y ácidas.

Durante 6 km sus aguas no se mezclan y corren parejas por su diferencia de temperatura y velocidad.

 

Festival Boi Bumbá

En la margen derecha del Amazonas, en la isla de Tupinambarana, se celebra la mayor fiesta folclórica del Estado. La pequeña localidad de Parintins, que recibe su nombre de los indios originarios, se parte en dos el último fin de semana de junio entre los partidarios del Boi Caprichoso –el de las élites– y los del Garantido –el buey del pueblo–.

Se puede llegar por avión –martes, jueves y viernes desde Manaos, 45 minutos– o por barco –26 horas desde la capital regional–.

Esta última es la mejor manera de contemplar el frenético movimiento de embarcaciones

que entran y salen de Parintins.

Coordinadora de Turismo Parintins

Rua Jonatas Pedrosa, 247